VIVE SIN CULPA

¿Dónde hay otro Dios como tú, que perdona la culpa del remanente y pasa por alto los pecados de su preciado pueblo? No seguirás enojado con tu pueblo para siempre, porque tú te deleitas en mostrar tu amor inagotable. Volverás a tener compasión de nosotros.  ¡Aplastarás nuestros pecados bajo tus pies y los arrojarás a las profundidades del océano! Miqueas 7:18-19

Me encanta cómo comienza este versículo: ¿Dónde hay otro Dios como tú? Y es que, realmente, no hay nadie que pueda compararse con Él, nadie se le iguala, solo él es compasivo, amoroso, bondadoso, solo Él tiene el poder y la autoridad de perdonar nuestros errores una y otra vez, nos restaura, nos da una nueva oportunidad y nos libera de la culpa. Porque El contrario a nosotros, no está pendiente de recordarnos nuestros errores, sino que se deleita en mostrarnos su amor inagotable.

El tema de hoy es precisamente la culpa, una de las cargas más pesadas que podemos llevar en la vida… El sentir de que hemos fallado, que hemos tomado una decisión equivocada, que hemos defraudado a Dios o a otras personas, es doloroso y a veces, aun después de haber pedido perdón, seguimos castigándonos por lo que hicimos.

Por fortuna, podemos acceder a la presencia de Dios sin restricciones y recibir su gracia que nos liberta de toda culpa y la aplasta bajo sus pies como lo dice en este verso de Miqueas.

Su gracia es más grande que nuestros errores, y su perdón nos abre el camino hacia la restauración, al respecto Romanos 8:1 nos recuerda: «Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús».

Hoy más que nunca necesitamos recordar esta promesa NO HAY CONDENACIÓN para quienes hemos aceptado a Jesucristo y somos libres por su sacrificio en la cruz. Vivimos en un mundo donde todos nos creemos jueces, señalando y opinando sobre los demás. Esos juicios solo terminan dañando nuestro propio corazón y el de las personas que condenamos.

Y aunque la psicología define la culpa como una alarma interna que nos avisa cuando fallamos y nos impulsa a reparar el daño, la realidad es que muchas veces nos destruye, nos paraliza, nos roba la paz y nos hace creer que no merecemos una segunda oportunidad… cargar permanentemente con ese peso, no nos ayuda a sanar, solo nos deja estancados en el error.

Por otra parte, es importante identificar cuándo los demás usan la culpa para manipularnos, controlar nuestras acciones o lograr que hagamos lo que quieren. Espiritualmente, esto tiene una raíz clara, la Biblia dice en Apocalipsis 12:10 que satanás es el acusador que nos señala día y noche ante Dios. Su meta es hacernos sentir indignos, y muchas veces usa a otras personas (o a nuestra propia mente) para lograrlo.

Lo podemos evidenciar cuando alguien comete un error, pero le da la vuelta a la situación para culparnos a nosotros; o cuando nos sacan en cara un favor para obligarnos a ceder; también sucede cuando se victimizan para hacernos sentir malas personas solo por el hecho de poner límites.

Muchas veces me he encontrado en esa situación, sintiéndome mal por lo que dije, pensé o hice, al punto de llegar a concluir que era una mala persona… Pero Dios habló directamente a mi corazón con este mensaje, me hizo entender que solo Él es el juez justo, y que, en lugar de juzgarme, me recibe con los brazos abiertos, Él me confronta con mi error, sí, pero luego me perdona, me sana y me impulsa a ser una mejor versión de mí misma, entonces, ¿por qué voy a permitir que mi mente juegue conmigo o que otros me encierren en la jaula de la culpa? Si Dios ya me dio la libertad para vivir sin temor, sin remordimientos y en completa paz.

En todo caso, siempre habrá una razón para sentirnos culpables por algo, pero esta palabra nos recuerda que Dios toma nuestros pecados, los aplasta bajo sus pies y los arroja a las profundidades del mar. ¡Qué manera tan hermosa de describir su misericordia!

No dejemos que nadie, ni nuestra propia mente, nos convenza de que seguimos en deuda por habernos equivocado, si hay que aprender algo o reparar un daño, debemos hacerlo desde la humildad, asumiendo la responsabilidad y seguir adelante.

La culpa prolongada nos roba mucho más que la tranquilidad, nos lleva a quedarnos en lugares donde no deberíamos estar, a sostener relaciones dañinas, a rechazar oportunidades y a aplazar decisiones importantes por miedo a decepcionar a los demás.

A partir de hoy, debemos caminar en completa libertad, con la certeza de que no le debemos nada a nadie. Porque ¿Qué sentido tiene recibir la libertad que Cristo nos dio si seguimos viviendo como prisioneros de nuestros errores, de las opiniones ajenas o de deudas emocionales que otros nos imponen?

Filipenses 3:13-14 nos recuerda la importancia de olvidar el pasado y avanzar hacia lo que está adelante. Hoy es un nuevo comienzo y en Dios siempre tenemos la posibilidad de una nueva vida, pero para vivirla, debemos preguntarnos: ¿Hay algo que debamos dejar atrás? ¿Alguna culpa que soltar? ¿Alguna cuenta por saldar? Ciertamente, no podemos avanzar con ese peso.

Hoy es el día de abrazar la libertad absoluta que Cristo ya nos entregó, sabiendo que su sacrificio en la cruz canceló todas nuestras deudas, por ello, no podemos avanzar hacia el propósito que tenemos por delante si insistimos en cargar con el lastre del ayer; es momento de soltar y caminar en la paz de saber que somos completamente libres.

 

Vicky Pinedo 

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