EL DESAFÍO DE CERRAR LAS BRECHAS EDUCATIVAS EN LA GUAJIRA

Hablar de la escuela pública en La Guajira es hablar de un territorio olvidado. A la lejanía física de sus comunidades se suma una deuda histórica del Estado, dejando una brecha social y educativa que hoy parece insalvable frente al resto de colombia.

en la guajira, avanzar en saldar esta deuda histórica exige que la transformación permee a toda la comunidad educativa: docentes, directivos, estudiantes, egresados, familias y sector productivo. El Programa de Tutorías para el Aprendizaje y la Formación Integral (PTAFI 3.0) propone medir la efectividad de la política pública no desde los informes de gestión, sino desde la vida cotidiana de las escuelas.

A través de la práctica situada, el Plan Nacional de Formación Integral y las dinámicas de los centros de interés y CRESE, el programa deja de ser un mandato abstracto para convertirse en un verdadero instrumento de equidad social para las comunidades más vulnerables de la región guajira. Sin embargo, para dimensionar cómo se reducen las brechas en la práctica, es necesario mirar el núcleo de lo que ocurre dentro de la escuela.

En primer lugar, el programa PTAFI 3.0 ha permitido la consolidación de la Comunidad de Aprendizaje, donde cada docente alcanza su zona de desarrollo próximo mediante el diálogo entre pares y desde dinámicas de reflexión continua que favorecen la sistematización de experiencias significativas en el aula. Esto beneficia la realización de los proyectos pedagógicos, evitando que esas buenas prácticas queden reducidas a esfuerzos individuales, e integrándolas en el saber institucional acumulado en las ferias de aprendizaje y foros educativos regionales. Como resultado directo, se genera un clima escolar más estable, seguro y propicio no solo para el aprendizaje, sino sobre todo para la adquisición de conocimientos y el desarrollo de competencias para la vida.

En una entidad territorial heterogénea —donde convergen la Gobernación de La Guajira y las Secretarías de Educación certificadas de Riohacha, Maicao y Uribia—, la red de tutores actúa como un puente de mediación intercultural. A través del acompañamiento en aula, el currículo se flexibiliza y dialoga con los saberes propios de las comunidades indígenas, rurales y urbanas. A esto se suma la implementación de los Centros de Interés en artes, ciencias, deporte y tecnología, los cuales amplían las oportunidades formativas mientras refuerzan competencias esenciales en lectura, escritura y pensamiento matemático.

Es en la cotidianidad donde se consolidan las verdaderas transformaciones. En el centro de interés «Yo Me Llamo Buen Lector», liderado por la docente Noris Jiménez Pitre, la lectura se despoja de su rigidez mediante el uso de neceseres de palabras, dramatizaciones y relatos comunitarios. En palabras de la profesora Jiménez:

«Esta cotidianidad literaria ha fortalecido la constante interacción de nuestros niños y niñas con los libros como la principal herramienta para conocer el mundo, transformando la lectura en una experiencia de disfrute y en un pilar para el desarrollo del pensamiento crítico y la defensa argumentada de sus propias posturas.»

Asimismo, la labor de la tutora del PTAFI 3.0 Yulitza Marín Rojas ilustra el valor del acompañamiento horizontal. Desde la escucha activa en las Comunidades de Aprendizaje (CDA) en la I.E. José Antonio Galán de Riohacha, nació la propuesta ARTELEO, que utiliza las expresiones artísticas para potenciar la oralidad y la lectura crítica. La tutora Yulitza enfatiza:

«Acompañar no es llegar con respuestas ya elaboradas, sino aprender a escuchar y a construir con el otro. Mi aporte más significativo ha sido ayudar a que los maestros reconozcan el valor de sus propias ideas; cuando un docente recupera la confianza en su saber, la escuela pública se transforma desde adentro.»

Esta energía transformadora resuena también en la I.E. Centro de Integración Popular. La docente Idelma Vega, a través del taller «Tejer para quedarse» en el centro de interés «Incursionemos en la cultura Wayuu», conecta la ancestralidad del tejido con la geometría, el arte y el emprendimiento. Por su parte, el educador y padre de familia Agustín Ballesteros destaca la dimensión afectiva de este enfoque: al vincular los saberes del hogar con el aula, la escuela se convierte en un entorno acogedor que motiva la asistencia y fortalece el arraigo escolar.

Sin embargo, el camino hacia la equidad exige evitar lecturas complacientes. La coordinadora académica Yaniris Sierra Barros aporta una mirada evaluativa indispensable sobre la gestión institucional:

«Para que el PTAFI 3.0 incida realmente, debemos asumir sus preceptos con mayor hondura y compromiso; la verdadera transformación exige vencer resistencias pedagógicas y superar lo superficial para no quedarnos solo en la intencionalidad, garantizando que el programa impacte las estructuras profundas de la educación.»

A la par de la rigurosidad curricular, la incorporación de la educación CRESE (Ciudadana, para la Reconciliación, Antirracista, Socioemocional y para el Cambio Climático) resulta vital. En entornos expuestos a vulnerabilidades sociales, herramientas como los Círculos de la Palabra permiten tramitar conflictos pacíficamente. Cuando el espacio escolar valida la voz y el bienestar emocional del estudiante, los índices de permanencia dejan de ser cifras abstractas y se convierten en vidas protegidas.

Si bien el horizonte técnico es claro, persisten desafíos urgentes en el fortalecimiento del razonamiento matemático y el desarrollo de la lectura crítica e inferencial. No obstante, la ratificación del respaldo financiero mediante el CONPES 4188, que asegura la continuidad de esta política hasta el año 2036 gracias al trabajo del Departamento Nacional de Planeación (DNP), brinda la estabilidad necesaria para consolidar estos procesos.

La experiencia del PTAFI 3.0 en La Guajira demuestra que cerrar las brechas educativas es posible cuando el rigor técnico dialoga con la realidad territorial. Articular la formación docente situada, la jornada extendida a través de los Centros de Interés y la formación ciudadana no es una opción pedagógica secundaria: es la ruta indispensable para dignificar la escuela pública y garantizar el derecho a una educación con arraigo, sentido y proyección social.

 

Limedis Castillo Mendoza

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *