PARECE QUE VA A LLOVER… DIÁLOGOS BAJO EL CAÑAGUATE 

Coincidamos en que uno de los momentos más gloriosos del día a día los vivimos en el amanecer, luego de haber dormido en paz durante la noche y cuando nos ponemos en pie para ir hasta la cocina a disfrutar de un café recién colado. No hay duda, como lo hemos dicho tantas veces, que el aroma del café en la mañana y las arepas puestas sobre fuego suave son el aroma de la paz. En consecuencia, es ese momento el más propicio para entrar en reflexiones profundas sobre las cosas que nos importan y el curso de nuestras vidas.

Esta madrugada Josefina está especialmente silente. En su rostro se figura un gesto sombrío que le frunce el ceño y le lanza la mirada mucho más allá de los fogones de su estufa, y no ha cruzado palabra desde que saltó de la estera, lo cual es una señal de que algo tiene en su cabeza que le produce inquietud. Está preocupada, eso es un hecho, y parece que, como siempre, sabe por qué.  

Eusebio, que ya se levantó también y se fue directo a su silla de palo bajo el árbol de Cañaguate que domina su patio, le mira de reojo y siente la tensión, pero conoce los riesgos del momento y sabe que si procede mal se puede quedar sin desayuno, por lo tanto, espera paciente hasta que ella decida qué es lo que quiere hacer con su angustia.

  • Euse – explota al final con la ayuda del café y llegando hasta su silla bajo el árbol al lado de su marido- ¿has visto cómo este señor Abelardo está dando señales de lo que va a hacer ahora que ya es Presidente?
  • ¿A qué te refieres, dime? – contestó Eusebio apartando con resignación su tazón de café, porque el tipo no se contenta con poquito, y se dispuso a escuchar a su mujer.
  • Bueno, no sé…, es que yo lo veo que se ha puesto “valiente” y agresivo…, y en todo momento está vociferando y amenazando en sus discursos, como si tratara de meterle miedo a la gente…, como queriendo ganar respeto, pero a gritos y con amenazas de que va a hacer esto o aquello como si todos los demás que le rodean fueran unos inútiles. Eso me parece malo, muy malo Eusebio…, porque no se siente mucho que el tipo quiera orientar el trabajo de su equipo, o el de sus ministros, que parece que son buenos, sino que busca imponer su autoridad como sea, por encima de todo, como si el país le perteneciera y los demás solo tuvieran que obedecer.  ¡Eso es lo que yo veo, Eusebio! Allí no se distingue un Presidente elegante y sereno que esté para gobernar en armonía y entendimiento con todos, sino un “mandón” que busca subordinar a diestra y siniestra como si todos tuvieran que cumplir su voluntad.  ¡Eso es lo que está comenzando a suceder!, si tú te fijas bien.

Josefina respiraba profundo mientras hablaba. Estaba molesta en realidad y así se lo hizo ver a su marido.

  • Yo no creo que eso deba ser así, por supuesto- agregó Josefina-. Él tiene que entender que los demás también piensan y que pueden tener buenas ideas para mejorar la situación tan precaria en la que nos encontramos…, con tanta inseguridad y tanta violencia…, y con esa corrupción que ronda por todas partes y que no deja que la plata alcance para cubrir las necesidades de todos. No estoy diciendo que no sea firme en sus planes y sus ideales, ¡no señor!, pero tiene que ser consciente que “zapateando” la gente como lo está haciendo día tras día, no va conseguir lo que el país necesita. Ya tú ves cómo trató al Alcalde de Sincelejo, que por más investigaciones que tenga, él no puede creerse que es algún juez para señalarlo y ya meterlo preso; y con el director de los Bomberos, que lo destituyó sin dejarlo hablar; o con el otro director de las pensiones, que lo echó al tercer día porque no supo hablar en el Congreso. Y así una y otra vez en lo poquito que lleva, ¿si ves? Es un tipo atrevido…
  • Pero está dando resultados, ¿no crees? – apuntó Eusebio con reposada firmeza.
  • Yo no me meto a discutir eso, claro que no, una no está para eso, pero me parece que el tipo aprovecha cada cosa que hace para darse “bombo” y hacerse propaganda. Eso es lo que me resulta fastidioso, porque ha comenzado a mostrar la verdadera cara de su gobierno, lleno de teatro y de propaganda, y hablando de un “tigre que muerde duro”, como si se tratara de una fiera que se mete en un corral de pollos para acabar con todo.  ¡Es un desastre total!, ¿tú puedes imaginarlo?  A mí esa actitud me ofende, y estoy segura que a más de una persona sensata en este país le puede estar sucediendo lo mismo.
  • Bueno, ¿pero de qué te quejas si el hombre se mostró así desde su campaña? Y el país lo votó con esa consciencia. ¡No podemos criticar eso!
  • Esa es la tragedia, -contestó Josefina bajando el tono mientras llenó de nuevo el tazón de su esposo con más café caliente-. Cada día se va a poner peor. El cielo comienza a llenarse de nubarrones oscuros. ¿No te parece que es como dicen los cantores todo el tiempo?  
  •  

