Estamos en plena temporada electoral y, como diría mi abuelo, “esto ya no es como antes”. Y tiene razón. Las campañas para el Congreso han tomado un giro curioso, por no decir pintoresco. Hoy vemos candidatos de izquierda en partidos de derecha, de derecha en movimientos alternativos, y otros que uno no sabe si están, si van o si ya se bajaron del bus.
Sí, hay confusión, convicciones ideológicas, pocas, cálculos, muchos. Hay quienes hacen campaña desde la nube, sumando “votos” que solo existen en sus sueños o en bases de datos infladas que nadie ha auditado. Pero también están los que, tras ver que la cosa no prendió, decidieron renunciar, ¿Cobardía? ¿Realismo? ¿Negocio? quién sabe, lo cierto es que bajarse de la contienda a menos de mitad de camino dice más de la candidatura que afiches, vallas, gorras….
Y mientras tanto, en las calles, la verdadera batalla. Porque, aunque el LIKE ayuda, aunque un video editado y viral puede empujar, el voto sigue estando en la calle, en la plaza, en la vereda, en la esquina de barrio. El pueblo sigue esperando que le hablen directo, sin tanto filtro ni maquillaje digital.
Hay campañas de todos los sabores: algunas con multitudes y caravanas, otras con música, alegría y baile, otras más sobrias, serias, técnicas, con mensaje claro. Y también están las que no se notan, pero avanzan, porque no todo el que hace bulla gana. A veces el que trabaja en silencio sorprende en la urna.
Eso sí, esta política ha mostrado una cara menos amable: la de los ataques disfrazados de “pauta digital”. Portales pagados para levantar a unos y hundir a otros. Fake news bien vestidas, memes con veneno y titulares con intención. No es ético, pero pasa, el mundo digital se ha convertido en herramienta de estrategia. Triste, pero real.
Como decía un viejo zorro político: “la política es cambiante, dinámica y variable”. Hoy estás arriba, mañana te destruyen en un grupo de WhatsApp. Por eso, más vale no confiarse. El horno está prendido, y si uno se duerme, se le quema el pan en la puerta del horno. El 8 de marzo, día de elecciones, no perdona confiados.
Desde la óptica del elector, también se nota el hastío, la gente no quiere más promesas vacías, ni candidatos que aparecen de cuando en cuando, el pueblo quiere propuestas reales que dignifiquen a los estudiantes, las vías y sobre todo a la mujer, con cercanía, coherencia, y, sobre todo, trabajo. No es solo estar en redes; es estar en el territorio. Caminar, saludar, escuchar, responder, que se note el compromiso.
Y ojo, candidatos: guarden platica para la recta final. Atiendan a sus líderes, escuchen a sus equipos, sostengan el ritmo, que el que no aguanta hasta el final, se queda sin premio, y ya sabemos cómo es esto: al final, gana quien sabe jugar las cartas con astucia, sin subestimar ni al rival ni al elector.
Así que, a seguir en la jugada, porque esto no se acaba hasta que se cuenten los votos. ¡Nos vemos en las urnas!
Fabio Torres “El Rector”


“El tsunami cognitivo de información arrastra el propio sistema cognitivo en su agitación. Las informaciones no son unidades estables. Carecen de la firmeza del ser. La revolución industrial reforzó y expandió la esfera de las cosas. La digitalización acaba con el paradigma de estas cosas. Supedita estas a la información. Nos acostumbramos como cazadores de información y estímulos a las sorpresas. No vivimos en un reino de violencia, sino en un reino de información que se hace pasar por libertad. Hoy el mundo se vacía de cosas y se llena de información. La digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo. En la distopia de Ogawa”
Tecnología
La élite mundial advierte: “Mitigar el riesgo de extinción por la IA debería ser una prioridad mundial, junto con las pandemias y la guerra nuclear”
En un comunicado, los grandes nombres del sector tecnológico ponen en el foco los riesgos de la inteligencia artificial.
Considero necesario que en los debates legislativos de gran impacto social, especialmente en temas de salud, participen pares académicos de universidades públicas y privadas. La presencia de expertos independientes garantizaría mayor rigor técnico y transparencia en la toma de decisiones.
La ciudadanía merece que las leyes se construyan con base en evidencia científica y con vigilancia académica, pues de ello dependen vidas y bienestar. Incluir especialistas en estos procesos no es un lujo, sino una responsabilidad ética y democrática.
Necesitamos mayor control del como se ejecutan las tomas de decisiones legislativas porque ya los del “común” no les comemos cuento.