ALEA IACTA EST

A pocos días de la primera vuelta presidencial, el dado ha sido lanzado; la suerte está echada (meses atrás), y las decisiones tomadas son irrevocables, como lo cuenta la historia que ocurrió en el año 49 a.C., al cruzar el Emperador Julio César el río Rubicón y sin posibilidades de regreso, desencadenar una guerra civil al desafiar a la República y a la Lex Romana: Alea iacta est.

Es tirar la moneda, como cuando el torero se va a “Portagayola”, para recibir de hinojos a un toro que sale de chiqueros; allí las posibilidades de vida o muerte son de 50% y 50%. Esa es la probabilidad de éxito que un gobierno de derecha democrática tendría en los próximos cuatro años, tal como se polarizan acentuadamente todas las cosas, por unos egos e intereses realmente absurdos, provenientes, claramente, de la orilla centro – izquierda uribista.

Lo primero es que navegamos por una nube farragosa, turbulenta y sesgada de encuestas, profundamente afectadas por la “Ley de Encuestas” e influenciadas por un gobierno que descaradamente ha participado ilegalmente en política, y que día a día agrede a la oposición, sumado a los presuntos prevaricatos de ciertos magistrados “prohibicionistas” del Consejo Nacional Electoral, con matrícula en el Pacto histórico, lo que ha distorsionado todo y confundido al ciudadano.

En Colombia, hay aproximadamente 18 millones de personas que no salen a votar y que, muy probablemente, por la coyuntura histórico – política de estas presidenciales, era muy importante que tuviesen toda la información objetiva disponible, con las tendencias de preferencia de voto y estadísticas fiables, sin ninguna interferencia o restricciones sobre los resultados, para que tomaran una decisión. Esta herramienta fallida, alimentará, una vez más, la abstención.

Pese a lo anterior, descarto de plano que en primera vuelta gane la izquierda radical, sin prejuicio del fenómeno Uribe, que sí puede volver a ocurrir.

El dado ha sido lanzado cuando nueve meses atrás pudo existir el procedimiento expedito para acordar una candidatura de derecha única, ponderando los principios y la visión de los dos partidos políticos de verdadera oposición: el centro democrático y el movimiento de salvación nacional, con otros muchos aliados dispuestos a apoyar un propósito único de país. El resultado fue la división; toldas separadas y una candidatura discutida y nada transparente, sacrificando a personas muy valiosas de las entrañas mismas del uribismo fundamental.

La suerte está echada cuando el centro democrático, bajo el espejismo de una consulta interpartidista, se cohesiona y fusiona con la inútil centro derecha de los negociadores de siempre; con los rojos, azules, verdes y toda la “social bacanería” de las corruptelas al mejor postor, asumiendo su candidata posturas incoherentes, irrespetuosas y desesperadas, que favorecen al heredero y ponen en riesgo vital a su aliado natural, gracias a esa tozudez impulsiva. Ojalá, en el evento de una segunda vuelta frente al enemigo común, estas heridas no sean definitivamente incurables o los ánimos irreconciliables, sin poder regresar del Rubicón.  

Lo segundo y último para terminar, decir que mi generación sí recuerda el fenómeno Uribe, que desde el año 2000 y con un pírrico guarismo del 5% de favorabilidad frente a los grandes barones de la política de entonces, ganó en primera vuelta dos años después, cuando el umbral no superaba el 30%. De tal suerte, que esos fenómenos cíclicos pueden volver a ocurrir, para enseñarnos a ser más sanguíneos y menos coléricos, como prescribía Galeno.

Al final del día hay que estar unidos, apartando las diferencias o las estupideces o ambas cosas, a pesar del ego y la soberbia; porque el enemigo que tenemos enfrente es más peligroso de lo que podemos imaginar: hay que estar unidos contra el grupo de puebla, contra el foro de Sao Paulo, contra el cartel de los soles, que no es más que el neo comunismo que arrebata la vida desde el vientre materno, que atenta contra las instituciones democráticas, las libertades, la familia y la propiedad privada; son los ex convictos con poder político, los expoliadores del erario, los pontífices de una nueva moral corrupta proclive al delito, al odio, la mentira y la infamia como principios, llámese chavismo, kirchnerismo, orteguismo, evomoralismo, correísmo, castrismo, sanchizmo,  petrismo y demás versiones del crimen organizado.

Esperamos que a partir de la primera semana de junio se recobre la sensatez y los demócratas de una nueva derecha se puedan sentar juntos para hablar de horizontes más claros.

 

Luis Eduardo Brochet Pineda

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