Hay maestros que terminan su jornada cuando suena el último timbre. Otros continúan enseñando en las calles, las reuniones comunitarias, los proyectos culturales y las conversaciones cotidianas. Jaime Ramiro Fonseca Gámez, perteneció a estos últimos: educadores para quienes la escuela no está separada de la vida, sino que constituye una manera de comprenderla y transformarla. Su fallecimiento deja un vacío en la Institución Educativa Remedios Solano y entre quienes compartieron con él labores educativas y comunitarias. El establecimiento expresó públicamente que su vocación, sus enseñanzas y su calidad humana permanecerán en la memoria de la comunidad Barranquera.
Pero recordar a un maestro exige algo más que enumerar cargos o acumular elogios. Significa reconstruir el camino recorrido, reconocer las convicciones que orientaron su trabajo y preguntarse qué parte de sus enseñanzas continúa viva en sus estudiantes, compañeros y familiares. Jaime Ramiro Fonseca Gámez nació en Barrancas, Guajira, el 16 de febrero de 1955 y falleció el 25 de septiembre de 2026. Su historia comenzó en un municipio que entonces conservaba una relación cercana con el campo, el río Ranchería, las actividades agrícolas y ganaderas, las tradiciones orales y los vínculos comunitarios. Cursó la primaria en la Escuela Urbana de Barrancas y realizó parte de sus estudios secundarios en la Institución Educativa Paulo VI del mismo municipio. Posteriormente se trasladó a Barranquilla, donde terminó su formación en la Escuela Normal Nacional de Varones del Litoral Atlántico entre 1973 y 1975.
La dimensión pública de Jaime Ramiro Fonseca Gámez, estuvo acompañada por una vida familiar que ocupó un lugar central en su historia. Estuvo casado con la docente, Matilde Isabel Redondo Polanco, licenciada en Educación Artística y Artes, con quien formó un hogar vinculado profundamente con la educación y el conocimiento. De esa unión nacieron cuatro hijos: Bricéis Margreth, médico especialista en Medicina Interna; Brissel Madelein, diseñadora de modas; Jaine Reny, médico especialista en Medicina Interna; y Neiny Carolaine, ingeniera civil especialista en Gerencia de Construcción de Obras de Infraestructura. La trayectoria académica y profesional de sus hijos permite reconocer la importancia que la familia concedió a la formación. No corresponde atribuir esos logros a una sola persona, pero resulta razonable advertir que crecer en un hogar de educadores debió favorecer el respeto por el estudio, la disciplina y la responsabilidad. Sus nietas, Rosa María Solano Fonseca y María Matilde Fonseca, representaron otra fuente de afecto y alegría. En ellas encontraba la continuidad de una familia que convirtió la educación en una herencia cotidiana. Nombrar a su esposa, sus hijos y sus nietas no constituye un detalle accesorio. Detrás de todo educador que entrega parte considerable de su vida a la comunidad existe una familia que comparte su tiempo, acompaña sus preocupaciones y sostiene silenciosamente muchos de sus esfuerzos. Fonseca fue maestro de la promoción de 1975 y obtuvo posteriormente el título de bachiller mediante validación en 1977. Su vocación por el aprendizaje lo llevó a Bogotá, donde estudió la Licenciatura en Filosofía e Historia en la Universidad Santo Tomás. En esas disciplinas encontró herramientas para interpretar la sociedad y comprender que el presente no puede explicarse sin examinar sus raíces. La filosofía le proporcionó preguntas; la historia, caminos para buscar respuestas. Ambas áreas acompañarían su ejercicio docente y su preocupación por la memoria de Barrancas. Su trayectoria profesional se desarrolló en distintos escenarios de la Guajira. Se desempeñó como director general de la Escuela Rural de Camarones y como docente del área de español en la Institución Educativa Divina Pastora de Riohacha. Más adelante ejerció como directivo educativo y docente en la Institución Educativa Remedios Solano de Barrancas. Estas experiencias le permitieron conocer diferentes realidades educativas: la escuela rural, el establecimiento urbano y la gestión institucional. En todas ellas, el maestro debía relacionar los contenidos académicos con las necesidades concretas del territorio.
