Sí. A Ecopetrol se la robaron sin misericordia. Es evidente que las manotadas de dinero que pusieron a su disposición un club de ladrones profesionales -los llamo profesionales puesto que tenían habilidad técnica para detentar sus cargos- tiene al país alarmado, pues no pensábamos que esto se pudiera dar en una empresa que se había mantenido al margen del robispicio tradicional en muchas organizaciones del estado. Tiene sonrojadas a las autoridades de control, de la propia organización y las públicas, las famosas “ías”, pues los elefantes que paseaban por los pasillos de la petrolera no los despertaron del letargo politiquero en el que viven. Y tiene con jaqueca a los nuevos miembros de la Junta Directiva definidos en la Asamblea extraordinaria del pasado 15 de septiembre, pues la tarea de dirigir un holding de esa envergadura es de por sí compleja, como para encima tener que aplicarse con mucha prontitud a la contención de los entramados ilícitos y de abusos de poder de muchos de los ejecutivos de sus 17 empresas.
El saqueo a nuestra ATLAS, la que sostiene el mundo colombiano sobre sus hombros, me hizo recordar a John D. Rockefeller, cuando sostuvo que el mejor negocio del mundo es una empresa petrolera bien manejada, y el segundo mejor negocio es una petrolera mal manejada. Sobrevivió a Petro, su señora y Roa, y cuanto catalán quiso apropiársela. Necesitamos verla brillar de nuevo. Respondiendo a un nuevo criterio de su capacidad para atender muchos frentes de relevancia significativa para el país. Veamos.
Esa inmensa bola consumidora de energía que es el mundo necesita organizaciones que respondan a la variedad de fuentes a las que tenemos que acudir para atender su creciente demanda. Usamos la energía para todo, desde la producción de alimentos, la industrial y las comunicaciones y las innovaciones tecnológicas. La expansión de la robótica y la Inteligencia Artificial, que no va a parar por virtud de los temores de los grandes empresarios, estresa aún más esos esfuerzos.
Al mismo tiempo, la generación de energía apunta a ser cada vez más limpia, para que la especie humana recupere una buena actitud con el planeta en el cual habitan sus 8 mil millones de almas. Es un paso de grandes retos e implicaciones geopolíticas, ya que los contaminantes principales que se originan en la actividad humana son los combustibles fósiles, con los que tendremos que lidiar, nos guste o no, por unos buenos años. Estamos lejos de prescindir de ellos en la vida diaria. Son indispensables para la producción de acero, cemento, amoníaco y plásticos. El transporte es otra de las actividades que solo se desarrollan bajo estos energéticos, tanto el masivo como el personal. Vean ustedes el parque vehicular, cuyo portafolio en favor de los eléctricos (5%) todavía no cede a la supremacía de los de combustión interna (95%). Es decir, hay necesidad de hidrocarburos y carbón para rato.
Sin embargo, como dijo Ahmed Zaki Yamani, el visionario ministro de Petróleos de Arabia Saudita y gestor del salto de precios del hidrocarburo en los setenta desde la OPEP: “La Edad de Piedra no se acabó por falta de piedras. Y la Era del petróleo se acabará, pero no por falta de petróleo”. Por eso observo, a riesgo de que me tiren piedras, que la actual diversificación de ECOPETROL debe persistir.
La que antes veíamos como una empresa de petróleo y gas, ahora es una de ENERGÍA. Y en ello hay una diferencia de definición y gestión estratégicas enorme, puesto que eso exactamente es lo que hace el mundo de hoy, combinar las fuentes tradicionales con las alternativas para que el presente no nos coja sin mirar ambos frentes de suministro y haga que el futuro se organice mejor con un portafolio balanceado.
La compra de ISA fue el primer paso para diversificar el portafolio de nuestra estatal. Al adquirir en 2021 el 51% de la empresa a la Nación, se involucró de paso en algo que esa organización ya tenía y era un grado amplio y variado de negocios, que van desde la interconexión eléctrica en varios países hasta la construcción de vías y las telecomunicaciones.
Luego vino la compra de proyectos de energía eólica, que habían sido impulsados desde el gobierno para que nuestra canasta, limpia por la gran influencia de la hidroelectricidad, se incrementara significativamente con el aprovechamiento de los vientos que azotan la península de La Guajira durante todo el año.
Tiene el nuevo gobierno, sin embargo, que tomar una decisión clave: si prima la empresa con diversificación en su portafolio o si, con ocasión de los gigantescos huecos fiscales heredados, necesita salir de parte de los activos, como algunos ya lo han propuesto, especialmente ISA, que venía cargada de varias líneas que no guardan relación estrecha con el tema energético, como vías y telecomunicaciones.
Es necesario mencionar que la solidez de la empresa no depende solo de la calidad de sus activos. Radica por esencia en el profesionalismo de sus cuadros directivos y de sus colaboradores en general, que con la llegada del nuevo gobierno se mueven hacia una mayor transparencia en su administración y una sacudida brutal de los esperpentos y abusos que hicieron de ella.
Nelson Rodolfo Amaya

