El ejercicio del poder presidencial se ha transmutado en una herramienta de odio visceral. Hoy nos hallamos bajo un liderazgo que confunde la desmesura con la cordura y la ignorancia con la erudición. Es la tragedia de un insensato ciego ante sus propias contradicciones; un fabulador que reviste de seriedad el engaño y un disociador que se auto percibe como el redentor mesiánico de una sociedad que, en realidad, fractura con cada alocución.
La figura de petro parece concentrar las flaquezas humanas más profundas, convirtiendo su propia complejidad en un blindaje dialéctico. Su aparente invulnerabilidad no nace de la razón, sino del exceso: de la estridencia de sus propuestas demenciales, de la multiplicidad de frentes de batalla que abre simultáneamente para dispersar la atención y del resentimiento que destila contra toda voz disidente.
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El naufragio estadístico de la «paz total»
Ese blindaje dialéctico se estrella contra una realidad que ya no admite eufemismos. En los primeros cuatro meses de 2026, Colombia suma 51 masacres con 238 víctimas mortales, la mayoría civiles. Es el arranque de año más violento desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016. Solo entre enero y marzo, Indepaz documentó 39 masacres con 147 personas asesinadas en 54 municipios de 19 departamentos. De las víctimas, 30 fueron mujeres y 17 menores de edad.
La geografía del horror es nacional. El mapa va desde La Guajira hasta Nariño y Putumayo. Pero el Cauca concentra el epicentro: el 25 de abril de 2026, un atentado con explosivos en la vía Panamericana, sector El Túnel, dejó 21 muertos y 46 heridos. El Ministerio de Defensa actualizó la cifra a 21 muertos y 56 heridos. Fue la masacre de civiles más sangrienta en más de una década. Ese fin de semana se registraron 21 acciones terroristas en Cauca, Valle y Nariño, con 24 muertos.
El deterioro viene de atrás. Medicina Legal reportó 14.780 homicidios en 2025, la cifra más alta de la década, con promedio de 41 casos diarios. El primer trimestre de 2025 cerró con 3.244 asesinatos, 70 más que en 2024. Los secuestros se duplicaron: 188 casos entre enero y julio de 2025 frente a 99 del año anterior.
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De la negociación a la mano dura: el giro pragmático
Petro llegó al poder en 2022 con una ambiciosa estrategia de paz que buscaba negociar simultáneamente con los principales grupos armados del país, alcanzando hasta 13 mesas de diálogo. Las conversaciones avanzaron a trompicones, hasta el punto en que la mayoría están congeladas o enterradas.
Ante la falta de voluntad negociadora, el Gobierno intensificó operaciones militares. Iván Mordisco se convirtió en el hombre más buscado y las acciones contra su estructura aumentaron. Hace un mes, una operación dejó seis muertos, entre ellos alias Lorena, su jefa de seguridad. El Gobierno también reactivó artillería a comienzos de 2024 y bombardeos a finales de 2025.
Sus decisiones han sido polémicas porque en los ataques han muerto varios menores reclutados por las bandas criminales. Es la respuesta del Gobierno más a la izquierda en la historia reciente ante un enemigo que, paradójicamente, le obliga a hablar el lenguaje de la mano dura.
Analistas involucrados en el proceso señalan que el atentado del Cauca “es parte de la reacción de un grupo armado frente a las operaciones del Ejército”. A Mordisco “se le ha golpeado de manera muy fuerte durante todo el último año”.
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La amnesia selectiva: ¿criminales nuevos o de siempre?
Frente a la escalada, sectores petristas afirman que las FARC de hoy ya no son socialistas sino simples criminales. La tesis es cómoda: separa al partido Comunes del crimen actual. Pero omite que el crimen siempre fue el núcleo.
¿Qué hacían sus camaradas de Comunes? Traqueteaban: la Comisión de la Verdad documentó que las FARC controlaban el 70% de la cadena del narcotráfico en sus zonas. Torturaban: la JEP tiene miles de testimonios de secuestrados con cadenas al cuello, en jaulas, bajo tierra. Mataban niños: la JEP, en el caso 07, investiga el reclutamiento de 18.677 menores entre 1996 y 2016. Secuestraban civiles: el Centro Nacional de Memoria Histórica atribuye a las FARC 21.396 víctimas de secuestro.
Las FARC de hoy hacen exactamente lo mismo que hacían Tirofijo, Jojoy y Cano. La única diferencia es que ya no tienen curules lavándoles la cara. Las FARC nunca fueron socialistas románticos. Fueron una empresa criminal con discurso marxista. El socialismo era el logo. El negocio era la coca, la extorsión, la minería ilegal y el secuestro.
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La ceguera como proyecto político
Ante este panorama de caos institucional y erosión moral, surge una duda inquietante: ¿dónde reside la mayor ceguera? Si en el gobernante que se desborda en sus propios delirios de grandeza, o en aquellos que, a pesar de la evidencia del naufragio —52 masacres en 4 meses, 241 civiles asesinados, 21 colombianos volados en una carretera—, persisten en la idolatría fanática de su sombra.
El crimen del sábado 25 de abril mereció el repudio de todos los candidatos para las elecciones presidenciales del 31 de mayo y reforzó la importancia de la inseguridad entre los temas centrales de campaña. Petro calificó el ataque de terrorismo, acusando a “la extrema derecha” de querer gobernar para “hacer sus negocios de cocaína y oro ilícito”. Es una respuesta al evidente deterioro que desplaza la responsabilidad hacia un enemigo abstracto.
La tragedia no es solo del poder mesiánico. Es de una nación que confundió la estridencia con la estadística y el relato con los muertos. La paradoja final: el redentor que prometió la vida terminó administrando la muerte. Y sus fieles, en lugar de pedirle cuentas, le piden milagros.
Fuentes: Indepaz, El País, Ministerio de Defensa, JEP, Centro Nacional de Memoria Histórica, Medicina Legal. Datos actualizados a abril de 2026.
Abel Enrique Sinning Castañeda

