Aunque las cifras de votos finales, luego de concluido el riguroso escrutinio -cuyo resultado arrojó un incremento de 1024 votos a su favor-, obtenidas por cada candidato nos indican que fue una votación reñida, también se puede concluir que el triunfo de Abelardo de la Espriella fue épico, inobjetable y claro.
En efecto, fueron 12.960.166 colombianos los que votaron por su candidatura para sacar a la izquierda del Poder. Mas allá de cualquier extraña estrategia política que pudiera llevar a algunos -entre ellos a Petro- a insistir en no reconocerlo oportuna y públicamente como presidente electo de la Republica de Colombia, la realidad contundente es que Abelardo fue elegido por la mayoría de los colombianos como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa de Colombia a partir del 7 de agosto del presente año.
El Consejo Nacional Electoral, así lo determinó e informó públicamente en la audiencia formal, realizada el pasado jueves, en la que entregó formalmente las respectivas credenciales como presidente y vicepresidente, respectivamente, a Abelardo de la Espriella y a José Manuel Restrepo, despejando enfáticamente cualquier duda al respecto y alejando las posibles protestas violentas que anunciaron algunos alfiles petristas.
La jornada democrática del domingo 21 de junio demostró, una vez más, la fortaleza del sistema electoral colombiano, imponiendo un récord de participación ciudadana del 63.3% del censo electoral, el mas alto de nuestra historia. La mayoría de los colombianos decidimos en democracia y con libertad, excepto en regiones periféricas donde imperó el voto fusil, presionado por los grupos armados ilegales: guerrillas y organizaciones criminales y narcotraficantes. Votos que favorecieron al candidato Iván Cepeda, tal como lo demuestran los resultados de mesas con alta votación a su nombre.
El triunfo de Abelardo, un “outsider” sin estructuras partidistas y politiqueras, fue más meritorio aún porque se dio en un contexto en el que el gobierno nacional, encabezado por el presidente y sus altos funcionarios, aferrados al poder, participaron en forma descarada e indebida en el proceso proselitista, no solo en forma vocal y escrita en redes sociales, sino orientando todo su accionar económico, con ayudas en dinero y en especie, en una ilegal compra de votos en favor de su candidato Cepeda.
Su victoria no fue una sorpresa, dado el gran fervor y apoyo espontaneo reinante, tanto que muchos esperábamos una mayor diferencia de votos a favor de Abelardo, pero esa es nuestra democracia y cualquier número de votos superior a los del contrario aseguraban su elección. En nuestra historia hubo varios presidentes que fueron elegidos con menor diferencia.
Indudablemente los efectos del protagonismo proselitista del gobierno se reflejaron en los resultados de la elección, en la que su candidato Cepeda obtuvo más de 3 millones de votos adicionales a los obtenidos en la primera vuelta. Sorprendentemente, teniendo un candidato oriundo del Caribe, como lo es Abelardo, el otro candidato obtuvo el triunfo en todos los departamentos de esta región. Ocurrió lo mismo en muchos municipios; por ejemplo, en La Guajira triunfó en 14 de los 15 municipios. Solo en San Juan las mayorías se manifestaron a favor del presidente electo. Es triste ver esos resultados, pero esa es nuestra imperfecta democracia, que respetamos y debemos cuidar.
Ahora el presidente electo tiene muchos retos por cumplir, comenzando por recuperar la dignidad del cargo, enderezar el rumbo del país para superar el descontento ciudadano y trabajar por el desarrollo de las regiones, buscando ampliar, en forma incluyente, las oportunidades de trabajo e ingreso para todos los colombianos.
La bomba fiscal que recibirá, la alta inseguridad reinante en los territorios, la profunda crisis de la salud y la no menos preocupante crisis energética, serán, entre otras, sus prioridades gubernamentales. Las que deberá superar aun sin contar con un Congreso favorable, pues allí nadie aporta sin que le entreguen nada a cambio. Grandes y abundantes retos, que sin dudas se podrán superar por el bien de nuestro país.
Álvaro López Peralta

