“Que milagro hiciste conmigo señora mía Virgen del Pilar, que me hiciste tú?”
El aparte transcrito corresponde a la canción “Mi alma el pleno” que en 1991le grabaron a Rafa Manjarrez, Ivan Villazon y Beto Villa.
La pregunta se la hago yo ahora a la Virgen del Pilar, ¿qué fue lo que hizo conmigo? Resulta que el 12 de octubre reciente pasado llegue más puntual que novio feo a la Jagua del Pilar para asistir a un ágape organizado por mi gran amigo Rafa Manjarrez y su familia, con motivos de la celebración del día de la Virgen del Pilar. Fue un evento sobrio, sabroso, familiar y con canto de entrada y de salida, con la connotación especial para mí que pasé la tarde con mi amigo y siempre admirado Emilianito Zuleta Díaz, él se puso feliz y yo más orgulloso con su compañía que gitana adivinadora en pueblo chiquito.
Fue una tarde maravillosa, las atenciones fueron oportunas y generosas, compartimos unos traguitos de whisky, un sancocho introductorio, previo al gran buffet, y bellas canciones interpretadas por los mismos compositores, aquello parecía un festival, donde luego al resbaloso jaquero nadie le incumple una invitación, buen anfitrión y mejor relacionista.
Todo estuvo a la altura de los invitados, desde luego gente importante de todas partes, hasta yo, hice mi ingreso al lugar estrenando una guayabera de color mamón que Enilfa Curiel “La aguja de oro”, bordo para este cuerpecito de Monguí, y también saqué de la cajeta para ese evento especial los zapatos VELEZ estilo FERRAGAMO para dar de que hablar en la celebración.
Yo estuve más feliz que colao en fiesta ajena, pues bien, todo era maravilloso, sin imaginar lo que pasaría después, resulta que siempre he pensado que uno debe irse cuando el cuerpecito le avisa que ya está bueno, a mí me llego el aviso, le dije a Janis mi esposa que me despediría de la comadre Linda y después nos íbamos, y así lo hice, entre a donde estaba la comadre con sus dos canillas encarapitadas sobre unas almohadas por su convalecencia, cuando regrese Janis no estaba, pensé que había cogido para el carro, había llovido, y cuando iba saliendo, iba caminando despacio y con glamour. Así como uno camina cuando sabe que le están chismoseando la pinta, y como les parece que no me percaté que el piso estaba como guabino enjabonado, patiné y cuando quise parar ya estaba acostado en el charco, caí de espalda y con mi brazo derecho golpeado, no me dolió tanto el tamacazo, si no el fatal estreno de mi vestimenta de presumir, y la tapa de la cajeta fue la pena de verme revolcado en el fango en frente de toda la concurrencia; un muchacho me ayudó a parar porque no daba por el dolor en el brazo, una vez en pie camine despacio como pisando cascaritas de huevo, sin mirar para atrás y en el carro me cambie la ropa, me puse la que llevaba guindada para Valledupar, y arranque de una para no verle la cara a los testigos presenciales.
Rafa y Linda no se percataron de mi piscinazo, eso sí otro día si llueve en la Jagua caminaré agarrado de los palos porque el gato que sube a una estufa caliente, no sube a otra ni si está helada.
Luis Eduardo Acosta Medina

