VUELA MARIPOSA, QUE YA NO ERES GUSANO.

Ana, no sabe recibir amor, ni darlo; cree que nadie puede amar a alguien que sus padres no aman. “Mi papá se avergüenza de mi, mi mamá me desprecia… no se porqué mi mamá siempre ha preferido a mis hermanos, en especial a mi otra hermana, siempre me quitaba a mi para darle a ella, aún grande, cuando me separé me fui con la niña para su casa y a los días me echó porque su hija regresaba y necesitaba el cuarto para ella.  Desde pequeña me entregó a mi papá, mi madrastra le ponía quejas mías, para que me regañara, mi media hermana me humillaba.  Mi papá, me ha negado, me ha presentado como su sobrina y a mis hermanos como sus hijos, en mis narices, yo no aparezco en las fotos de sus redes sociales, solo sus otros hijos” En Ana encontré un vacío cómo el seol, que jamás se llena. Muchas veces pensó en quitarse la vida.

“Yo no quiero ser mujer, odio ser lo que soy, si no fuera mujer no hubiese vivido todo lo que me ha tocado vivir” me dijo Flor sentada en el bordillo del jardín de mi casa.    Me contó que no era la primera vez que intentaba quitarse la vida.

“Cuando estaba pequeña y me empecé a formar me aplastaba los senos con cinta pegante para que no se me notaran, y el cabello recogido lo metía dentro de la blusa del uniforme, me comportaba como macho, peleaba con los varones, defendía a mis hermanos, para que los hombres no spor dirección divin.  Por dirección divina   entendí que era un caso de abuso.  Su papá, cada vez que llegaba borracho, maltrataba a su mamá, luego iba por ella, “me halaba por el pelo y me sacaba de debajo de la cama, dónde me escondía para evitar su maltrato físico, psicológico y abuso sexual”.  Creció odiándose, creyendo que ser mujer es lo peor que puede pasarle a alguien. Sin valía personal entregaba su cuerpo a la promiscuidad, siempre con alguien con quién no habría futuro.

Victoria, nació hembra y esperaban varón, al poco tiempo nació el varón, la diferencia se notaba demasiado, ella era transparente, cómo si no existiera, pero él era el encanto de papá. Ella viste como hombre, tiene actitudes de hombre, lo se confiesa heterosexual, tiene una hija de un hogar que no floreció, es tímida, tiene miedo y rencor por montón, problemas de alcohol y otros que no confiesa pero que Dios me muestra. Ella no se ama, y nadie la ama, ella no debió nacer y no encuentra lugar en el mundo. Si no tiene dinero no vale porque todo el tiempo está comprando el cariño de los que ya la quieren, pero que ella no lo cree: su mamá, su hija, su familia.   Lo más doloroso es que está trancada por dentro y por fuera y aunque anhela un cambio en su vida, ya se acostumbro tanto al dolor que no sabe vivir de otra manera. “No creo justo que yo tenga que perdonar a mi papá, cuando el no me ha pedido perdón, y es que, aunque me lo pidiera no se lo merece, el no se cree mi padre, jamás he tenido una mirada de cariño, jamás me cargó, nunca me senté en sus piernas, no tuve un héroe, mucho menos un príncipe de quién enamorarme, a mi sobrina le ha dado todo lo que debía darme a mi que soy su hija”

A Violeta la separaron de su bebé de seis meses, teniendo ella 16, se quedó viviendo en la capital solo con el propósito de ver crecer a su hija, así y sea de lejos. Un día robó la niña, se vino a su tierra, pero aquí se la vinieron a quitar, y esta vez le prohibieron verla.  Perdió el sentido de la vida. No siguió estudiando, empezó a vender su cuerpo, cayó en las drogas y la prostitución, rescatada de la calle por su familia una y otra vez.  intentó suicidarse varias veces.  Se siente culpable de vivir. Anhela una oportunidad de vida, pero se siente débil, tiene toda clase de miedos y su mente está confundida. “como quisiera poder cambiar cada una de mis decisiones del pasado, pero solo puedo llorar y perdonar. A todos los que me han dañado” Trabajamos en hacerla fuerte y en qué desarrolle una relación de amor y no de miedo con Dios.

Ana, Flor, Victoria, Violeta son solo algunas de la infinidad de mujeres abusadas, traicionadas, devaluadas, destruidas, arruinadas, llenas de rencor, dañadas de diferentes formas que nos llegan.  Seleccioné casos de orfandad, con padres vivos, uno de los asuntos que más desvalía causa en los seres humanos en general y muy especial en las mujeres.

