VOTAR CON INTELIGENCIA EMOCIONAL

Finalmente, hoy domingo 29 de mayo nos llegó el momento esperado por los colombianos para ejercer nuestro derecho, y a la vez nuestro deber, de votar para elegir nuestro próximo presidente y su fórmula vicepresidencial para el periodo constitucional 2022 – 2026. Es un momento único e impostergable, en el que tendremos la inexcusable oportunidad de contribuir a definir el rumbo político, económico y social de nuestra amada patria. Es el momento de la verdad de nuestra democracia, que, aunque imperfecta es nuestro más grande e inalienable patrimonio colectivo que tenemos como sociedad organizada y civilizada, el cual debemos proteger y preservar.

En estas instancias finales de las intensas y entusiastas campañas realizadas por los candidatos -con todas sus fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades-, para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, es baja la probabilidad de que muchos electores, especialmente los más aferrados y guiados por una inexplicable y terca pasión, cambien su decisión sobre por quién votarán, pero algunos podrían hacerlo aún, concomitante con que muchos indecisos podrían finalmente decidir el candidato de sus preferencias y en un acto libre y espontaneo depositen su voto por él. El escenario ideal para nuestra democracia es que la inmensa mayoría de los colombianos depositemos hoy nuestro voto en las urnas.

Algunos expertos de la ciencia de la psicología -que estudia los procesos mentales, las sensaciones, las percepciones y el comportamiento del ser humano en relación con el medio ambiente físico y social que lo rodea-, nos han enseñado, y muchos lo hemos vivido o experimentado así, que la razón y la pasión constituyen dos polos fundamentales de nuestra naturaleza humana. Con frecuencia nuestras pasiones nos llevan a sobrevalorar las ideas más allá de lo que nos indican el sentido común y nuestro razonamiento. La teoría de la psicología nos indica que las emociones no son determinantes, pero si pueden ser muy decisivas, pues son intrínsecas al ser humano y van inmersas en sus juicios y deliberaciones en la vida. No se trata de negarlas, sino de identificarlas y aprender a canalizarlas para nuestro propio bien y el bienestar colectivo. Aun así, convirtiéndose

Es aquí donde surge la importancia de realizar un ejercicio juicioso de inteligencia emocional, que nos permita asegurarnos que estaremos tomando la decisión correcta antes de depositar nuestro voto en las urnas. La inteligencia emocional (IE) es nuestra capacidad de conocer, comprender, utilizar y controlar nuestras emociones, convirtiéndose en una herramienta clave para influir en resultados exitosos de nuestros actos. Como resultado de sus investigaciones, Daniel Goleman ha planteado en sus escritos que la diferencia entre un comportamiento con resultados exitosos, versus uno con fracasos, radica en la inteligencia emocional; es decir, en el autoconocimiento, en la forma como manejamos el autocontrol, la empatía, el entusiasmo y la capacidad de automotivarnos.

Los candidatos populistas están muy bien asesorados por expertos en el manejo de las expectativas y el comportamiento humano, y elaboran cuidadosamente el contenido de sus discursos con base en lo que la gente quiere oir, con promesas incumplibles, solo con el propósito de atraer votantes. Todos queremos acabar con la corrupcion y por eso algunos candidatos prometen que lo van a hacer, aunque algunos no digan como lo harán, y otro se rodea de políticos con reconocidos entecedentes de corrupcion.

Es el momento de conocer, analizar, evaluar y decidir en forma consciente y responsable por cual opción depositar nuestro voto, pensando en la estabilidad y el bienestar nuestras familias y de la sociedad colombiana en el futuro. Es el momento de reflexionar seriamente para tomar decisiones que nos permitan contribuir a construir el país que queremos, sin asumir el enorme riesgo que representa un salto al vacío o un cambio traumático, y evitar que los colombianos tengamos que enfrentar una enorme frustración colectiva por el incumplimiento de promesas que desde ya se visualizan como inviables.

Un voto con inteligencia emocional nos debe llevar a depositar nuestro voto por propuestas que no representen una amenaza para la estabilidad del aparato productivo, sin afectar la continuidad del desarrollo económico y la creación de oportunidades de empleo e ingresos para la mayoría de los colombianos. Vayamos con entusiasmo a las urnas hoy a depositar nuestro voto sin odios, ni resentimientos y con amor por nuestro gran país.

Álvaro López Peralta

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