¿Por qué he decidido dejar de ser uribista?
Escribo esta columna no por capricho ni por el simple deseo de generar polémica o conseguir lectores. Lo hago por convicción, por coherencia y por respeto a mis principios. Cuando las acciones de quienes hemos defendido durante años dejan de coincidir con nuestros valores, guardar silencio deja de ser una opción.
Mi renuncia al Partido Centro Democrático, anunciada hace poco, no obedece únicamente a los acontecimientos ocurridos el pasado 20 de julio, día de la Independencia de Colombia. Esa fue apenas la gota que rebosó la copa, el florero de Llorente. Mi decisión es el resultado de una cadena de errores que, desde mi punto de vista, se han acumulado durante más de quince años.
Dejar de pertenecer al Centro Democrático es lo de menos. Aunque en los registros del partido aparecía como militante desde 2016, nunca me sentí realmente identificado con su estructura. Lo verdaderamente difícil fue dejar de sentirme uribista. Durante años defendí cómo un soldado a ese líder que hoy desconozco. Más de una vez dije que moriría siendo uribista, porque creía firmemente en lo que representaba.
Sin embargo, la vida también enseña que reconocer un error no es una derrota. Al contrario, es un acto de honestidad. Aferrarse al orgullo cuando la realidad demuestra otra cosa solo conduce al autoengaño.
Quiero ser claro: el Álvaro Uribe Vélez presidente de la República entre 2002 y 2010 merece un lugar importante en la historia del país. Considero que su gobierno produjo avances significativos en materia de seguridad, estabilidad institucional y confianza para los colombianos.
Pero también creo que existe otro Álvaro Uribe: el expresidente que ha actuado desde 2010. Ese liderazgo, en mi opinión, terminó tomando decisiones que contradijeron muchos de los principios que alguna vez inspiraron a millones de colombianos. Lo que construyó durante ocho años de gobierno comenzó a deteriorarse con una larga sucesión de errores políticos.
Aquí no pretendo discutir si alguien es de derecha o de izquierda por simple etiqueta. Ese debate, por sí solo, aporta muy poco. Lo verdaderamente importante es analizar las decisiones y los hechos.
Durante años he sostenido que en Colombia no hemos tenido dos siglos de gobiernos de derecha, como suele afirmar Gustavo Petro. Desde mi perspectiva, el país ha estado gobernado, en mayor o menor medida, por políticas de corte socialdemócrata o intervencionista, independientemente del partido que haya ocupado la Presidencia.
Desde Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana, hasta el propio Álvaro Uribe Vélez, he observado gobiernos que mantuvieron una fuerte presencia del Estado en distintos sectores. Incluso Uribe, elegido como candidato independiente mediante el movimiento Primero Colombia, terminó gobernando acompañado por buena parte de la clase política tradicional que había derrotado en las urnas.
Ese fue, para mí, el primer gran error. El pueblo eligió una alternativa distinta al bipartidismo, pero esa alternativa terminó gobernando con buena parte de las mismas estructuras políticas de siempre.
Las diferencias con el uribismo no nacieron de un solo episodio. Son el resultado de muchos años observando decisiones que, poco a poco, fueron alejando ese proyecto político de los ideales que alguna vez defendí.
Por esa razón decidí elaborar esta cronología. No pretende ser una verdad absoluta. Es, simplemente, mi interpretación de los hechos que me llevaron a cerrar un ciclo político y comenzar otro como ciudadano independiente y libertario que no le da pena decir que es de derecha.
Estos son 35 errores que, desde mi perspectiva, terminaron alejándome del uribismo.
Es de mucha importancia reafirmar que esto no elimina el gran gobierno del 2002 al 2010.
- Del triunfo independiente al regreso de la política tradicional.
Uribe ganó como candidato independiente derrotando al bipartidismo, pero terminó gobernando con buena parte de los mismos partidos que el pueblo había decidido reemplazar.
- El abandono del movimiento Primero Colombia.
El proyecto que llevó a Uribe a la Presidencia fue dejado de lado para dar paso al Partido de La U, perdiendo la esencia del movimiento que representaba el cambio.
- La elección de Juan Manuel Santos como sucesor.
Respaldar a Santos fue, en mi opinión, el error político más costoso del uribismo, pues abrió el camino a un gobierno completamente diferente.
- La creación del Centro Democrático.
En vez de recuperar Primero Colombia, nació un partido cuyo nombre transmitía un mensaje ambiguo sobre su verdadera identidad ideológica.
- Un partido grande, pero sin una doctrina firme.
El crecimiento electoral no estuvo acompañado por una formación política sólida que garantizara coherencia entre sus dirigentes.
- El triunfo del NO que terminó desconociéndose.
Después de ganar el plebiscito de 2016, el uribismo no logró impedir que el acuerdo con las FARC siguiera adelante.
