Con los resultados electorales del pasado 31 de mayo y en pleno envión para la segunda vuelta presidencial, la tendencia estadística y la consolidación de la candidatura de Abelardo De La Espriella, hace prever una votación por encima de los 12 millones de sufragios, con lo que bastaría para declarar un mandato suficiente y legítimo, de carácter popular y de unidad.
La primera vuelta dejó dos perdedores y dos ganadores visibles: perdió la enorme presión de un gobierno que derrochó recursos de toda índole para capitalizar votos en apoyo del Pacto Histórico y su desgastado legado; perdió el partido Centro Democrático que se embarcó torpemente en una campaña plagada de errores y vanidades que le costará su permanencia en la escena política a futuro. Ganó el “outsider” de la nueva derecha colombiana; coherente, objetivo, sin medias tintas ni acuerdos de conveniencias y comunicador asertivo; y ganó la Registraduría Nacional por el eficiente y transparente proceso de contabilización de votos en tiempo record.
Dicho esto, y conforme a su agenda preliminar, el presidente Abelardo De La Espriella, desde el mismo atardecer del próximo viernes 7 de agosto, deberá ocuparse de las siguientes tres tareas prioritarias:
La primera tarea tiene que ver con la seguridad y la soberanía nacional. Colombia ocupa el puesto 15 (Quince), dentro del actual ranking mundial de países afectados por el terrorismo, por debajo de Iráq, Israel, Siria, Afganistán y Nigeria, entre otros. Somos, vergonzosamente, el primer país hispano americano que aparece en ese listado de más de 160 países evaluados, seguido de lejos por Perú, que se ubica en el puesto 44.
En ese sentido, el crecimiento exponencial de los grupos armados organizados de guerrilleros y narcotraficantes, aupados por las más de 330 mil hectáreas de coca en producción hoy, deben ser combatidos con bombardeos selectivos, utilizando toda la tecnología disponible y la logística que requiera, para evitar daños y sufrimientos a la población civil, que ha soportado más de 100 masacres, reclutamientos y muertes inocentes, por hallarse en el centro del fuego cruzado de estos terroristas. Acto seguido, motonave o aeronave sospechosa de transportar droga debe ser capturada o eliminada con acciones estratégicas de nuestras Fuerzas Armadas, salvaguardando los territorios de la región caribe y pacífica; el catatumbo y golfo de urabá.
Después de una fumigación segura de los cultivos ilícitos, que nos ha colocado como el productor invicto del 80% de toda la cocaína que se expende en el mundo, vendrá la sustitución de cultivos, el mercado despejado y libre; la inserción de miles de familias en la producción y comercialización agrícola legal, asistida, financiada y en desarrollo creciente, con seguridad y sostenibilidad a largo plazo.
La segunda tarea tiene que ver con la corrupción y los robos descarados al erario por parte de este gobierno que termina. Más de 90 billones de pesos se esquilman del tesoro nacional cada año, por acciones de corrupción de actores del gobierno. Desde los dineros provenientes, presuntamente, de los carteles de la droga en la pasada campaña política del Pacto Histórico, pasando por el saqueo a instituciones y empresas del Estado (UNGRD, ECOPETROL, el FOMAG, la DNI, el SENA, etc., etc.), los contratos inexistentes, la frondosa e inútil burocracia y los inexplicables incrementos patrimoniales declarados por funcionarios y gobernantes en los tres años anteriores, culminando con las investigaciones que adelanta la DEA y la Secretaría de Estado de los Estados Unidos, que vinculan a políticos colombianos de este gobierno, con las mafias de narcotraficantes y terroristas del este de Europa.
Para todo ese entramado de corrupción y delitos, hay que crear un bloque de búsqueda con auditoria forense especializada, que logre judicializar, con todas las garantías de la constitución y la ley, a los responsables de estos delitos previa restitución de los bienes, así como legalizar las extradiciones que bajo INDICTMENT (Que están en boca del horno), sean solicitadas por el gobierno de los Estados Unidos.
La tercera tarea de momento, para ese día de la posesión, tiene relación y visos humanitarios y se refiere a la recuperación del sistema de salud: un plan de choque de 90 días que logre estabilizar financieramente el sistema, para que los medicamentos y la atención a los ciudadanos de ambos regímenes, vuelvan a la normalidad, evitando la continuidad de un genocidio inducido que este gobierno promovió y ejecutó.
Luis Eduardo Brochet Pineda

