LA DESUBICACION DEL GOBIERNO DUQUE EN LA GEOPOLITICA REGIONAL

Las recientes decisiones del gobierno Biden con respecto al replanteamiento de sus relaciones con Venezuela y Cuba deja muy mal parado al gobierno Duque, quién apegado al fanatismo ideológico ha quedado en un ridículo monumental y evidenciado otro de sus colosales fracasos: el manejo de la política exterior, particularmente en el caso venezolano. Estados Unidos apelando al pragmatismo, a la realidad de la afinidad de fuerzas de los gobiernos alternativos que actualmente ostentan el poder en el área, sumado a la coyuntura internacional derivada de la guerra ruso-ucraniana, ha optado por flexibilizar sus relaciones con aquellos dos países.

La guerra ruso-ucraniana está obligando a Estados Unidos a buscar fuentes energéticas más cercanas y que le impida acudir al FRACKIN como técnica para aumentar la extracción interna de petróleo, ya que los demócratas son más cuidadosos y respetuosos con el medio ambiente. La correlación de fuerzas de gobiernos de izquierda en Latinoamérica ha forzado a Estados Unidos a alterar su forma de relacionarse con Latinoamérica. Se ha dado cuenta de que hoy por hoy, carece de la influencia que mantuvo en la región en el pasado. La estrategia de presión y “garrote”, ante Cuba y Venezuela ha demostrado su fracaso, lo cual se refuerza con la tendencia de los gobiernos regionales para volcarse hacia la izquierda o centro izquierda, donde es muy probable que antes de culminar este año, a esa correlación de fuerzas actuales se sumen Colombia y Brasil.

Estados Unidos está buscando diversificar y abaratar sus fuentes de suministro ya que la inflación que se abate sobre el coloso del Norte tiene sumamente preocupado al actual gobierno y pone en riesgo la probabilidad de seguir manteniendo en el próximo mes de noviembre el control de las dos cámaras en el Congreso norteamericano

Las políticas de sanciones y castigo a países que no coinciden ideológicamente ha mostrado una enorme decepción ya que ha perdido ante China y Rusia su influencia en la zona. La economía está pesando, las necesidades de suministro de materias primas indudablemente son factores claves, pero las razones geoestratégicas y la necesidad de no seguir perdiendo influencia regional también pesa mucho en el replanteamiento de esa relajación. México y los países caribeños han sido importantes para influir en los cambios de Estados Unidos al manifestar su lealtad y solidaridad con Cuba y Venezuela. La creciente presencia de China el gran rival de Estados Unidos, no solo en la región sino en el mundo como superpotencia competidora, obviamente tiene su incidencia. Estados Unidos está muy preocupado por el avance y la penetración de la potencia asiática en la región en materia de comercio, inversión, influencia y cooptación de recursos latinoamericanos

Estados Unidos entiende totalmente que ya no estamos en un mundo unipolar y que su “antiguo patio trasero” ya no le pertenece, ni lo controla como antaño. Esto por supuesto le obliga a modificar su manera de relacionarse con los gobiernos regionales y en particular con los gobiernos denominados de izquierda, con tendencia a crecer según reflejan las encuestas en Brasil y Colombia.

El debate izquierda- derecha está quedando cada vez más obsoleto en ese nuevo escenario mundial. El autoritarismo y la inclinación a eternizarse en el poder una de las razones alegadas para castigar e implantar sanciones no ha sido exclusivo de gobiernos de izquierda, ya que no se nos olvide que Uribe quiso eternizarse en el poder, afortunadamente la Corte Constitucional frenó la intención de optar por un tercer periodo

No podemos perder de vista que Estados Unidos después de los últimos sucesos histriónicos y risibles derivados de la toma del Capitolio durante las recientes elecciones y lo que ha ocurrido en su Corte Suprema, ha perdido autoridad moral para hablar de democracia y dar ejemplo de ella.

Los cálculos ante la reacción de la política doméstica ya no inquietan en la decisión de modificar su actitud ante Cuba, de manera que las posturas rabiosamente anticastristas de la comunidad cubana residente en Miami ya no tienen el peso del pasado, las consideraciones y los intereses geopolíticos regionales y mundiales derivados de la guerra en Ucrania relegan a segundo plano la influencia de esa comunidad y sus opiniones en las decisiones de Washington. Estados Unidos está tratando de recuperar protagonismo en su “patio trasero”.

El presidente Duque con una manifestación absolutamente estúpida y en aras de echarle tierra al fracaso de su rol ante Venezuela hace una afirmación colosalmente ilógica al decir que el viraje de Estados Unidos ante Cuba y Venezuela es consecuencia del “cerco diplomático”, en donde él fue un abanderado; nada más absurdo. Colombia gracias a las pifias del actual gobierno está quedando fuera del juego de la geopolítica mundial. Duque y su equipo asesor, en el campo de las relaciones internacionales están definitivamente descolocados.

Duque convirtió al derrocamiento del gobierno venezolano en una obsesión, para imponer al “ Presidente Guaidó”, lo cual se tradujo en otro de sus grandes chascos y de contera le quita impacto a uno de los ejes propagandísticos y de la retórica de la derecha colombiana contra la candidatura del favorito para ganar las próximas elecciones presidenciales, Gustavo Petro: el Castro chavismo, ya que indudablemente al abrir y flexibilizar Estados Unidos sus posturas ante esos dos países y levantar algunas restricciones, reestablecer vuelos, avanzar en algunas medidas comerciales e intentar progresar en algunas negociaciones que incluyen excluir un sobrino de la esposa de Maduro de la lista de sancionados, impuesta por el gobierno Trump,  insinúan la eliminación gradual de las sanciones subsistentes en contra de ambos países.

José Luis Arredondo Mejía

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