Cada caso es diferente y se trata diferente pero el diagnóstico espiritual es el mismo Rechazo: persona que se rechaza a si misma, al grado de provocar lo mismo en los demás, hasta lograr quedarse sola y demostrarse a sí misma que nadie la ama. No encuentran lugar en la vida, no pertenecen a nada, ni a nadie, no tienen identidad propia, les cuesta recibir amor y en consecuencia darlo, son apasionadas, controladoras, insaciables, hacen mucho, logran mucho, pero nada las sacia. Llevarlas a que lo superen o que al menos entiendan de que se trata y lo gestionen, es nuestro trabajo.  Y no se logra sino con oración y ayuno para quebrantar la orfandad y el rechazo. Trabajando fuerte en la identidad de hijas, en la pertenencia a una familia, en habilitar la capacidad de amar y dejarse amar que está cercenada en la mayoría de los casos desde el vientre, al nacer o en la primera infancia. Otros incluso en el transcurso de la vida. Huérfanos con padres vivos.

Sanar es posible, pero requiere total compromiso y entrega, el tiempo lo define el interés del afectado, es cuestión de lograr la conexión con su verdad, a pesar de la realidad que vive. Nos basamos en verdades eternas

  1. Pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Los psicólogos ayudan, Dios sana, por eso los sellamos con el Espíritu Santo para que nos guíe a esta verdad: Dios es nuestro padre. Necesitamos una alta dosis de paternidad, hasta derrotar la orfandad; es fundamental saber que, aunque nos traen a la vida nuestros padres humanos, a quienes honramos, aunque fallen. Somos hijos de un Padre que no falla, en el encontramos pertenecía, propósito y destino. Desde aquí partimos para hacer enormes depósitos perdurables de amor propio y para los demás. La Paternidad es una de las características más sanadoras de Dios, conectar el corazón de los hijos al corazón del Padre es la clave para romper con la orfandad
  2. Luego otra dosis exagerada de esta verdad: Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo; para restaurar o implantar en caso de nunca haberla tenido:  confianza en si mismas, valía personal, estima adecuada, saber que somos la obra maestra del que nos creó, nos pone en otra perspectiva, mirar el cielo, las constelaciones, el mar y todo el mundo marino, la naturaleza, con su flora y fauna; saber que todos juntos no son más preciosos que nosotros, es otro nivel. Amarnos, ser considerados con nosotros mismos, cuidarnos, es el nivel de consciencia que nos permite relacionarnos de manera adecuada con los demás; conectar con nosotros como la obra perfecta de un creador que todo lo hizo bueno, es la clave para erradicar el rechazo, el mal más terrible que un ser humano pueda vivir.

Ana, vuela tan bonito que muchos quieren volar como ella, ha avanzado trabajando en sus miedos, aceptándose a si misma sin necesitar la aprobación de otros; haciendo a un lado el control cada vez más, solidificando su hogar, perdonando a sus progenitores, entablando una relación real con El Padre, como hija.

Flor trabajó muy duro y creyó, se sintió orgullosa y feliz de ser mujer, se casó, tiene dos hijos, aún en permanente observación de sí misma, pero volando bonito y hermoseando en su entorno. Aprendió a ser tan fuerte que ahora trabaja en suavizar. Lo hace con quién quiere.

Victoria: está en la crisálida asoma de a poquito las alas y las vuelve a a esconder, el miedo no la deja romper del todo la crisálida, sigo esperando que se determine a salir, que le quite el seguro al corazón y se arriesgue a soltar el control, que pierda el miedo a desmoronarse si ama, que crea en el poder restaurador del perdón y se quite la dura concha de encima.  Ahora está mejor conectada con su hija y el resto de su familia que no es su papá, con quién ha hecho algunos gestos de paz, pero no soporta su indiferencia.  Tengo fe que pronto lo hará.

Violeta: acabamos de empezar, tiene tanta hambre de Dios, tantas ganas de ser libre, que ya la veo volando a mi lado, hermoseando el entorno de la prostitución y las drogas, llevando la palabra de verdad y vida doy la gloria a Dios, porque es El quien lo hace. Las tomas, las abraza y las restaura. Es un proceso maravilloso, tomamos el gusano, lo metemos en la Crisálida y dejamos que el poder y la fuerza del amor lo convierta en una hermosa mariposa, que aprende a romper por sí misma el capullo, despliega sus alas y empieza a volar, a hermosear el ambiente, a ser deseada y amada.

¡Entonces es cuando les digo Vuela Mariposa que ya no eres gusano!! Soy Flor, soy Ana, soy Victoria, soy Violeta. Soy cada mujer que clama por libertad.

Noralma Peralta Mendoza

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