ORA HASTA QUE ALGO SUCEDA

Jesús le contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos:

“Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que, viniendo de continuo, me agote la paciencia” (Lucas 18:1-5).

A partir de este texto bíblico podemos afirmar que, si aquel juez, siendo injusto, irrespetuoso para con Dios y los hombres, hizo justicia a una mujer insistente, cuánto más no hará Dios por nosotros, quien no solo es justo, sino que nos ama con infinito amor.

No darse por vencido, orar por todo y de manera constante, no significa repetir a toda hora y diariamente lo mismo. Dice en Mateo 6:7, “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”, quiere decir más bien, presentar a Dios nuestras peticiones de manera continua, confiando que Él responderá cada una de ellas.

Está bien congregarse, está bien reunirse y orar con los hermanos, claro que está bien, de hecho, Jesús también se congregaba (Lucas 4:16) y, en Mateo 18:20 dice que, donde están dos o tres reunidos en el nombre de Jesús, ahí está Él en medio; pero orar en todo momento, es más que eso, significa hacerlo en toda situación que vivamos y enfrentemos durante el día, mientras se toma el baño, mientras se conduce al trabajo, en un semáforo, mientras nos acercamos al jefe a entregarle un informe, en una discusión que nos esté envolviendo, mientras vamos a la cocina a tomar un vaso de agua, en fin, todo instante es bueno para hacerlo.

Si bien, puede tomar oras elevar un clamor por una dura situación, también es cierto que, no es indispensable que las oraciones deban ser extensas, toda vez que Dios mira las intenciones de nuestro corazón, no las horas, minutos o segundos que nos dediquemos a ella. Tomar horas para interceder por un hijo que tiene problemas con las drogas es una oración; pero al salir del trabajo y decir “Señor, confío en que llegaré con bien a mi hogar”, algo que no toma sino unos segundos, también es una oración.

Si bien, en Mateo 6:6 dice que, cuando oremos, debemos entrar en nuestro aposento y hacerlo a puerta cerrada, no es menos cierto que no siempre estamos en casa, no siempre estamos en un lugar privado, tomar el tenor literal de las palabras pondría límites a nuestras oraciones y se nos haría muy difícil orar en todo tiempo y en toda ocasión como nos dice en Efesios 6:18.

Peticiones y agradecimientos breves ante cualquier circunstancia del día a día son oraciones; esmerarnos por cumplir las enseñanzas de Dios, llevar una vida íntegra delante de sus ojos, hace de nuestra manera de vivir una oración constante, en la que incluso, podemos pedir dirección en caso de dudas y perdón en caso de pecados, puesto que Dios conoce perfectamente nuestra fragilidad, sabe que no siempre vamos a actuar de manera correcta, amable, pura o digna. No siempre vamos a tener su aprobación, pero siempre vamos a tener su perdón si nuestro corazón está realmente arrepentido.

Así pues, podemos tener una vida de oración y hacer de nuestra propia vida una oración, en este mundo que tanto necesita la intervención de Dios, en este mundo en el que no solo necesitamos orar por nosotros, por nuestros seres queridos, sino por nuestros enemigos e incluso por personas que ni siquiera conocemos; tanta impiedad, tanta maldad, tanto temor, tantos desastres, tantas enfermedades, tantos hogares destruidos, tantos niños abandonados, tanta pobreza, tanta corrupción… son situaciones que necesitan de personas que se levanten en oración.

Ahora, es bueno tener claro que las respuestas a las oraciones no siempre son inmediatas, algunas pueden tardar solo unos minutos, otras pueden tardar días, meses o años, por eso es importante, que como aquella viuda que insistió ante el juez injusto, persistamos ante nuestro bondadoso Dios, ORANDO HASTA QUE ALGO SUCEDA.

Camila es una mujer excepcional, desde muy joven enseñó en la iglesia donde se congrega, adquirió madurez a temprana edad, nunca tuvo vicios y normalmente su conducta era intachable, para completar muy linda. Camila, la hija, la amiga, la empleada y hasta la esposa que todo padre, persona, jefe y hombre quiere tener; pero pasaban los años y Camila seguía soltera, 30, 31, 32, 33, 34 y, aunque Camila no se desesperó por tener un hogar, sí tenía ese anhelo en su corazón; soportaba con paciencia comentarios hirientes acerca de su soltería, puesto que, no sólo se sentía plena porque le bastaba el amor de Dios, sino que consideraba el tener un esposo como una bendición adicional a todo lo que ya tenía; sin embargo oraba constantemente por ese esposo, hasta que finalmente lo conoció. Hoy, luego de tantos años de oración, Camila tiene un esposo que la adora, en aproximadamente 10 años de casados no han tenido problemas de infidelidad, nunca se han separado, tiene ese hogar estable y real que va más allá de las apariencias, ese con el que toda mujer sueña y tres hermosos hijos que no sabía si iba a tener, pero su confianza estaba en Dios y esperó pacientemente su buena voluntad sin dejar de clamar.

Oración: Señor, gracias por escuchar mis oraciones y súplicas, perdóname porque muchas veces me he alejado de ti, unas veces por falta de fe y otras veces porque los afanes del diario vivir se convirtieron en una excusa. Hoy sé que puedo orar en todo momento y es mi anhelo hacerlo, quiero tener una relación de amistad contigo, aunque conoces mis peticiones antes de que me acerque a ti, quiero conversar acerca de ellas y ponerlas bajo tu control, también quiero conocer tu corazón y saber qué piensas acerca de todo lo que hago y digo. Muéstrame tu voluntad para orar conforme a ella y responde mis oraciones, aunque sienta que tardas en responder, que no se afane mi alma, que yo viva confiado (a) que tú responderás a su debido tiempo, en el tiempo oportuno. Amén.

Jennifer Caicedo

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