LOS FESTIVALES NO SON UN GASTO SINO UNA DULCE INVERSIÓN CONTRA LA VIOLENCIA

“Buenos días festival, fiesta tradicional, folclórico concurso, te vengo a saludar viejo Valledupar te saludo con gusto, desde mi tierra vengo yo con mis cantares con alegría a la tierra de Chipuco”

Cuando el corazón comienza a sentir el olor embriagador de los mejores tiempos del año, igual el calendario nos recuerda que ya huele a dulce de leche de Mongui, vino a mi mente la canción titulada “Abrazo Guajiro” de la autoría de Carlos Huertas Gómez de la cual siempre se ha comentado que mereció ser declarada ganadora en el Festival Vallenato en 1976 pero no fue así, a la cual corresponde el aparte preliminarmente transcrita.

En estos días he escuchado a mas de un amargado diciendo que para que “gastan” plata en festivales que eso no sirve para nada, desde luego, el derecho a la amargura y la autoflagelación es un derecho Constitucional Fundamental, y hay gente que lo disfruta a planitud, pero eso no les da ningún derecho a transmitir su pingarria personal a sus semejantes que piensan y sienten distinto.

Soy uno de los que piensan que cuando en los pueblos se realizan festivales, es un tiempo que le estamos robando a la delincuencia y la violencia criolla para regalárselo a la felicidad colectiva, es la manera mas sutil, efectiva y contundente de recuperar el territorio de las garras de los violentos, es la mas brillante oportunidad de llevar oxigeno a la mente de los pueblos y de recordar a quienes a falta de oficio el diablo se los ha puesto que ellos no tienen la última palabra.

Es evidente que nuestros pueblos poco a poco han venido siendo estremecidos por la intolerancia, el machismo, la envidia, las malas maneras y la altanería, eso no se corrige con garrote sino haciendo todo lo contrario, con música, fiestas, gestiones de beneficio común y de vez en cuando poniendo en su lugar a los imprudentes, es imposible cerrar los ojos y enterrar la cabeza como el avestruz a esperar que el peligro pase afectados, no esas vainas hay que afrontarlas porque los malos siempre son minoría pero hacen más ruido con eso logran amedrantar a quien se deje.

He escuchado a algunos loquitos diciendo que “Esa plata de festivales porque no se invierte en otras cosas mas importantes”, desde luego la ignorancia es atrevida, no saben o no quieren saber (porque la rabia y la mala leche ciegan) que los recursos destinados por la ley  para actividades culturales JAMAS se podrán invertir ni en agua potable, ni en salud ni otras áreas  de la administración, por la sencilla razón de que se deja de transitar los caminos de la constitución y la ley para caminar por  el filo de la navaja de los renglones del código penal colombiano, que  no le niega una pena a nadie.

Los festivales no solo son importantes sino indispensables para que los bandidos no se traguen a los pueblos, para recordarles que la muerte, la violencia, las malas maneras, los insultos,  la zozobra  y las malas costumbres  no van a pasar por encima de nuestro derecho de vivir sabroso, nuestros pueblos no son suelo fértil para la criminalidad, son fuentes de inteligencia, cuna de gente honrada y el vividero que heredamos de nuestros mayores que se hicieron respetar, eran escuchados y obedecidos, suficientes motivos para sentirnos orgullosos  de la cuna humilde donde nacimos y conscientes de la gran responsabilidad que tenemos de  cuidar y hacer respetar el terruño.

Ahora bien, se hace necesario reflexionar sobre algunas inequidades que se dan con relación a la manera como se les brinda el apoyo a los festivales, e a veces uno se da cuenta que se le autoriza la entrega de altas sumas de dineros a festivales respecto de los cuales uno se pregunta que cosas importantes están a portando apara la salvaguarda de la música vallenata tradicional y para la paz de los pueblos, mientras los que si cumplen plenamente con el objetivo tienen que rogar, mendigar y hacerse cansar  para que se le haga un aporte digno al certamen, a donde no se les cobra a la gente ni un centavo para que puedan participar en todo, eso no esta bien porque se transmite el mensaje equivocado que hay gente de primera y de segunda en la región, y eso resiente y es el caldo de cultivo de los estallidos sociales y los delincuenciales se benefician.

Soy por principio enemigo de los “Palcos” y mucho mas cuando para la realización de las fiestas se aportan recursos públicos, pienso que esa modalidad de atención a la concurrencia le imprime elegancia al escenario, pero también se puede asumir como una forma de recordarle la pobreza a quienes no están en capacidad de pagar millones para repecharse allí, y la inversión de los recursos del Estado deben garantizar igualdad de condiciones a las personas para el disfrute de los eventos. Esos que quedan por allá detrás, lejos del escenario principal, que no se pueden acercar a los artistas porque lo impiden los palcos sol los que tiran el raspao para que loes caiga encima a los que están adelante, los que tiran la piedra y esconden la mano buscando ensuciar la fiesta, y descargaran su frustración contra alguien, aunque siempre he pensado que ninguna persona a quien no se le cobre  por asistir a un evento musical o de reinado sale de ahí  con ganas de  matar a nadie, este tema es delicado

Exhortamos a los alcaldes, Gobernadores, empresarios, y ciudadanos en capacidad de ayudar a apoyar los festivales que son los que les garantizan la paz que se requiere en este país para seguir soñando con un mañana mejor, y también hacemos un llamado a todos los gestores culturales, y organizadores de festivales para que evitemos que estos certámenes tan caros a los afectos de los pueblos se conviertan en negocios privados, porque ese es el comienzo de su fin. ¡He dicho!

 

Luis Eduardo Acosta Medina

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