¿QUIÉN GENERA MÁS PÉRDIDAS HUMANAS EN EL PAÍS?

Durante la temporada de asueto, comienzo de año, carnaval, semana santa y puentes festivos los colombianos con algunas posibilidades económicas se dedican a viajar, mientras otros con ciertas limitaciones económicas se habitúan solo a descansar en familia, mirar televisión, escuchar radio, leer prensa; lamentablemente estos momentos de tranquilidad son alterados por las casi permanentes noticias sobre accidentes de tránsito o de personas que fallecen incineradas producto del arriesgado trabajo de la venta ilegal de gasolina.

Esta economía informal se ha convertido en una de las actividades más predominantes en el Sur de la Guajira. En San Juan del Cesar se cuenta con 18 puestos artesanales en los que se comercializa el combustible, puesto que el flagelo del desempleo y el desplazamiento cada día azota más. Para iniciar el negocio de esta economía informal solo se necesitan unas canecas, un pedazo de manguera, y ubicarse en los sitios estratégicos al lado y lado de las carreteras, en casuchas construidas con cuatro estacas, un techo de cartón, zinc y talegos plásticos, allí montan su negocio.

Para despachar, la gasolina se succiona con la boca para vaciarla al tanque o al vehículo hasta donde llegan a tanquear los conductores en forma irresponsable, a estas las cuales se constituyen en verdaderas bombas de tiempo.

Los niños menores de edad trabajan con esta economía informal son los que succionan la manguera, en cuya venta alcanzan a ingerir pequeñas cantidades que le causan mucho daño también al organismo. Las autoridades de la península de la Guajira han dicho que el menos en esta actividad es contratado con el fin de evadir las responsabilidades para que no sean judicializados, según los expendedores que contactamos están en esta actividad porque no encuentran otra y esta le ha servido para ganarse el rechazo incluso del vecino país de Venezuela donde somos vistos como corruptos contrabandistas, bandidos.

Nuestros indígenas Wayuu también se han dedicado a esta economía ilegal dado que no encuentran otra posibilidad laboral.

Desde mi óptica puedo asegurar que muchos de nuestros abuelos añoran aquellos tiempos en que nos movilizábamos en yeguas, caballos, burros, bicicletas, poca tecnología, pero mucha más seguridad. Algunos más osados aseguran que si no hubiera sido por ese maldito vehículo, los violentos no podrían realizar sus fechorías con tanta velocidad para secuestrar a un ganadero, por ejemplo, llevárselo en burro desde un pueblo hasta otra localidad, resultaría más difícil o resultaría más fácil capturar al delincuente por parte de las autoridades.

Con la tecnología, el modernismo y la globalización llegan las consecuencias fatales dado que lo ideal y lo deseado por el hombre de hoy es poseer un vehículo último modelo, cero kilómetros entre más cerca corra mejor, claro que como seres humanos no podemos ir en contra de la tecnología, los avances y la globalización; nuestra visión de progreso debe ir más allá de motivar a los conductores para que su comportamiento como buen ciudadano sea el de preservar su vida y la de sus semejantes.

Vale la pena traer a colación el ejemplo del ex alcalde Antanas Mockus en Bogotá, el cual con el plan pico y placa logro bajar el índice de estrés que se padecía en la gran ciudad. Eran otras épocas, pero muy añoradas.

Ana Cecilia Fuentes

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