No hay espacio para dudas: si el objetivo es derrotar a Iván Cepeda en segunda vuelta, la única opción real es Paloma Valencia. No es una consigna, es lo que muestran las encuestas y la lógica electoral. En un escenario donde Cepeda supera el 40 %, la verdadera discusión no es quién pasa, sino quién puede ganarle. Y ahí, Paloma es la única que lo enfrenta de verdad.
Los números son claros. Cepeda lidera la primera vuelta con cifras entre el 37 % y el 44 %, mientras Valencia ha crecido de forma sostenida hasta ubicarse entre el 19 % y el 22 %. No es un salto aislado, es una tendencia que la consolida como la principal alternativa competitiva.
Pero la clave está en la segunda vuelta. Allí, distintas mediciones muestran empates técnicos e incluso escenarios favorables para Paloma. Es decir, no solo llega, compite con opciones reales de ganar.
Ese diferencial tiene una explicación. Mientras otros candidatos dividen o generan rechazo, Paloma suma. Representa una derecha institucional, firme, pero sin estridencias, capaz de atraer votantes de centro e independientes.
También hay un factor que pesa, el liderazgo femenino. En un país donde las mujeres han ganado espacio en la política, Paloma representa carácter, preparación y coherencia. No desde el símbolo, sino desde la capacidad real de gobernar.
Ese crecimiento ya se siente en las regiones. En Antioquia hay un respaldo sólido. En Bogotá, su campaña se fortalece con Juan Daniel Oviedo, que conecta con el votante urbano. Y en los Santanderes empieza a abrirse un espacio clave.
El reto está en la Costa Caribe, donde debe consolidarse. Porque las elecciones no se ganan solo con bastiones, sino construyendo mayorías en todo el país. Y ahí, Paloma todavía tiene margen para crecer.
A esto se suma el tema más urgente: la seguridad. Colombia vive un deterioro evidente, especialmente en el Cauca, donde el control de grupos armados y los ataques han vuelto a sembrar miedo.
Frente a eso, Paloma ha sido clara. No evade el problema. Ha hablado de terrorismo sin ambigüedades y ha insistido en recuperar el control del Estado. Su propuesta es autoridad con institucionalidad.
Mano dura, sí. Pero dentro de la ley.
Ese contraste también quedó en evidencia en el reciente debate televisado en RCN Televisión. Mientras algunos candidatos leían respuestas o confundían firmeza con gritar más duro, Paloma demostró algo distinto: conocimiento, experiencia y claridad.
Respondió con cifras, contexto y propuestas concretas, especialmente en temas de infraestructura, seguridad y economía. No improvisó, no sobreactuó, mostró nivel. Y en política, el nivel importa.
Por eso esta elección no es solo ideológica, es estratégica. No se trata de quién representa mejor un sector, sino de quién puede derrotar a Cepeda en segunda vuelta.
Hay candidaturas con mucho ruido, pero poco margen de crecimiento. Paloma, en cambio, puede sumar, ampliar y consolidar una mayoría.
Representa la política seria, la institucional, la de siempre. La que puede unir al país en un momento complejo.
Las encuestas lo muestran. La tendencia lo confirma.
Es Paloma.
Víctor Mendoza Zárate

