¿Y SI LEGALIZAMOS LA COCA?

Muchos académicos y políticos en el mundo coinciden en que la guerra contra las drogas en su forma actual fracasó en América y Europa. Colombia como mayor productor y exportador de cocaína se ha visto particularmente afectada por la guerra anti drogas. Ante el desespero de cómo solucionar el problema del narcotráfico en nuestro país, el gobierno actual de Gustavo Petro y sectores cercanos han planteado la idea de legalizar drogas como la marihuana y la cocaína.

“La única manera de combatir y erradicar el tráfico de drogas es legalizándola por completo.”, dijo hace poco Gustavo Bolívar, senador del Pacto Histórico. De hecho, el Bolívar manifestó que ya está en marcha un proyecto de ley para la legalización de la cocaína, y también enfatizó que los países productores como Bolivia y Perú (y México como país de tránsito) deberían aprovechar que tienen gobiernos “progresistas” para actuar en bloque a la hora de presentar propuestas de legalización a la comunidad internacional.

¿La legalización de las drogas puede ser una solución para el narcotráfico? El narcotráfico a menudo se define como comercio ilegal de estupefacientes y es una actividad que no suele limitarse a fronteras nacionales. Si Colombia legaliza el comercio de estupefacientes, lógicamente se acabaría con el narcotráfico como delito. Pero solo en Colombia. Mientras existen mercados en países que prohíben la cocaína, para los narcos colombianos siempre será más lucrativo exportar hacia aquellos países. Esto también lo tienen claro los mismos sectores políticos que proponen la legalización en Colombia.

Sería ingenuo pensar que los grupos de narcotráfico dejen de exportar ilegalmente cocaína a países como Estados Unidos por el simple hecho de poder venderla legalmente en Colombia. Seguirán existiendo carteles de droga que asumen los riesgos de la ilegalidad para obtener una rentabilidad que superaría por mucho la del eventual comercio legal en Colombia. En resumen, las narco-oligarquías colombianas se seguirán fortaleciendo con las ganancias en dólares, euros o yuanes.  Probablemente, incluso más que antes, ya que dentro de las fronteras colombianas no tendrán que temer la persecución jurídica en caso de legalización. La violencia relacionada al control de las rutas para exportar la droga tampoco se acabaría.

La idea de que los países productores de cocaína dialoguen con los países consumidores para replantear sus políticas antidrogas no deja de ser interesante y merece mayor estudio. Actualmente se puede hablar de una tendencia global para legalizar la marihuana, ya sea para uso recreativo o medicinal. Hasta países como Tailandia que han tenido históricamente una política antidroga muy represiva (pero exitosa), despenalizaron parcialmente la marihuana.

Sin embargo, aun parece utópico pensar en que países consumidores como Estados Unidos, Reino Unido o países de la Unión Europea vayan a descriminalizar el comercio de la cocaína a corto o mediano plazo. Mientras que estos países no cambien su enfoque de las políticas antidrogas, el gobierno colombiano tendría que seguir la lucha contra grupos involucrados en la exportación de la cocaína. Y esto, significaría un continuismo del enfrentamiento estatal con organizaciones criminales, algo que el gobierno actual quiere evitar para así poder llegar a la mencionada “paz total” en Colombia. Al no comprometerse con la persecución jurídica o militar de los exportadores de drogas, el gobierno Petro se verá confrontado con fuertes reacciones de la comunidad internacional, que probablemente incluirán sanciones por parte de los Estados Unidos.

El diálogo entre los países productores y consumidores es importante. Dejar satisfecho a ambas partes, será un reto enorme que se debe enfrentar con pragmatismo político y no con fanatismos ideológicos.

 

Andreas Mariano Althoff Ospina

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