<<Parece que va a llover, el cielo se está nublando….>>[1]

 

  • El problema – asintió Eusebio- está en que eso se vuelva costumbre. Entonces el Presidente va a querer hacer show todo el tiempo con cada cosa que haga, porque eso le da publicidad y sentirá que eso le sube la popularidad frente a sus partidarios y seguidores. Pasará entonces que se dedique a hacer cosas que le den imagen y propaganda y dejará de lado las cosas que verdaderamente son importantes, que es lo que necesita el país. Eso si va a ser peligroso.
  • ¡Eso es lo que yo digo! – saltó Josefina desde el fondo de la cocina -: el tipo puede terminar hecho un payaso de circo que todos los días lo vemos en las noticias reclamando aplausos pero que no sabemos si está gobernando o no.
  • Sí -contestó el hombre-, eso es típico de esa clase de gente que se cree bendecida, porque aparecerá que todos los días captura un bandido, o que cada día traslada un preso, o que cada día reporta un ataque a los bandidos y muestra los cadáveres de los que mata, así como el otro día, pero no sabemos a qué horas se pone a hacer la tarea que le toca a un Presidente. El problema es que se gaste todo el tiempo haciendo espectáculo y se le pase el tiempo de gobernar como debe ser.

A estas alturas de la conversación ya el sol estaba alto en el cielo y el día pintaba caluroso. Mientras Eusebio consumía su primer tabaco, Josefina se tomó un instante para visitar las gallinas y asegurar algún par de huevitos para completar el menú para comenzar la mañana. Casi terminaba ya de armar el desayuno para que su marido pudiera irse a cumplir la ronda de inspección al corral del ganado y las dos parcelitas de “pan coger” que apalancaban su modesta economía. Cuando ya todo se acomodó en la mesita de tablas que los dos habían cortado desde hace tiempo de un viejo Caracolí que se cayó en la sabana, Josefina retomó el asunto: 

  • Recuerdo cómo tú criticabas a Petro por su manía de hacerse notar en todas las cosas que hacía, como en eso de pasar por la televisión los consejos de ministros, en donde el único que hablaba era él y no paraba de decir indecencias; o en esos discursos eternos que se echaba en las tarimas de los pueblos, casi siempre borracho y rodeado de sus amigos, y además prometiendo cosas que nunca iba a cumplir. Pero te digo que éste me parece peor. Yo los veo a ambos y digo: a estos dos les sale la vanidad y el ego hasta por los ojos. Será por eso que se odian tanto, porque son igualitos de pretenciosos.
  • Yo no sé si son iguales o no – acotó Eusebio con autoridad -, lo que creo es que De la Espriella tiene afán de conseguir resultados rápidos, porque pensará que eso fue lo que prometió en campaña y sabe que fue eso lo que le dio para ganar el voto. No querrá traicionar esa confianza ´popular, dirá él, sin embargo, hay un peligro mayor, y es que puede caer en la misma trampa que cayó Uribe con lo de los “falsos positivos”, todo por ese afán de mostrar resultados en esa guerra que está jurada contra las disidencias y todas esas mafias criminales.
  • Será por eso- interrumpió Josefina- que se mostró como un “gallito victorioso” frente al cadáver del tal “Bendito Menor”, ese que mataron por allá en Riohacha, ¿no te diste cuenta?  Solo le faltó ponerle “una pata encima”.
  • Eso es propio de una persona que no tiene clemencia ni respeto por los enemigos. Yo eso lo veo muy peligroso y mal ejemplo para tantos jóvenes de este país que tienen metida en la cabeza la idea de ser sicarios para ganar “billetes fáciles”- anotó Eusebio, y soltando una bocanada de humo agregó:

No sé si es coincidencia o qué, pero yo veo a este Presidente como un tigre embravecido que se para frente a una manada de borregos. ¿Quién va a decir nada?  ¡El tipo está feliz en ese papel!!

