LA GUERRA DE DESINFORMACIÓN ENTRE INFLUENCER Y BODEGUEROS

La desinformación o mala información hace carrera en nuestro país a través de las famosas bodegas en una confrontación de intereses por las redes sociales. A diestra y siniestra se ataca a personalidades de la vida nacional, la política, la cultura, la farándula, el deporte, la música, las artes y la vida pública. Se agrede la honra, el prestigio, el buen nombre, la familia y la reputación de manera infundada y temeraria muchas veces, solamente porque se pretende opacar la luz o las virtudes de los demás. Esto se llama sálvese quien pueda si tiene resiliencia y una buena dosis de paciencia y prudencia para resistir los ataques.

Allí en el medio, está el ciudadano secular, desprevenido e incauto, como blanco de conquista, con las manos en la cabeza y confundido porque no sabe que camino seguir con tanta información sin una fuente cierta. Pero lo más grave es que hay quienes hablan por la boca de otros y replican y difunden esa información sin saber si es cierta o no, ni tampoco imaginan el daño que le hacen a los demás. Se olvidan que a veces una mala información o una desinformación puede ocasionar un perjuicio irremediable. Indigna ver tanta basura que debiera ir a la caneca de reciclaje y no a las redes sociales y muchos inconscientes hasta llegan a creer que los justos son villanos o que la mentira es verdad.

Los autodenominados influencer se ganan la vida impulsando y promoviendo ideologías y personalidades y en permanente campañas de desprestigio contra rivales y oponentes de sus patrones. Así como se observa el país de polarizado también están las redes sociales con tantas bodegas e influencer, quienes tienen atiborrados los canales, medios y micrositios con sus mensajes subliminales o frenteros tratando de influenciar sobre los demás. Esta era de las tecnologías de la información y las comunicaciones tiene sus bemoles, como se usa para el bien se usa para el mal. Somos nosotros los ciudadanos quienes debemos hacer uso de fuertes convicciones para no dejarnos influenciar ni adoctrinar por otros que tienen sus propios intereses y quieren utilizar la opinión de los demás para aprovecharse.

Ojo e garza, dijo El Tigre Carrillo, como las gacelas hay que dormir de pie, y no dejarse manipular los criterios, ni el carácter, ni la opinión, ni el conocimiento por alguien que actúa muchas veces en la sombra y no se conoce. La vida hay que vivirla con propósitos y saber para adonde vamos y no estar en ella como hoja que lleva el viento, que no sabe para adonde va. Hay que tener los pies sobre la tierra y la cabeza tocando el cenit del cielo. Mira que esos influencer y bodegueros andan sueltos en el tinglado del boxeo de la vida, en una esquina u otra, tirando puñetazos para ganarse la vida como todo buen pugilista.

Tengamos cuidado porque ellos montan sus parapetos que confunden con la realidad y si tu no tienes tus criterios propios y fuertes convicciones, te adoctrinan y te meten al corral de sus ovejas y te pastorean. Recordemos que hay quienes con dulces palabras y suaves lisonjas se roban la atención de los incautos y los conquistan y los ponen de su lado y cuando despiertan de ese letargo, ya es demasiado tarde. Tengamos el discernimiento y la sabiduría para diferenciar entre aquellos que le apuestan al mal y los que le apuestan al bien.

Entre los que le apuestan a la paz y los que le apuestan a la guerra, entonces sí, escojamos el camino a seguir con nuestra propia opinión y criterio.  Recordemos que hay veces que la mentira la convierten en verdad y viceversa, así como también el azúcar no las presentan como sal para engañarnos. Tal y como está escrito, estamos en los días postreros, donde el hombre ha perdido el afecto natural por sus semejantes y es fiel a sus propios intereses y no le importa el daño que pueda hacerle a los demás ni a la sociedad en general.

Es hora de atesorar mucho fundamento para el porvenir de la sociedad y la familia, actuando sin poner el interés particular por encima del interés general y defendiendo las causas comunes. Es hora de comprender que vivimos en una guerra sin cuartel donde cada quien defiende lo suyo con egoísmo y sin pensar que la vida sigue con nosotros o sin nosotros, porque solo somos unos pasajeros de la vida

  

Rafael Humberto Frías

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