El mundo de hoy ya no puede entenderse desde las fronteras que durante siglos separaron a unas naciones de otras, el comercio, las comunicaciones, la tecnología, la circulación de capitales, el conocimiento y las nuevas herramientas de inteligencia artificial han creado una realidad en la que lo que sucede en un país puede tener efectos inmediatos en cualquier otro, en este escenario aparecen dos conceptos que suelen confundirse, pero que tienen diferencias importantes.
La globalización y el multilateralismo. La primera representa un proceso creciente de interconexión económica, tecnológica, social y cultural; el segundo es la voluntad de los Estados de cooperar mediante acuerdos e instituciones para enfrentar problemas que difícilmente pueden resolverse de manera individual.
La globalización tiene en el libre comercio uno de sus principales instrumentos, la posibilidad de intercambiar productos y servicios a gran escala amplía los mercados y obliga a competir en calidad, precio e innovación, esa competencia puede estimular el desarrollo económico y tecnológico, aunque también puede colocar en dificultades a los sectores productivos que no cuentan con infraestructura, financiación, capacitación o tecnología suficiente, por eso, abrirse al mundo no significa simplemente importar y exportar; significa preparar la economía para competir.
La globalización también ha multiplicado el intercambio de ideas, conocimientos y experiencias, hoy una innovación desarrollada en cualquier parte del planeta puede ser conocida y utilizada rápidamente en otro lugar, la inteligencia artificial lleva esa interconexión a una nueva dimensión; ya no solamente circulan mercancías y capitales, también circulan conocimiento y capacidades digitales, asi, una pequeña empresa puede acceder a mercados internacionales, una universidad puede conectarse con centros de investigación extranjeros y un productor puede encontrar información tecnológica que antes estaba fuera de su alcance.
Pero esta interconexión tiene también una dimensión cultural, la circulación mundial de productos, música, entretenimiento, idiomas y modelos de consumo puede producir una cierta homogeneización y poner en riesgo algunas expresiones locales, sin embargo, globalización no tiene necesariamente que significar pérdida de identidad, también puede ser una oportunidad para proyectar al mundo lo propio, la cultura, la gastronomía, la música, las artesanías y las tradiciones de una región pueden encontrar nuevos públicos si se utilizan adecuadamente las herramientas digitales y los mercados internacionales.
El multilateralismo responde a otra necesidad, si la globalización hace que los países estén cada vez más conectados, el multilateralismo busca establecer mecanismos de cooperación para administrar esa interdependencia, por ejemplo, los Estados conservan sus intereses nacionales, pero reconocen que existen problemas que requieren respuestas colectivas: conflictos, comercio, migraciones, cambio climático, pandemias, crimen transnacional, seguridad y regulación de nuevas tecnologías, las instituciones multilaterales pueden, además, ofrecer a los países pequeños y medianos un espacio para hacer escuchar sus posiciones frente a las grandes potencias.
El desafío está en la eficacia, el sistema multilateral pierde credibilidad cuando las reuniones, declaraciones y documentos no se traducen en resultados concretos, de allí la importancia del debate actual sobre la reforma de las instituciones internacionales y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la cooperación internacional sigue siendo necesaria, pero también necesita instituciones capaces de responder con oportunidad y de producir resultados frente a los problemas que enfrenta el mundo.
Para Colombia, y particularmente para La Guajira, estas discusiones no son lejanas ni exclusivamente diplomáticas, pueden tener una enorme importancia para su futuro económico, nuestro departamento ha dependido durante décadas de la explotación minera, pero esa actividad no puede considerarse indefinida, la operación de Cerrejón tiene actualmente contratos vigentes hasta 2034, mientras se discute desde ahora la transición económica y laboral que deberá afrontar La Guajira cuando la minería llegue a su etapa final, el desafío consiste en utilizar el tiempo y los recursos disponibles para construir alternativas productivas.
Aquí aparece una oportunidad estratégica: agua, agricultura, agroindustria, energía, tecnología y comercio pueden convertirse en componentes de una economía más diversa, el proyecto de la Represa del río Ranchería y sus posibilidades de irrigación han representado durante años una expectativa para ampliar la producción agrícola del departamento, aunque su desarrollo actual requiere replanteamientos técnicos, ambientales y sociales, lo importante es que el agua disponible pueda convertirse en capacidad productiva, garantizando primero el consumo humano y los derechos de las comunidades.
Si La Guajira consigue avanzar en esa dirección, la globalización podría convertirse en una herramienta concreta de desarrollo, la tecnología agrícola, los sistemas modernos de riego, la mecanización, la inteligencia artificial y el conocimiento internacional podrían aumentar la productividad; la transformación agroindustrial podría agregar valor a los productos y los mercados nacionales e internacionales podrían convertirse en destinos para una producción guajira más competitiva.
El multilateralismo también puede contribuir a ese proceso mediante cooperación técnica, transferencia de conocimiento, financiación y experiencias internacionales en agricultura de zonas áridas, manejo del agua, energías renovables, adaptación climática y desarrollo sostenible, así, globalización y multilateralismo dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en instrumentos que podrían ayudar a preparar a La Guajira para el futuro.
La verdadera discusión, entonces, no consiste en escoger entre abrirnos al mundo o encerrarnos dentro de nuestras fronteras, consiste en saber cómo participar en un mundo globalizado defendiendo nuestros intereses, fortaleciendo nuestra capacidad productiva y preservando nuestra identidad, la globalización puede ofrecer mercados, tecnología e innovación; el multilateralismo puede facilitar cooperación y reglas; la inteligencia artificial puede aportar nuevas herramientas; el agua puede ampliar la capacidad productiva y la minería, mientras exista, puede contribuir con recursos para financiar parte de la transición.
La Guajira tiene ante sí un desafío histórico; aprovechar el presente para construir el futuro, no se trata de abandonar de inmediato aquello que hoy sostiene buena parte de su economía, sino de utilizar los años que quedan para preparar una economía capaz de vivir más allá de la minería, el verdadero desarrollo comenzará cuando los recursos naturales puedan transformarse en educación, infraestructura, conocimiento, producción, empleo y oportunidades para las nuevas generaciones.
El mundo está cada vez más interconectado y esa realidad no parece reversible, la pregunta no es si debemos conectarnos con el mundo, sino cómo hacerlo sin perder nuestra identidad ni nuestra capacidad de decidir, en palabras de moda es CAMBIAR EL CHIP.
Para La Guajira, globalización y multilateralismo pueden representar riesgos, pero también una oportunidad excepcional; convertir la conexión con el mundo en una herramienta para construir un desarrollo productivo, competitivo y sostenible, capaz de mirar más allá de la minería y proyectar al departamento hacia un nuevo futuro.
Salustio Solano Cerchiaro

