El legendario escritor norteamericano Ernest Hemingway, en su crónica de no ficción escrita en 1959, VERANO SANGRIENTO, con suma maestría y profunda vivencia, relataba paso a paso el duelo personal y competitivo en cada tarde, de dos toreros de época: Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín, quienes copaban toda la atención mediática de España y Occidente en aquel año intenso y especialmente caluroso, como la sangre derramada por las cornadas de los toros, como bien lo describía Hemingway; y también, como una proyección de sus ocultas pasiones; de sus temores y de la inminente cercanía de su propia muerte, lo que consideraba como un inapelable final de una lucha valerosa y honrosa.
En esta primavera de 2026, cuando ya la temporada taurina española se cuece con la Feria de Abril de Sevilla, la sangre derramada ha hecho prematura presencia sobre el albero de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería. A pesar de que en Madrid también hubo percances, el impacto suscitado por los toreros caídos heridos en Sevilla, tiene una especial connotación entre todos los aficionados y empresarios taurinos del mundo: las dos indiscutibles figuras del toreo, sobre quienes reposa el peso de la temporada, las taquillas, la televisión, los carteles y las ferias; tanto en Europa como en América, como lo son JOSÉ ANTONIO MORANTE DE LA PUEBLA y ANDRÉS ROCA REY, español el primero y peruano el segundo, han rendido tributo con su sangre, el pasado 20 y 23 de abril, respectivamente, en unos hechos algo inusuales e inesperados.
Ello, refuerza lo que encierra este arte: aquí todo es verdad; aquí, el matador de toros se viste de luces para enfrentar la muerte, la herida, la voltereta o la gloria; la tauromaquia es entrega, transparencia y verdad cruda; sin trucos, ni mentirillas. En el ruedo la sangre derramada por los toreros es real y no obedece a un guión de obra teatral con disfraces o tintes carmesí. A veces, creo entender a cierta generación “woke” que no resiste enfrentarse a verdades irrefutables como la fragilidad limítrofe entre la vida y la muerte, de allí su irracional condena e invisibilidad hacia la tauromaquia.
Muchos colombianos entusiastas de todas las regiones asistieron a las corridas de la Feria de Abril, logrando adquirir boletos de última hora, algunos revendidos y costosísimos, debido a que en casi todas las tardes se colgaba el cartel de “No hay billetes para hoy”.
Y, precisamente, dentro de ese marco de “farolillos”, alegrías, fandanguillos y tardes de toros, conocimos una noticia esperanzadora, valerosa y comprometida, de manos de CESAR RINCÓN RAMÍREZ, el torero colombiano, quizás, de mayor importancia histórica y recordación en España, hasta hoy.
En un importante programa de televisión, Cesar Rincón ponderaba las corridas de toros que en España y Francia se dan con motivos históricos especiales, recreando el contexto en que sucedieron los hechos o resaltando las bondades que ofrece la tierra y la región en que se celebran tales festejos. Ello, genera identidad y pedagogía; ello, contribuye a la cultura nacional o regional y reivindica los valores, las gestas, los sacrificios y aportes de aquellos antepasados que construyeron patria y civilidad.
Se refería el maestro, someramente, a las llamadas corridas goyescas, corrida picassiana o corrida magallánica, bajo la escenografía temporal y memoria artística de FRANCISCO DE GOYA, PABLO PICASSO O FERNANDO DE MAGALLANES, para solo poner estos ejemplos más visibles, en ciudades como Madrid, Ronda, Málaga, Sanlúcar de Barrameda; Nimes o Arles.
Para muestra, la corrida goyesca de ayer sábado en Las Ventas, como preámbulo de la feria de San Isidro 2026.
Cabe anotar aquí, que el maestro César Rincón, luego de su regreso a los ruedos el pasado 12 de octubre en Las Ventas de Madrid, en aquel apoteósico festival de cierre de temporada 2025, a sus 60 años de edad, cuándo el promedio de toreros tendría unos 15 años de retiro, el diestro colombiano sigue intacto con su temple, con su sitio largo, su valor desmedido y el cañón del estoque, que hizo poner de pie y de acuerdo, a toda la plaza aquel día inolvidable. Esto nos indica, la excelente forma física y emocional del torero, aunque su regreso, de darse, no sería un regreso competitivo, pero sí muy simbólico y ejemplar para reverdecer la tauromaquia en Colombia, dónde nunca debió dejarse marchitar.
César Rincón plantea la Corrida Precolombina, un festejo con ribetes artísticos, estéticos y visuales, dónde haya una fusión de dos culturas, bajo motivos precolombinos; desde la decoración de la plaza de toros y sus tendidos, hasta los trajes de torear: arte quimbaya, zenú, calima o tairona, que recrearían la escena. Estas corridas se darían en fechas especiales y sería el marco perfecto para “una reivindicación; un grito para decir que estas cosas no pueden pasar”, como lo ha expresado literalmente el maestro, haciendo referencia a la ley prohibicionista que acabarían los festejos taurinos y otras actividades conexas en todo el territorio nacional, a partir de julio de 2027.
Es una excelente iniciativa que acompañaremos y respaldaremos desde el nuevo horizonte de un gobierno legítimo; un gobierno y un congreso que respeten y valoren las tradiciones, la cultura, las libertades, el Estado de derecho y la democracia; sin corrupción, ni sobornos ni doble moral.
Luis Eduardo Brochet Pineda