 

No se han cumplido cien días del mandato del Presidente De la Espriella y ya hay señales de tormenta. El primer nubarrón se cierne sobre los Derechos Constitucionales de las personas desde el momento en que el Primer Mandatario ha tomado decisiones y actúa en contra de quienes “a su juicio” no merecen estar en su gobierno y han sido retirados sin siquiera darles la oportunidad de hablar. La “sospecha”, dice el Presidente, es suficiente razón para retirarlos, lo cual le pone a caminar al borde de lo constitucionalmente correcto. ¿De dónde deriva el Presidente autoridad para actuar como fiscal y juez y en plena contradicción a la Carta? ¿Será de la visión megalo maníaca de su propio gobierno?  ¿Puede ser ésta la fuente de un autoritarismo excesivo que puede dar al traste con su gestión?

Nubarrones más grandes se precipitan sobre la unidad nacional y la gestión de gobierno en los territorios. Prometió en un momento inicial “gobernar con todos”, pero en el camino se van abriendo brechas que dan señales de alerta. Ha aprovechado cada ocasión de encuentro con alcaldes municipales y mandatarios regionales para “amenazar” con que la Nación no girará recursos “en toda circunstancia que parezca sospechosa de corrupción”, y la corona de esta advertencia se vivió hace pocos días en las playas de Coveñas en medio de un “rifi-rafe” que se armó con el Alcalde de Sincelejo. ¿Va el Presidente, sí o no, a gobernar con todos, reconociendo que todos ellos son elegidos tan legítimamente como lo fue él mismo y tienen el derecho y deber constitucional de velar por los intereses del territorio que gobiernan?  Naturalmente que, en presencia probada de actos de corrupción, el Presidente tiene la razón, pero es la ley y las instancias judiciales las que deben actuar, no él. ¿Tendrá eso presente, o estará de nuevo caminando al borde de la Constitución? ¿Preferirá ignorar algunos límites que le impone la Carta con tal de poder ejercer a su gusto el autoritarismo de Estado que le ha visto aplicar a su mentor en el Norte, el Presidente Trump?

Más nubarrones sobre las libertades civiles cuando se pretende amparar mediante Decreto la acción coercitiva del Estado ante todo evento de la “movilización social”, lo que incorpora el riesgo de limitar y estigmatizar la libre expresión popular y el derecho de protesta, todo bajo la supuesta defensa del orden público y los derechos de “los que no protestan”. Es el momento en el que las sociedades organizadas que piensan se deben alzar para hacer sentir su voz y reclamar sus garantías civiles.  Si bien es cierto que está en manos de un Presidente el “Mandato” que le ha entregado el pueblo mediante la dignidad del voto, ese privilegio nunca constituye poder absoluto. Se equivoca quién piensa que el pueblo cuando elige “traslada el poder” en manos de alguien para que haga lo que quiera en contra de quien le parezca, porque no es así. Se equivocó Gustavo Petro en esa apreciación y se equivoca el Presidente De la Espriella si piensa que está allí para hacer lo que él quiere hacer, en vez de lo que el país necesita que él haga.

Sin reparar en los tantos y tantos que pueden estar de acuerdo con los actos y actitudes del Presidente, lo que importa es que las sociedades civiles, entendidas como un todo sistémico e integrado, reaccionen oportuna y valerosamente ante cualquier señal de alerta que implique abuso de poder y extralimitación de funciones. Lo que probablemente sucede hoy es que existe un engolosinamiento con el poder recién accedido y por esa razón se insinúen claras desviaciones de conducta que constituyen atentado contra la Constitución y la Ley, pero queda muy claro que los tres ejes de poder establecidos en la estructura de Estado están en la capacidad y obligación de reaccionar con la contundencia necesaria para garantizar el equilibrio de poderes y la estabilidad del Estado de Derecho.  No se perderá jamás de vista que los tres poderes del Estado son autónomos, suficientes y equivalentes y no existe la más mínima posibilidad que alguno de los tres pretenda dominar sobre los demás. El Presidente, de modo correspondiente, será la cabeza visible del Ejecutivo para lo que tiene que ver con la conducción del país y ejercerá, por ende, la representación legítima del Estado, pero nunca será ni el jefe ni el poder absoluto, sobre todo.

Si los otros dos poderes, y la sociedad como un todo soberano y poseedora del máximo poder, ven que el Presidente, en desatención de lo dicho, se extralimita en sus funciones y comete abuso de poder sin que ninguno de ellos haga o diga nada, se habrán convertido en cómplices y alcahuetes para el surgimiento de un gobierno totalitario.

¿Serán los tiempos en los que cualquier tigre rabioso venido de fuera se coloca frente a un rebaño de borregos y lo domina con su sola apariencia?

 

 

Arturo Moncaleano Archila

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[1] Canción cubana de Antonio Matas (1947).

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