“Una canción hace caminar los pueblos en la memoria. Una carrera trae visitantes a sus calles. Después de la meta, empieza otra forma de recorrerlos”
Miles de personas pagan por sudar un domingo por la mañana. Empacan tenis técnicos, reservan vuelos, cruzan una meta con los brazos en alto y, a las cuatro de la tarde, ya están sentadas en una sala de espera aguardando el vuelo de regreso. Visto desde el dron, parece un triunfo rotundo con avenidas colmadas, medallas doradas y titulares que celebran cifras astronómicas.
Pero cuando se apaga el sonido de la tarima y se despeja el asfalto, queda una pregunta elemental: ¿quién se queda realmente con la plata de esa fiesta?
La música vallenata entendió hace décadas que un mapa no es una simple pista de paso. En El Viajero, interpretada por los Hermanos Zuleta, el trayecto es un rosario de afectos entre Fonseca, San Juan del Cesar, El Molino, Villanueva, Urumita, La Paz, San Diego y Codazzi. No nacieron como un paquete turístico empaquetado; son pueblos que la memoria guardó porque alguien se detuvo a vivirlos.
Hoy, las carreras mueven multitudes por otros motivos, pero repiten la misma geografía. Una carrera termina en una raya pintada sobre el suelo. El movimiento económico real empieza semanas antes y solo cobra sentido si continúa mucho después. Para entender qué deja un evento deportivo, hay que seguir ese movimiento hasta los negocios y las personas que reciben a los visitantes. El número de inscritos da una primera medida, pero no indica por sí solo cuántos llegaron de fuera, cuánto tiempo permanecieron ni dónde gastaron.
A escala mundial, ONU Turismo estima que el turismo deportivo representa cerca del 10 % del gasto turístico global. Esa referencia permite dimensionar el sector, pero no calcula cuánto dejó una carrera particular en Bogotá, Barranquilla, Cartagena o Valledupar.
Las cifras publicadas en distintas ciudades muestran parte de esa actividad. La Media Maratón de Bogotá de 2026 reunió a 42.000 corredores de 58 países. El Instituto Distrital de Recreación y Deporte estimó un impacto cercano a $50.000 millones. En el Ironman 70.3 de Barranquilla de 2026 participaron 1.200 atletas de 27 países. La Alcaldía informó que la estadía promedio fue de cuatro noches y que el gasto familiar superó los $17 millones por núcleo. También estimó el impacto económico del evento en cerca de $18.000 millones. Mientras que, en Cartagena, Ladevi reportó que la Media Maratón del Mar convocó a 9.500 atletas de 19 países y generó 600 empleos directos.
La quinta Media Maratón de Valledupar, celebrada en octubre de 2026, reportó más de 2.500 inscritos. La organización estimó que más del 70 % llegó de fuera de la ciudad, cerca de 1.750 visitantes. También calculó un impacto económico de entre $1.500 y $1.600 millones y una ocupación hotelera del 80 %. Informó que más de 600 personas trabajaron en el evento, incluidas 300 con empleos temporales directos, y que destinó más de $150 millones a proveedores locales.
La economía de lo cotidiano aparece cuando el dato se conecta con quienes trabajan. Detrás de una habitación ocupada hay personal que recibe a los huéspedes; detrás de una compra local, un negocio que atiende un pedido; detrás de un empleo temporal, una persona contratada para el montaje o la jornada. El balance de una carrera puede contar esas relaciones si registra compras, contratación, estadías y origen de los visitantes.
Para que el corredor continúe recorriendo la ciudad después de la competencia, necesita información fiable del destino más allá de la línea de meta como dónde alojarse, cómo llegar a un atractivo, qué actividades culturales hay y quién presta cada servicio. Una plataforma territorial puede ordenar inventarios turísticos y culturales, transporte, alojamiento, eventos e indicadores socioeconómicos. Cada dato debe mostrar su fuente y fecha. Las comunidades y los prestadores locales deben revisar las rutas y confirmar que cada parada esté preparada para recibir visitantes.
La historia de Manuel Zapata Olivella devuelve el relato a la música en movimiento. El Banco de la República documenta que organizó giras folclóricas a Bogotá entre 1951 y 1953 y que Juan Manuel Muegues participó en ellas. De aquel recorrido surgió la inspiración para La Gira. Esas giras y las carreras actuales pertenecen a épocas distintas, pero ambas muestran cómo el desplazamiento entre lugares puede llevar relatos, atraer visitantes y dejar recuerdos.
El atleta cruza la línea en soledad, respirando hondo frente al cronómetro. La tierra, en cambio, recibe a muchos. La huella que deja esa marea humana no cabe en una foto oficial ni en un comunicado de prensa, se descubre siguiendo el rastro del viaje, paso a paso, y preguntando con franqueza qué parte de esa fiesta se quedó en las manos de quienes abrieron la puerta.
La canción nombra pueblos y los hace permanecer en la memoria. La carrera lleva corredores a ciudades que quizá nunca habían visitado. Entre ambos recorridos está la tarea de contar qué encontraron, qué gastaron y quién los recibió. Así, después de la meta, el territorio también puede quedar en la memoria del visitante.
Y tú, cuando viajas a competir, ¿Qué tanto dejas en la tierra que visitas?
La próxima vez que cruces la meta, no corras al aeropuerto, regálate un día más. Pide el plato típico donde comen los locales, conversa con quien te sirve el café de madrugada y descubre el pueblo que queda justo después de la última curva del mapa. Cuéntame en los comentarios, ¿cuál ha sido esa carrera donde descubriste un lugar que nunca sospechaste encontrar?
Fabián Dangond Rosado
Desarrollo económico territorial y competitividad | Ingeniero industrial · Magíster en Emprendimiento e Innovación | Presidente del CUEES Cesar | Economía creativa · Decisiones públicas con evidencia


Recibimos en nuestro local Delicias Myriam la visita de varias familias que llegaron a la ciudad para apoyar a una joven deportista. Entre los visitantes se encontraban sus padres, tíos y otros familiares. Un grupo de cinco personas provenientes de Ocaña nos visitó y aprovechó para comprar dulces tanto para disfrutar durante su estadía como para llevar de regreso después de su viaje.
Fue muy gratificante recibir sus felicitaciones y comentarios positivos sobre nuestros productos. Para nosotros es un verdadero honor, especialmente porque provienen de una región donde el bocadillo de guayaba forma parte de su patrimonio gastronómico.
Este tipo de actividades son muy valiosas para la ciudad, ya que fortalecen la economía local, promueven el intercambio cultural y generan oportunidades para los comerciantes. La economía de un territorio siempre será más fuerte cuando los recursos circulan y permanecen dentro de la misma región, beneficiando a toda la comunidad.