¿Y MIENTRAS VIVES, TIENES UN PLAN?

Me llama mucho la atención saber que luego de finalizar un año, nos planteamos propósitos y planes para el año siguiente, sin embargo, pocos planteamos propósitos en los que nos enfocamos con el anhelo de persistir en ello hasta haberlo logrado, por difícil que estos sean.

Hace mucho conocí la historia del cuidador de un faro, cuyo trabajo era mantenerlo encendido, gracias a una gran porción al aceite que estimulaba la llama; pero el cuidador del faro era tan noble y caritativo, que una vez llegó una viuda para pedir un poco de aceite para cocinarle a sus hijos y el noble señor pensó que en nada afectaría su obra al faro y se lo dio, luego un caballero pidió otro poco de aceite para encender una fogata y calentar su casa y el cuidador hizo otra obra de bien, luego otro caballero le pide un poco para las ruedas de su auto y también le dio. Poco después notó que había quedado sin aceite y el faro se apagó, aun sabiendo que por ser justo o bondadoso se apagó el faro, el cuidador se sentía culpable y su jefe le manifestó que debía ser despedido, porque él no había sido contratado para hacer obras de caridad, sino para mantener el faro encendido. ¿Qué injusto verdad?

Pero aquí viene la reflexión, a algunas personas se les va la vida entera desenfocados, por no tener un plan y pierden el norte de la existencia. La pregunta no es ¿por qué estoy vivo, sino para qué se me dio una vida?, el estar desenfocado y no tener un plan, nos hace perder propósitos. Todos nacemos con un plan, solo que muchos no nos proponemos cumplirlo y entonces nos convertimos en aprendices de todo y maestros de nada. ¡Perdemos la visión!

Necesitamos un plan de vida, propósitos, sueños, metas que estemos dispuestos a cumplir sin salirnos del carril. Cuando no tenemos claro nuestros planes, tenemos corazones distraídos, no enfocados, vidas sin estrategias, sin prioridades.

¿Qué te despierta cada mañana, una obligación, una rutina incontrolable o un sueño? Suena fuerte, pero muchas veces, para lograr propósitos en la vida, tendremos que regalarnos y regalarle a otros el “NO”, eso significa dejar de hacer más por otros que por nosotros mismos, dejar de hacer sacrificios por el que dirán, por evitar ofensas o disgustos, pero lo más real en todo este recorrido llamado existencia es que la vida se nos irá y es allí donde sabremos si vivimos nuestro paso por la tierra cumpliendo nuestros sueños o ayudando a otros a vivir los de ellos sin alcanzar la plenitud de nuestros anhelos.

Necesitas tener prioridades, pero además de eso concentrarnos en ellas, porque de lo contrario seremos como aquellos que empiezan tareas y nunca las terminan; además existen quienes están concentrados, pero no tienen prioridades, eso también estanca.

Y también están quienes se concentran y conocen sus prioridades y aprovechan así la única vida que se les asignó. ¿Te miras al espejo y te gusta lo que ves? ¿Te gusta en lo que te estás convirtiendo? Las arrugas del alma vienen por la falta de propósitos, por la escasez en el corazón de esa llama que enciende la vida cuando haces lo que amas para ti y por ti. Que privilegio quienes dicen: “Yo nací para esto” y lo hacen, cumplen su propósito y viven a plenitud entendiendo que primero tienes que ser feliz tú, para contagiar e inspirar a otros.

¡Apresúrate! no hay mucha vida y es maravilloso descubrir para qué naciste y cumplirlo, antes de que esta se nos acabe. El 2022 apenas comienza, ¿y ahora, vivirás un nuevo año ayudando a vivir la vida y planes de otros o los tuyos? Cargar con la responsabilidad de los planes de otros, nos hace pesada la vida. Lograremos los propósitos de acuerdo a la seguridad y perseverancia con la que camines hacia tus sueños, recuerda que Dios te dio el aceite para que mantengas encendido el faro.

Jaimelis Fonseca Sierra

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