“SEGÚN SE LLEGA AL PODER, ASÍ SE GOBIERNA…”

Hemos escuchado ustedes y yo en repetidas ocasiones esa expresión en boca de Sergio Fajardo, a veces cuando está en campaña, a veces cuando dicta conferencias políticas, siempre para dar a entender que en política se sigue un camino para llegar al poder y que, de acuerdo a lo bueno y lo malo que se hace en ese tránsito, las personas suelen dar señales muy claras de la forma como gobernarán. La cita casi nunca falla, porque ya se ha visto multitud de veces que aquellos que utilizan recursos inmensos para “pagar el viaje”, casi de seguro llegan a robar.

¡Claro!!! Esas son deudas que no se puede dejar por ahí sueltas para que se conviertan en peligrosas culebras que pueden acarrear desenlaces fatales. Se pagan de ordinario con recursos del erario público. El gobierno que recién terminó el 7 de agosto dictó una cátedra ejemplar sobre la forma como se aprovecha el aparato estatal para “servir a la deuda” contraída con diversidad de poderes ocultos que estuvieron detrás de le elección conseguida.

Pues bien, no ha cumplido una semana el nuevo gobierno y ya comenzó a dar muestras inequívocas del rumbo que quiere tomar el Presidente De la Espriella para pagar sus deudas. Para llegar al poder, siendo como era un desconocido político, uno del que nadie en el país común y corriente había escuchado hablar, Abelardo De la Espriella se acercó de manera muy inteligente, reconozcamos, a personas con altísima influencia en el país y en el exterior para asegurarse una red de soporte de mucha altura que le permitiera intentar la “loca aventura de hacerse elegir Presidente”. Y funcionó la estrategia, tal como se ha visto en los resultados electorales, porque los tales respaldos sí le sirvieron para lanzarse con toda la fuerza necesaria para barrer de manera disruptiva y exitosa en una campaña que, como ya sabemos, estaba llena de candidatos e impregnada de una tensa polarización. El outsider candidato De la Espriella no surgió en las calles de su país como podría suceder con cualquiera de los demás contendores, no, sino que fraguó y maduró su candidatura en lujosos salones de grandes capitales del mundo en donde pudo sentarse con mecenas y protectores con quienes hizo los compromisos necesarios. De todo ello, por supuesto, han dado cuenta los medios, y queda para nosotros la certeza que se configuró una deuda de honor que hay que cumplir. Así, para cualquiera de nosotros resulta fácil imaginar que ésta es una presidencia que comienza debiendo numerosos favores de alta envergadura política.    

Comencemos con lo que puede haber con el Gobierno de los Estados Unidos. No estaría bien afirmar que no es conveniente, y acaso necesario, mantener una buena relación política y comercial con el gigante del Norte, dada la tradición de intercambio que ha funcionado por décadas, así no sea de modo perfecto y no sea ésta una relación susceptible de ser mejorada. Le conviene al país contar con tan importante asociado, es cierto, pero ello implica el llevar con extrema prudencia esa relación, pensando particularmente en nuestra fuerte dependencia de ayuda militar y cooperación económica para poner en modo “intensivo” esta fase nueva de la guerra que intenta librar el Presidente contra el narcotráfico y los grupos al margen de la ley. La factura por ese favor ya llegó por anticipado para ser pagada de una manera muy original: la declaración oficial de reconocimiento de la soberanía de Israel sobre las alturas del Golán, que es un territorio que pertenece a Siria. Ese paso de tanto alcance político nos convierte en el único país de las Naciones Unidas que acompaña a los Estados Unidos en esa manifestación.

Las implicaciones que tiene el caso son variadas y muy fuertes, porque se da a entender a la comunidad de naciones que Colombia, es decir nosotros, estamos de acuerdo con que un país ocupe un territorio que no le pertenece y se lo anexe como si cualquier cosa. Ello nos coloca ante el escrutinio de todas las naciones árabes y no árabes que sostienen conflictos con Israel y no admiten que ese país, que llegó tarde al continente asiático, se vaya acomodando arbitrariamente mediante el uso de la violencia armada y a costa de los territorios de los demás. Se puede recordar que ha habido y hay roces por esa causa con Egipto, con Líbano, con Siria y obviamente con Palestina por la franja de Gaza y Cisjordania, apenas para presentar el caso, sin olvidar el conflicto armado con Irán.

¿Le va bien a Colombia poniéndose del lado de un país abiertamente contradictor del derecho internacional que invade territorios y sacrifica poblaciones enteras, y anda de la mano de la potencia que lo respalda?  Obviamente que no, pero podemos estar ante una deuda claramente contraída en este camino del acceso al poder que la aceptó el impetuoso candidato De la Espriella con tal de ganar en su empeño presidencial, pero que le corresponde pagar al país entero y puede resultar onerosa en términos políticos frente a la comunidad internacional.  Aquí es donde “la piedra se puede venir de rebote y nos puede malograr algún ojo”.

Se va a alegar que el país necesita restablecer sus relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, dada nuestra dependencia tecnológica en asuntos militares y de seguridad nacional, tomada en cuenta, además, la prioridad que tiene este asunto en la propuesta de gobierno del nuevo presidente, pero queda espacio suficiente para afirmar que para ello no era necesario ceder ante el delicado asunto de los Altos del Golán ni ningún otro territorio. Israel sabrá cómo maneja su conflicto con sus vecinos y Colombia debe percatarse que no tiene mucho que decir en el tema, a menos que se lo solicite el acreedor. ¿Faltó cálculo interactivo en acción? ¿Será precipitud del Presidente?

No fuera preocupante el caso si no hubiera sucedido ya dos veces en la misma semana. En efecto, se reconoció la soberanía del reino de Marruecos sobre el Sahara Occidental, que es una nación hija del desierto del Sahara, no marroquí, que habla español y que lucha por su independencia en condición de refugiada en Argel, perseguida militarmente por Marruecos y pendiente por décadas de un plebiscito que le ha negado la ONU y que ya hubiera permitido resolver su estatus como Nación.

<< El Sahara Occidental no es un país como tal sino un territorio no autónomo pendiente de descolonización que vive en un limbo jurídico desde el retiro de España en febrero de 1976, dejando el territorio en administración temporal bajo la autoridad de Mauritania y el reino de Marruecos mediante el “Acuerdo de Madrid”, en espera que se diera cumplimiento a la diligencia de un Referendum de autodeterminación que no se realizó hasta ahora. No pertenece por consiguiente a ningún Estado formal en la actualidad. Marruecos se abrogó el control militar de la mayor parte del territorio y lo considera parte de su país. La República Saharaui (RASD) existe como establecimiento nacionalista desde 1976 tras el retiro de España del territorio y espera ser reconocida por la ONU y contar con su apoyo para recuperar su territorio. Estados Unidos se opone a la iniciativa.>>

¿De nuevo se coloca el Presidente en el lado equivocado? No, si se tiene en cuenta que el territorio saharaui es una mina descomunal de roca fosfórica casi a cielo abierto que ha sido muy apreciada por Marruecos y sus asociados, siendo de seguro Estados Unidos el primero de ellos. [1]  Sin embargo, el fondo del asunto está en que hay detrás una Nación de más de 600.000 personas que no son marroquíes y que no desean serlo, ni siquiera por adopción, porque saben que serían tratados como refugiados y no gozaría de las mismas condiciones de vida y derechos de los ciudadanos de origen. Reconocer la soberanía de Marruecos es desconocer y violentar los derechos legítimos de la Nación Saharaui.  Reconocer la soberanía de Marruecos es aceptar (otra vez) la apropiación irregular de un territorio que tiene dueño legítimo, aunque Marruecos diga lo contrario y la ONU se haya hecho “la ciega” durante casi medio siglo para resolver el asunto.  

Este no puede ser un caso simple de la decisión unilateral o personal de un Presidente en ejercicio, es la perentoria necesidad de entender que la posición que debe prevalecer en la geopolítica global es la del país en su conjunto, debidamente estudiada y consensuada. Para eso tiene el Presidente alcance legítimo a todas las instancias del Estado para las consultas que correspondan. Podía así el Presidente hacer acercamientos promisorios y productivos con el Gobierno del Rey Mohamed VI sin necesidad de entrar en el delicado tema del Sahara Occidental y sin necesidad de ofender la dignidad del pueblo saharaui. ¿Cómo verá el pueblo saharaui – y acaso el mundo civilizado – el papel de Colombia que ayer comprometió su palabra en un sentido y hoy dice otra cosa? 

Si los compromisos adquiridos con los poderosos que apoyaron el ascenso al poder de Abelardo De la Espriella son tan grandes como para que este tipo de decisiones se sigan presentando, tendremos un período de gobierno en el que no se verán privilegiados el interés nacional o las más mínimas consideraciones de conveniencia, sino el interés de quienes están detrás de los compromisos que hizo el Presidente desde que abrió su campaña.

Nuestra tarea es vigilar que la Soberanía Nacional no se convierta en un “trapo de cortar a pedazos”. Aquel que sube a gobernar comprometido con poderes extranjeros tendrá que pagar deudas que le harán mucho daño al país. 

 

Arturo Moncaleano Archila

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[1] Se estima en el territorio un potencial de 500 mil Millones de toneladas (70% de la reserva global conocida)

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