LEO BERMÚDEZ: UN TALENTO COLOSAL

Hace 33 años, lo conocí en La Peña, mi poblado amado, tendríamos 14 y 15 años, era un pelao flacucho, de ojos inquietos y lengua mordaz- como buen sanjuanero- que me exasperaba con su risa burlona. A sus pocos años ya cargaba con su guitarra a cuestas, entonces, no me pregunté cómo era que un niño de 14 años ya tocaba muy bien la guitarra, hoy después de saber que componía canciones desde los 9 años, no necesito explicación, es un don divino.

La primera canción que hizo se la escribió a la virgen, al escuchar su estructura literaria, poética y melódica llegue a la conclusión: este hombre es un prodigio y pocos lo saben. Luego, esa canción a su madre, aun con mayor solidez estructural, la canción a su primer amor, otra a un desamor, otra de desengaño y despecho y esa que más me gustó: Mi Trigueñita, escrita a un amor que nunca fue, eran canciones de un profesional compuestas por un niño entre los 9 y los 14 años, demasiado sorprendente para mí.

Más asombroso conocer después su talentazo para hacer arreglos musicales entre los 15 y 17 años, desarrollando un estilo en cada compositor que le pedía su apoyo para pulir sus canciones antes de presentarlas en festivales. Así, sin pretensiones, simplemente estaba en su naturaleza, como si el espíritu de cada compositor estuviera en él, les fue marcando un estilo único.

Canción que Leo tocaba, canción que ganaba, solo en algunas ocasiones, quedaban el segundo lugar. Obviamente eran pedidas por los grandes y al ser entregadas al cantante para ser grabadas, conservaban exactamente todos los arreglos armónicos y melódicos que el joven prodigioso había hecho a las obras de Hernán Urbina Joiro, Aurelio Núñez, Luiso Egurrola, los hermanos Beto, Efren, Roberto y Amilkar Calderon, Leonardi Vega, Marciano Martínez, Hernando Marín, Deimer Marín, Juancho Rois, Máximo Móvil; exitosos y reconocidos compositores sanjuaneros e incluso del valduparense Iván Ovalle. Pero nadie sabe que implícito en el éxito de ellos va el talento inminente del gran Leo Bermúdez.

Su maravillosa obra irónicamente por más buena que es, no fue expuesta a jurado en festivales o a grabación, con excepción de dos grabadas por Las Chicas del Vallenato “El Precio del Dolor” y “Vivo en tu Recuerdo”

Al escuchar a Leo, mi alma se llenaba de orgullo sanjuanero, guajiro y colombiano. Sin dudarlo me prometí hacer mi parte para que el mundo sepa el legado artístico y cultural que Leonardo Fabio Bermúdez González va dejando a la humanidad.

Decidió irse a Bogotá a estudiar lo que ya sabía, tecnificó y elevó el nivel. Fue en este tiempo que los connotados compositores q disfrutaban de las virtudes de Leo, lo valoraron; Leo ya no estaba para ponerle el toque especial a sus canciones, no era lo mismo sin Leo.   El muchachito burlón, recochero, gritón, se convirtió en músico, productor y arreglista musical. La guitarra y el bajo tienen en Leonardo al mejor intérprete y los cantantes y compositores, un arreglista de talla mundial.

A mi gusto exalto entre todos sus dones el de guitarrista, basta ver los trabajos de que realizó con el tenor samario Miguel Scaff, por ejemplo y cada presentación al lado del compositor sanjuanero Adrián Villamizar, para saber que hay magia en sus manos, que convierte en arte, lo que es normal.

Con Adrián Pablo,  en 22 años de amistad, cofradía, investigación musical, caminos andados en busca de nuevos sonidos en el alma de los pueblos, infinitas parrandas, todas las presentaciones, valiosas locuras de acordes y melodías, han marcado un nuevo estilo musical único, brillante, en el que la genialidad creadora de estos dos monstruos de la música, unen sus ya afinados corazones, guitarra, violina, pasión por la música (toda), amor por el vallenato, y producen deleite, crean sensaciones, dibujan nuevas notas en el pentagrama, enloquecen a los doctos del vallenato, creando la Nueva Trova Vallenata.

Así le han llamado al matrimonio entre la música caribe- Antillana, la gaita indígena de los pueblos de la sierra; los tambores africanos, de los pueblos de Bolívar; las melodías de la brisa, del viento, de las aves, del mar, y la poesía, la nostalgia, la añoranza, la ensoñación, los amores y los desamores; llevando el vallenato a otro nivel tan alto como incomprendido aún. Me atrevo a profetizar que este estilo hará un gigantesco aporte internacional a nuestra amada música vallenata. ¿Cuando? No sé, pero lo hará.

Quizás los grandes que bebieron de la fuente del joven prodigio, sin percatarse del genio q tenían al frente, al ver el trasegar de Leo por la música, vallenata y no vallenata, han sentido orgullo en sus corazones, de saberlo a sus 49 años, maestro entre maestros, los músicos al escuchar sus arreglos, sus producciones musicales impecables, seguramente hacen venia delante de su presencia,  su valía y grandeza, y conociendo a Leo,  su nobleza, su amor desinteresado y pasión por lo que hace,  sé, que le es suficiente.

Mas yo, después de escuchar, los arreglos hechos para Noches de Arreboles y La Brisita, interpretadas por el Tenor Miguel Scaff, sentí que me ardía la mente, y el corazón no me dejaba dormir en paz, hasta que abrí la página blanca y simplemente mis dedos cobraron vida propia para rendir honores a uno lleno de grandeza, que ustedes merecen conocer y yo, no pude ocultar.

Noralma Peralta Mendoza

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2 comentarios de “LEO BERMÚDEZ: UN TALENTO COLOSAL

  1. Cesar Alberto Moron Rumbo dice:

    Es un placer escuchar esos arreglos musicles del Maestro (Leo ) que siempre a guardado el arraigo costumbrista y la Autentisidad del Vallenato, es mas hace como 20 y tantos años yo muy Niño es cuche esas 2 canciones que le grabaron al Maestro con esa impregnacion Futurista que hoy es el manantial donde beben y reposan los jovenes artisticos de la Riquesa de sus arreglos Magicos y Musicales

  2. Pingback: EL QUE HACE LLORAR LAS GUITARRAS - Ojo Pelao´ Magazine

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