CUANDO LA POLÍTICA PASA LA CUENTA

Una reflexión después de más de medio siglo de camino recorrido; hay una pregunta que pocas veces se hacen quienes dedican buena parte de su vida a la política; qué quedará de nosotros cuando ya no tengamos la misma fuerza para hacer política.

La pregunta parece sencilla, pero adquiere otro significado cuando llegan los 60, los 70 años y se comienza a mirar hacia atrás, después de más de medio siglo vinculado a la actividad política, esa pregunta merece hacerse, sin resentimientos ni frustraciones, mi historia comenzó cuando apenas tenía 11 años, durante la campaña presidencial de Carlos Lleras Restrepo, todavía no tenía edad para votar, pero ya sentía curiosidad, entusiasmo y una profunda inquietud por la política, con el paso de los años llegaron las convicciones, los ideales, las campañas, las reuniones, las comunidades, las luchas políticas y los amigos con ideales anuentes a los míos.

la política terminó convirtiéndose en una parte fundamental de mi vida y no me arrepiento, sería injusto desconocer todo lo que la política me ha dado; experiencias, amistades, oportunidades, aprendizajes y sobre todo, la posibilidad de conocer de cerca las necesidades y esperanzas de muchas comunidades, pero también hay una realidad de la que poco se habla, la política consume tiempo y el tiempo a diferencia de una elección, no tiene segunda vuelta, es que durante los años de juventud uno cree que siempre habrá una nueva oportunidad, otra campaña, otro proyecto, otro cargo, otro dirigente al cual acompañar, otra elección en la que participar y así van pasando los años, mientras tanto, muchas personas dejan de lado oportunidades laborales, negocios, proyectos personales, ahorro y patrimonio, porque consideran que en algún momento llegará la oportunidad política que cambiará sus vidas, a veces llega, muchas veces no, y cuando finalmente se mira hacia atrás, puede descubrirse una paradoja dolorosa; se ayudó a construir el futuro político de muchos, pero se olvidó construir el propio.

Durante todos estos años he conocido dirigentes, líderes comunitarios, concejales, congresistas, candidatos, dirigentes de partidos y personas que dedicaron buena parte de su existencia a la política, puedo decirlo, que con buenas intenciones y resultados, razón por la cual aún los sigo por convicción, muchos dieron tiempo, dinero, esfuerzo y hasta tranquilidad familiar por una causa, sin embargo, algunos llegaron a la vejez sin los ahorros suficientes, sin patrimonio consolidado y sin una seguridad económica que les permitiera afrontar con tranquilidad, una etapa en la que ya no es posible mantener el mismo ritmo, y aquí es donde surge la verdadera reflexión; es justo dedicar la vida a servir a los demás y terminar olvidándose de uno mismo, no estoy diciendo que la política tenga la obligación de garantizar el futuro económico de quienes participan en ella, tampoco que alguien deba recibir una recompensa por haber defendido una causa política, cada persona es responsable de sus decisiones, lo que planteo es algo diferente; servir a los demás no debería significar renunciar a construir nuestra propia vida, es posible tener ideales, es posible defender una causa política y construir patrimonio, es posible acompañar a un líder sin abandonar nuestros propios proyectos, es posible servir a la comunidad y al mismo tiempo pensar en la familia, en el futuro y en la vejez.

Quizás este mensaje sea especialmente importante para quienes hoy tienen 20, 30, 40 o 50 años y todavía sienten que tienen todo el tiempo del mundo, no lo tenemos, el tiempo pasa silenciosamente mientras estamos ocupados haciendo otras cosas, la política puede cambiar gobiernos, puede llevar dirigentes al poder, puede transformar comunidades, puede abrir caminos y cerrar otros, pero hay algo que la política no puede hacer; devolver los años que ya se fueron.

A los 70 años no reniego de mi historia, por el contrario, la abrazo, me siento satisfecho de haber vivido intensamente una actividad que me apasiona y de haber compartido tantos momentos con personas y comunidades que terminaron siendo parte fundamental de mi vida, pero precisamente porque conozco ese camino, considero necesario compartirlo, si pudiera regresar algunos momentos de mi vida, quizás cambiaria decisiones, no porque haya sido un error servir a los demás, sino porque hoy entiendo que también tenemos la obligación de servirnos a nosotros mismos construyendo una vida digna para cuando llegue el momento de bajar el ritmo.

La vejez no llega de repente,   se construye durante toda la vida y quizás esa sea una de las lecciones más importantes que puede dejar la experiencia política, no permitamos que la política nos quite la posibilidad de construir nuestra propia tranquilidad, porque llegará el día en que las campañas terminarán, las reuniones serán menos frecuentes, los teléfonos sonarán menos y otros ocuparán los espacios que durante tantos años fueron nuestros, ese día, cuando ya no importe quién ganó la elección ni quién llegó al poder, quedarán nuestras familias, nuestros amigos, nuestra historia y aquello que hayamos sido capaces de construir, por eso, a quienes apenas comienzan este camino les diría algo muy sencillo; luchen por sus ideales, sirvan a sus comunidades, defiendan sus convicciones, acompañen las causas en las que creen, pero nunca olviden algo fundamental; Mientras ayudan a construir el futuro de los demás, construyan también el suyo.

 

Salustio Solano Cerchiaro

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