CUANDO LOS CLÁSICOS CANTABAN AL AMOR

 Me siento lo más contento

 Porque resolví casarme

 Si me caso en otro tiempo

 Me vuelvo a casar con Carmen.

Así le cantaba, hace más de medio siglo, el maestro Emiliano Zuleta a su prometida, en un paseo sabroso que lleva su propio nombre: Carmen Díaz. Escuetos versos de amor que comprueba que la escuela romántica en el vallenato existe desde los primeros tiempos.

Y no sólo fue el viejo Emiliano quien se metió por estos atajos del romanticismo, sino que muchos juglares también hicieron gala de sus versos untados de lírica.

Si recorremos la geografía del vallenato, con su amplio mosaico de regiones disímiles, vemos que los clásicos, los de aquí y los de allá, aquellos que nos enseñaron a expresarnos en estos acordes musicales, siempre fueron románticos, auténticamente románticos.

Del cancionero escogimos intencionalmente algunas composiciones con dos elementos coincidentes: uno, el título de la canción tiene el nombre de las mujeres que amaban y dos, en sus versos tiernos mencionan algún pueblo, a sus costumbres y tradiciones. Y hacen del vallenato una música suigeneris. Para muestras varios botones.

Las frescas sábanas de El Plan, incrustadas como mesas de billar en el lomo de la serranía del Perijá, en la región oriental del Cesar y la Guajira, le oyeron cantar a Leandro Díaz los versos más lindos a Matilde Lina.

Si ven que un hombre llega a la Jagua

Coge el camino y se va pa’l Plan

Está pendiente que en la sabana

Vive una hembra muy popular.

  Es elegante todos la admiran

  Y en su tierra tiene fama

  Cuando Matilde camina

  Hasta sonríe la sabana.

Es imposible expresar de mejor manera un sentimiento de amor armonizado con el paisaje y la naturaleza.

Si avanzamos más al norte, en el Centro de la Guajira, en la región de Fonseca, encontramos a Bienvenido Martínez, persiguiendo el amor de Berta Caldera.

   Ay, si fueres para Oreganal

   Saludame a Berta Caldera

   Esa que vive en la sierra

   Que no la pudo olvidar.

Cambiemos el rumbo a otros lares. Las serpenteantes montañas del norte de Antioquia también fueron testigos de la trashumante vida musical de Alejo Durán.

De Puerto Antioquia pa’ arriba hasta Yarumal

Cuando sale este Negrito en correduría

Apenas yo recordaba a Sielva María

Me daban aquellas ganas de regresar.

En el noroccidente del Cesar, camino a la Sierra Nevada, los semiplanos de Patillal también dan cuenta de las incursiones sentimentales del Negro Durán, inspirado en sus amores con Joselina Daza.

  En el pueblo e’ Patillal

  Tengo el corazón sembrado

  No lo he podido arrancar

  Tanto como he batallado.

De la figura reluciente, el maestro Escalona, posiblemente el compositor más grande que ha dado esta música inmortal, escogimos una de las canciones románticas que más le ayudó a catapultar su leyenda: María Tere.

Adiós María Tere, adiós María Tere

Para complacerte me vengo a despedir

Me gustaría volver a verte

En las orquídeas de Medellín.

Aun los versos de Gustavo Gutiérrez Cabello, cantándole a Cecilia, en Valledupar. En su tiempo sus letras fueron paradigma de la canción romántica a pesar de no seguir los cánones del vallenato tradicional, pero su composición impactó porque tenía sabor costumbrista, su lenguaje era propio del vallenato auténtico.

  Por tí Cecilia hermosa

  Yo daría, yo daría

  Toda mi vida entera

  Y dos vidas si tuviera

  Cecilia tan querida

  Cecilia tan hermosa

  Me voy pa’ Barranquilla

  Me voy para la Arenosa.

De las regiones sabaneras de Córdoba y Sucre surge Andrés Landero, el cantor que matiza sus versos con un dejo de nostalgia.

Ay, las miradas de Magali

Son las que me están matando

Se la llevaron pa’ Cali

Y Landero quedó llorando.

De Juancho Polo Valencia rescatamos su canción insignia, la que le hizo un monumento en el Olimpo de los dioses de las composiciones vallenatas: Alicia Adorada.

  Allá en Flores de María

  Donde to’ el mundo me quiere

  Yo reparo a las mujeres, ay ombe

  No veo a Alicia la mía.

Del maestro guajiro, Luis E. Martínez, una canción memorable: Maricela.

Allá en Riohacha yo conocí a Maricela

En el balneario “Los Caciques”, un paraíso

Y la esperanza me dio esa morena bella

Que allá en el Cabo me daba lo más bonito.

Y podríamos estirar la lista hasta extremos indecibles, incluyendo por ejemplo a Isabel Martínez, Amalia Vergara, Juana Bautista y María Espejo, pero no es necesario porque ya hay suficiente ilustración.

Sin embargo, estos testimonios fehacientes de cómo se hace una canción vallenata, parecen no ser suficientes para los de la nueva ola. Insisten en su idea de crear en los festivales de música vallenata un nuevo ritmo, adicional a los ya tradicionales de paseo, son, merengue y puya, al que llamarían vallenato romántico o paseo lírico.

Pregonan sus defensores que nuestra música vernácula está coja porque no tiene donde acomodar sus canciones kilométricas, melosas e insulsas. Mal podría uno definir como ritmo un aspecto temático, como es la canción romántica. En ritmo de paseo hemos oído composiciones románticas, canciones dicharacheras o jocosas y también relatos de sucesos cotidianos.

En los festivales, no se puede imponer como obligación lo romántico. Hace algún tiempo estalló el Boom de la canción protesta, pero su primavera fue efímera y hoy nadie se acuerda de esos temas.

Hay que decir tajantemente que el vallenato no requiere abrir una puerta que no conduce a ninguna parte. Muchas de esas melodías lloronas tienen más de otras músicas que de vallenato. Con razón se dice que no todo lo que se compone y se toca en un acordeón es vallenato.

Mi hermano Rodrigo, que es estudioso de estos temas, decía que todavía no ha conocido un argentino abogando para que se le modifique el tango, y mucho menos a un cubano propendiendo por modificar la trova cubana.

La música autóctona en cualquier parte del mundo es una herencia que se debe conservar intacta. Es un patrimonio que cohesiona la patria y eleva su riqueza cultural. Acceder a retoques innecesarios es quitarle identidad y pervertir su esencia. Muchos posan de innovadores, pero no son más que profanadores de nuestra herencia musical.

Esta historia, como todo en la vida, tiene sus paradojas, o mejor sus ironías. El propio maestro Escalona, cuando vivía, le daba su espaldarazo a esta corriente alucinada. Pero no por ser Escalona tenía la razón. Su posición le hacía un daño irreparable a la música que le hizo el pedestal donde hoy descansa su gloria.

Estamos seguros que sus pupilos de ahora, practicantes de esta música insustancial, jamás construirán una historia tan meritoria como la suya.

Luis Carlos Brito Molina

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Un comentario de “CUANDO LOS CLÁSICOS CANTABAN AL AMOR

  1. Luis Carlos Manjarrés dice:

    Para mí, Alicia Adorada es el vallenato más hermoso del mundo. Nunca había conocida una demostración de amor más pura auténtica y genuina de otro juglar.
    Como sanjyanero debo reclamar te porque Tijito Csrrillo y Máximo Movil merecían unos rengloncitos en tu romántica crónica. Máximo se enamoraba hasta de una escoba vestida de fémina.

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