LA REGION: ENTRE DISCURSOS Y LAS POSTURAS DEL GOBIERNO

“Existe otra Colombia de provincia que reclama verdadera autonomía y no acepta el manido rotulo mediático que ella es difícil porque hay corrupción en sus administraciones”

Recuerdo que desde los años 90’s se ha querido promover toda clase de foros, debates, uniones y discursos en torno a las regiones y su forma de desarrollo territorial, a fin de satisfacer las necesidades básicas insatisfechas en cada Departamento.

En los últimos años en cuanto integración regional conocimos la llamada “Región Caribe” o la “RAP” figuras nacidas de mandatos legales; propuestas entre otras, que buscan una identidad de conceptos que al final a muchos Departamentos entre ellos como La Guajira no le ha favorecido mucho.

Muchos guajiros con cierto entusiasmo y otros más escépticos han apoyado tales iniciativas siempre y cuando encontráramos de manera horizontal la misma franqueza gubernamental desde Bogotá, pero tal decisión no favoreció los intereses peninsulares para remediar las dificultades que hoy atravesamos.

El filósofo alemán Georg Hegel planteaba que para resolver un problema hay que construir una ideología, es decir, las circunstancias deben dar origen a debates críticos y sanos sobre lo sustancial y trascendental. Como manifestaba el líder conservador Álvaro Gómez, ponernos de acuerdo sobre lo fundamental.

Llama la atención que la gran mayoría de los candidatos presidenciales -al menos quienes puntean encuestas- son producto de expresiones políticas regionales, hechos en provincias que llegue quien llegue, esperamos una reacción positiva y una mirada con mayor compromiso hacía las regiones, especialmente las que se encuentran más alejadas del centro.

Es necesario poner en funcionamiento una nueva forma de ordenamiento territorial que potencie las expresiones locales, y reconozca que Colombia es un país diverso y bastante distinto, cargado de diferencias y con un sin número de necesidades que es imposible resolver desde la fría Bogotá. Existe otra Colombia de provincia que reclama verdadera autonomía y no acepta el manido rótulo mediático que ella es difícil porque hay corrupción en sus administraciones, que por cierto no se desconocen, pero olvidamos de contera que ese cáncer socava las estructuras públicas nacionales, basta recordar diariamente los grandes casos en medios de comunicación. Ya corresponde en cada asunto a la justicia y organismos de control ejercer sus funciones.

La autonomía de los entes territoriales es inherente a la democracia y ella es la expresión más pura de tolerancia política. Hoy en Colombia existe un acuerdo de paz firmado por el gobierno del ex presidente Santos y parafraseándolo en su momento “las regiones serán importantes”; luego, si continuamos bajo el mismo esquema jurídico de administración de recursos, ella no será posible de cumplir con la misión que se encomiende.

La historia constitucional colombiana enseña que nos hemos pasado nuestra vida republicana tratando de solucionar las afujías regionales y no ha sido posible. Ahí es donde deben los estudiosos del Estado Colombiano plantear la necesidad de intentar otros caminos.

Y ello no se soluciona legislándolo todo convirtiéndonos en un Estado enfermo como diría Platón “toman más y más medicamentos, pero no son capaces de renunciar al tipo de vida que está en el origen de su enfermedad. Legislando sobre minucias no se consigue un mejor Estado pues es como intentar cortar las cabezas de la Hidra”

Es el momento de creer que Colombia es un país de regiones, con fuerzas socio políticas importantes, donde se debe lograr que los grandes proyectos sean la base del desarrollo regional y evitar cada día más la recentralización que asfixia a las provincias.

Roger Mario Romero

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