- La mayoría política que nunca produjo las reformas esperadas.
Con Iván Duque en la Presidencia y una bancada fuerte en el Congreso, se desaprovechó una oportunidad histórica.
- Mantener intacto el proceso de paz.
Muchos esperaban cambios profundos, pero el gobierno decidió conservar gran parte de lo acordado.
- Las divisiones durante el gobierno de Iván Duque.
Las diferencias internas terminaron debilitando al propio gobierno y confundiendo a la militancia.
- La falta de renovación mientras Uribe enfrentaba sus procesos judiciales.
El partido no preparó nuevos liderazgos capaces de asumir el relevo político.
- Una mala estrategia para enfrentar las elecciones de 2022.
La escogencia de candidatos y las decisiones internas terminaron debilitando al uribismo antes de la campaña presidencial.
- La falta de apoyo decidido a Federico Gutiérrez.
La ausencia de una estrategia unificada facilitó el camino para el triunfo de Gustavo Petro.
- El acercamiento con Gustavo Petro tras las elecciones.
Muchos simpatizantes interpretaron ese encuentro como una señal contradictoria frente al discurso de oposición.
- Una oposición demasiado tibia.
El liderazgo de la oposición terminó siendo asumido por otros sectores mientras el Centro Democrático perdía protagonismo.
- La desconexión con las bases del partido.
Cada vez más militantes comenzaron a sentir que sus opiniones dejaron de ser escuchadas.
- El rechazo inicial a Abelardo de la Espriella.
En lugar de verlo como un aliado natural, fue tratado como un rival desde el comienzo.
- Las divisiones entre los propios precandidatos.
Las disputas internas pesaron más que la construcción de un proyecto común.
- El asesinato de Miguel Uribe Turbay y sus consecuencias políticas.
Un hecho que debió unir al partido terminó evidenciando nuevas fracturas.
- La campaña interna después de la tragedia.
Mientras el país estaba de luto, algunos dirigentes parecían más preocupados por la competencia electoral.
- Convertir a Abelardo de la Espriella en el principal adversario.
El uribismo concentró esfuerzos en enfrentarlo, dejando en segundo plano a sus contradictores políticos.
- La escogencia del candidato presidencial.
La decisión final generó dudas entre muchos militantes por no coincidir con las expectativas de las bases.
- El rechazo a Abelardo en la consulta.
La negativa a permitir su participación terminó llevándolo a buscar el camino de las firmas.
- La alianza con partidos tradicionales.
El uribismo terminó compartiendo escenario con sectores que durante años había criticado.
- El traslado de votos hacia la candidatura oficial.
Muchos electores apoyaron al candidato del partido más por falta de opciones que por verdadera convicción.
- La reducción del respaldo legislativo.
Aunque siguió siendo una fuerza importante, el partido comenzó a mostrar un desgaste evidente.
- Las encuestas y la pérdida de confianza.
El comportamiento electoral mostró que la distancia entre las mediciones y la realidad política seguía aumentando.
- Una campaña enfocada más en las diferencias internas que en derrotar a la izquierda.
Las disputas dentro del mismo sector terminaron favoreciendo a los adversarios.
- El triunfo de Abelardo de la Espriella.
Su victoria demostró que existía un amplio electorado dispuesto a respaldar una alternativa distinta.
- La derrota política del Centro Democrático.
Los resultados evidenciaron una pérdida significativa de liderazgo frente a otros sectores de la derecha.
- El apoyo tibio a Abelardo.
Cuando finalmente decidieron respaldarlo, el entusiasmo y la confianza de muchos ya se habían perdido.
- Declararse partido de gobierno.
La nueva posición política esperaba respaldo entre quienes esperaban una oposición firme y se encontró fue rechazo
- Las primeras decisiones como partido de gobierno.
Algunas actuaciones fueron interpretadas como un distanciamiento de las promesas hechas durante años.
- Contradicciones entre el discurso y las votaciones.
En varios temas importantes, las posiciones públicas no coincidieron con las decisiones tomadas.
- Los ataques contra jóvenes activistas.
Las descalificaciones a nuevos liderazgos alejaron a una parte importante de la militancia.
- La autodestrucción de un proyecto político.
El mayor error, en mi opinión, fue dejar de escuchar a las bases, perder la identidad ideológica y olvidar los principios que hicieron del uribismo el movimiento político más fuerte de Colombia.
Queda claro que el miedo de Álvaro Uribe Vélez es que el presidente electo Abelardo de La Espriella haga lo que le faltó por decisión a él.
Hoy hay un movimiento que no le da miedo decir que es de Derecha, y que no quiere nada con tibios, ni centro ni nada qué huela a pasado.
Firme Por La Patria.
Luis Alejandro Tovar

