LAS PALABRAS QUE TAMBIÉN HIEREN

Hace algún tiempo vi en redes sociales un video que ha vuelto a mi memoria en estos días de campaña.

En él, el candidato Abelardo de la Espriella afirmaba que haría todo lo que estuviera a su alcance para “destripar” a la izquierda porque, según sus palabras, “no merecen otra cosa”. En la misma intervención calificaba a la izquierda como un “cáncer” al que había que “enfrentar, derrotar y castigar”.

Confieso que no fue la referencia política lo que más me inquietó.

Fue la palabra: “Cáncer”.

Una palabra demasiado pesada para ser utilizada como insulto.

Una palabra que llega cargada de hospitales, madrugadas interminables, tratamientos agotadores y silencios que parten el alma. Una palabra que miles de familias colombianas conocen demasiado bien.

Mientras algunos la emplean para describir a sus adversarios políticos, otros la escuchan sentados frente a un médico. La escucha una madre que intenta ser fuerte por sus hijos. La escucha un hombre que sale del consultorio preguntándose cuánto cambiará su vida a partir de ese instante. La escucha una familia entera que aprende a convivir con la incertidumbre y el miedo.

Para ellos, el cáncer no es una metáfora.

Es una batalla cotidiana, es una ausencia que todavía duele, es un nombre grabado en una lápida.

Por eso resulta tan desafortunado convertir esa enfermedad en una herramienta de confrontación política. Porque detrás de esa palabra hay sufrimiento real. Hay personas reales. Hay historias que merecen respeto.

Las diferencias ideológicas son normales. Las democracias viven de ellas. Pero cuando comenzamos a describir a quienes piensan distinto como enfermedades, dejamos de discutir ideas y empezamos a cuestionar la humanidad de las personas.

Y Colombia debería saber mejor que nadie a dónde pueden conducir esos caminos.

Las palabras crean climas. Alimentan emociones. Construyen percepciones sobre el otro. Por eso los liderazgos tienen una responsabilidad especial con el lenguaje que utilizan.

No todo vale en política, no todo debería decirse.

Y hay palabras que merecen ser tratadas con la misma dignidad con la que enfrentan la vida quienes las padecen cada día.

“Cáncer” es una de ellas.

 

José Jorge Molina Morales

DESCARGAR COLUMNA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *