RAFAEL FRANCISCO FERNÁNDEZ PINTO

En el bello pueblo arrocero de La Guajira, ubicado muy cerquita de la gran Represa del Ranchería, Distracción así se llama, nace este hombre apasionado por el canto, por las mujeres bonitas y con unas inmensas ganas de echar pa’lante, de superarse; así se caracterizó desde muy niño. Son sus padres: Hugues Manuel Fernández Palacio y Elena Pinto Jiménez; de ese bonito hogar nacieron 3 hijos: Hugues, Norelis y Rafael Francisco Fernández Pinto. Su esposa lleva por nombre: Lesbia Villar Jiménez y de esta unión vinieron al mundo: Yeliska se dedica al comercio, Rafael Hugues, técnico mecánico en motocicletas, Yolena, quien es médico, e Yissel Fernández Villar, quien es instrumentadora quirúrgica. Karlina Fernández Levette es fisioterapeuta, Rafael Jr., estudiante de Ingeniería Mecatrónica en la Universidad de Medellín, y Elena Fernández Pérez cursa quinto de Primaria.

Sus primeros años fueron plenos, repletos de inocencias combinadas con travesuras; compartía estancias con el pueblo y el campo, pues su padre poseía una pequeña parcela con animales domésticos, sembraba yuca y maíz. El invitado de hoy a Mi Crónica Sabatina le apoyaba con entusiasmo y brío en todos estos menesteres. Fue una infancia dichosa, próspera y afortunada, disfrutando junto a su hermano Hugues de los frutales y de los inolvidables baños en las aguas del río Ranchería, acontecimientos difíciles de olvidar, de satisfacción total.

Los estudios de Primaria los realizó en su adorada Distra, como le llaman, y el Bachillerato en el Instituto Técnico Agrícola de Fonseca, La Guajira. Culminó la secundaria a los 17 y a los 18 años inició a trabajar en la empresa Tabacos Rubio de Colombia S.A. Laboró aquí por un periodo de 2 años, pues se presentó la oportunidad de trasladarse para una organización de mayor proyección, Morrinson Knudsen Internacional, que venía a realizar la infraestructura para la llegada de Intercor (International Colombia Resources Corporation), filial de la multinacional estadounidense ExxonMobil. En esta grandiosa empresa, que luego cambió su nombre a Cerrejón, logró enganchar Rafael Francisco en febrero de 1986, y en ella obtuvo su pensión ganada con sacrificio y entrega, pues se convirtió en un excelente operador múltiple; también estuvo muchos años encargado de supervisor.

Desde temprana edad mostraba sus inclinaciones por el canto; lo llevaba en las venas, pues sus tíos por parte de madre la mayoría eran cantantes, acordeoneros, compositores y verseadores. Su tío Luis Pinto, acordeonero, era de la camada de Carlos Huertas; transitaron juntos esa vida bohemia de la parranda y el trago.

Con respecto a su vida musical, ha realizado 11 trabajos discográficos y abundantes sencillos; los acordeoneros que lo han acompañado a lo largo de su trayectoria artística son: Luis Eduardo González, el reconocido acordeonero Franco Argüelles, con el que tocó varios conciertos en sus inicios, Mauro Milian, Juan Jose Granados, Adiel Vega, Víctor Hugo Ayala, Jose Hilario Gómez, Alonso y Wilmer Gil, Jose Vanegas. Cómo olvidar esas bonitas canciones que la empresa Cerrejón todos los años regalaba a sus trabajadores en trabajos discográficos que eran cantados con la hermosa voz de Rafael Fernández, alusivos a la seguridad en general y a la operación minera.

ANÉCDOTA ESPECIAL CON BETO VILLA: Cuando el Rey Vallenato Beto Villa se disponía a grabar un álbum que tituló “La Compañía”, recopiló a un grupo de jóvenes talentosos como Jorgito Celedón, Pade Vence, entre otros, y Rafa, mi invitado, estaba en la lista. Lo recomendó Jorgito, quien era su amigo personal, pues cantaban siempre canciones inéditas en los festivales. Fue a Distracción a buscarlo y, después de una larga tertulia de convencimiento, Rafael Francisco le dijo que NO, que él se quedaba en la mina, pues allí tenía asegurada la educación para sus hijos y no era bueno dejar lo cierto por lo dudoso.

AMIGOS ESPECIALES: Su mejor amigo es Rafael Hugues Fernández Villar su hijo, Hugues Fernández Pinto su hermano, Odwin Cobo y Jose Jaime Daza Hinojosa compadre de sacramento.

LAS CANCIONES PREFERIDAS DEL INVITADO: Su himno es “Calma mi melancolía”; también le gusta “Lloraré” y “Volver a la ternura”.

Dialogamos con la Dra. de la familia Fernández, Yolena, médico de profesión, para que nos hablara de su padre y esto nos dijo: Mi papi, así lo he llamado siempre, es para mí mi razón de ser, el hombre de mi vida y una de las personas que más amo en este mundo. Durante muchos años le tuve temor, pero no un temor que naciera de la falta de amor, sino de ese respeto profundo que se siente por un padre. Pensaba en sus regaños, en las palabras que utilizaba, en esa autoridad que imponía, pero detrás de eso siempre estuvo ese padre amoroso y complaciente que toda hija quiere tener; siempre buscaba la manera de complacerme para que fuera feliz. De él aprendí también del amor protector, el que da tranquilidad, tener la certeza de que lo tengo y ojalá hasta viejita, pues nunca me falla. Mi mayor temor es perderlo; cada vez que se iba para la mina, lo bendecía y le pedía que se cuidara; sentía que de esa manera lo protegía. Mi padre es mi refugio, mi ejemplo, mi amor incondicional; aunque crecí y me tocó dejar atrás aquellas costumbres de niña, hay algo que nunca cambiará: “el miedo a perderlo y el amor inmenso que siento por él”.

Le pedí a Yolena que me contara una anécdota con su papá: A la edad de 9 años recuerdo que en una casita de barro que estaba en el patio de mi abuela, el cuartico de San Alejo, donde guardaban chécheres, encontré unos cables que, cuando les sacaban el cobre, les quedaban unos alambritos de colores, los cuales los cogía para hacer flores, que se veían feas, me quedaban como torcidas, me faltaba estética en verdad. Yo se las daba a mi papi, y él supuestamente me las vendía en la mina; cuando regresaba, me decía que todos habían quedado encantados con mis flores, que le habían solicitado más, que hiciera otras, y me entregaba dinero fruto de las ventas. Me sentía feliz; ese era el negocio secreto que mi papi y yo teníamos. Un día cualquiera me pidió que buscara en la tula donde llevaba sus cosas al trabajo unas llaves que no encontraba y, válgame Dios, al fondo de dicha tula estaba una bolsa con todas mis flores. No sé qué me dio al enterarme: inconformidad, tristeza, rabia, de todo, pues mi papi me mentía. Pasados los años, comprendí que lo hacía para verme feliz, un “gesto de inmenso amor”.

Crónica amistosa la de esta semana, untada de lealtad, fraternidad y admiración, un personaje poseedor de una personalidad admirable, con un alto sentido del humor, una memoria prodigiosa; se acuerda de todo, así hayan pasado años, muy cordial y solidario, le gusta ayudar, servir. Es Rafael Francisco, un mamador de gallo empedernido, que la única manera de que deje de poner cebo es seguirle la corriente, muy recursivo. En sus labores en la mina siempre aportaba ideas, buscaba y encontraba la manera de solucionar cualquier problema; un buen cantante, con una voz afinada y potente. Muchos lo criticaron porque no se arriesgó y se dedicó a la música, pero él presenta sus argumentos valederos y afirma que pudo educar a sus hijos y vivir junto a su familia dignamente gracias a su buen trabajo, y disfrutar en la actualidad de su merecida jubilación. Que Dios le bendiga siempre, mi querido compadre Rafa; mi cariño y mi respeto siempre para Ud.

“LA AMISTAD ES UN ALMA QUE HABITA EN DOS CUERPOS; UN CORAZÓN QUE HABITA EN DOS ALMAS.”

Con Franqueza, Fidelidad y mucha Nobleza, Apuntó y Transmitió: “El Juntero Futurista”.

 

Dr. José Jaime Daza Hinojosa

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