Su trabajo no quedó encerrado en una oficina ni limitado a la enseñanza convencional. Jaime Fonseca participó en procesos de formación ciudadana, actividades deportivas, proyectos culturales y ejercicios de democracia escolar. En 2019 apareció entre los docentes responsables de la instalación del Gobierno Escolar de Remedios Solano, actividad orientada a promover la participación democrática, la convivencia y los valores humanos. También acompañó el proyecto institucional de democracia “Líderes con valores humanos”, desarrollado con estudiantes de grado undécimo. En 2023 figuró entre los educadores encargados de orientar la elección de representantes estudiantiles y la presentación de sus propuestas ante la comunidad educativa. Su presencia en estas iniciativas permite comprender una dimensión importante de su concepción pedagógica: educar no consistía únicamente en transmitir información, sino también en preparar ciudadanos capaces de participar, dialogar, proponer soluciones y respetar las diferencias. Uno de los rasgos más significativos de su trayectoria fue el interés por la cultura y la historia local. En octubre de 2019 participó, junto con otros docentes de las áreas de Ciencias Sociales y Humanidades, en la organización de un homenaje a la Barrancas de ayer. La actividad buscaba recuperar relatos sobre antiguas costumbres, actividades económicas, juegos, vestimentas, gastronomía, mitos y leyendas. Su finalidad era acercar a los estudiantes a las experiencias de sus padres, abuelos y antepasados, fortaleciendo la memoria histórica y la expresión oral.
Este trabajo adquiere especial importancia en una época en la que muchas comunidades observan cómo sus relatos se debilitan frente a la rapidez de las comunicaciones digitales. Cuando una generación deja de escuchar a sus mayores, corre el riesgo de perder no solamente anécdotas, sino conocimientos sobre el territorio, formas de convivencia y explicaciones culturales del mundo. Jaime Fonseca entendió que la memoria no es una colección de objetos antiguos. Es una herramienta para reconocerse, interpretar los cambios sociales y transmitir identidad. Llevar la historia de Barrancas al aula significaba decirles a los estudiantes que su pueblo también era digno de ser estudiado, narrado y preservado. La labor del profesor Fonseca se extendió a las asociaciones cívicas y campesinas de Barrancas, así como a iniciativas regionales y departamentales relacionadas con el medioambiente. Para él, según la información biográfica aportada, estos espacios constituían una fuente especial de satisfacción. Su interés ambiental resultaba coherente con la realidad de La Guajira, un territorio donde las decisiones sobre el agua, el suelo, las actividades productivas y los recursos naturales tienen profundas consecuencias sociales. Trabajar con comunidades campesinas implicaba reconocerlas como portadoras de experiencia y conocimiento, no como simples receptoras de orientaciones institucionales. Estas facetas educativa, cultural, ambiental, democrática y recreativa— no deben observarse como actividades aisladas. En conjunto revelan una visión integral de la escuela: una institución abierta a la comunidad y capaz de formar conocimientos, valores, ciudadanía y sentido de pertenencia. La vida de Jaime Fonseca invita a reflexionar sobre la manera como una sociedad reconoce a sus educadores. Con frecuencia, los homenajes llegan cuando el maestro ya no puede escucharlos. Durante años se normalizan su entrega, las jornadas extendidas, el acompañamiento a los estudiantes y su participación en actividades que superan las obligaciones contractuales. Por eso, preservar su legado no debería limitarse a una publicación de condolencias. La Institución Educativa Remedios Solano y las autoridades culturales de Barrancas podrían recopilar fotografías, documentos, testimonios y proyectos relacionados con su trayectoria. También sería valioso escuchar a sus antiguos estudiantes y compañeros para reconstruir las experiencias que no aparecen en los registros oficiales.
Alcibíades Núñez Manjarres

