LA LENGUA SANJUANERA

UNA PRECISIÓN NECESARIA

La chispa que originó el incendio la comenzó “El Negro” Roys en los carnavales de 1969 cuando asesino a su esposa Emma Daza, convencido que esta le estaba siendo infiel. Ese suceso ha sido uno de los momentos colectivos más dolorosos vividos en San Juan del Cesar, pues todo el pueblo conocía las calidades humanas de Emma, su alegría innata, su hospitalidad y su gracia contagiosa. Ella provenía de una familia decente y trabajadora de Patillal y gozaba del aprecio y cariño de todo el pueblo. La ira que seguramente estaba incubada en el corazón de su esposo se convirtió en el acicate que lo condujo a cometer esta horrible atrocidad. El dolido sentimiento del pueblo sanjuanero se veía reflejado en el sentir generalizado de que “El Negro” Roys había cometido una irreparable injusticia originada por sus celos enfermizos y sin fundamento.  

A pesar de que este lamentable acontecimiento ocurrió hace más de 50 años, todavía arranca latigazos de dolor a su familia y a su pueblo, pues un rumor nunca comprobado desbarato un matrimonio que lucía muy normal ante los ojos del mundo. Y, además, fue un suceso que continúo desgarrando de dolor a la región por muchos años, habida cuenta de las consecuencias sangrientas que de allí se derivaron. Dios quiera que esta dolorosa experiencia no se vuelva a repetir nunca más.

Pero el PERDON es un ingrediente muy importante en la vida, pues constituye el pasaporte para vivir en paz con la propia conciencia. Hace unos años asistí a un sepelio en San Juan del Cesar. Cada vez que tengo oportunidad, asisto a los entierros de personas conocidas en mi pueblo.  No recuerdo el nombre del difunto que estaba siendo despedido. Cuando venía de regreso del cementerio, alguien me llamo por mi nombre. Yo lo saludé con mucha amabilidad, pero no lo reconocí. Entonces me pregunto:

  • ¿No sabes quién soy…?
  • Realmente no te reconozco. Disculpa.
  • ¡Yo soy Jose Ramón…!
  • ¡Nojoda… ¡No puede ser…!!!

Nos dimos un abrazo y nos pusimos a recordar el pretérito. Le pregunte por el curso de su vida y especialmente por su Tío Julito Daza, un hermano de Emma muy querido en San Juan del Cesar, al igual que todos sus hermanos. Me dijo que habían hecho las paces y que ahora convivían en completa cordialidad.

Me lleno de mucha tranquilidad saber que la cadena luctuosa hubiera llegado a su fin. ¡Que el espíritu de Emma Daza y de su sobrino Octavio Daza descansen en Paz!

 

Orlando Cuello Gámez

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