LA ARQUITECTURA DE LA TRAICIÓN: EL JUEGO DE LOS «CONGELADOS» Y EL PRECIO DE UNA PAZ SIN HONOR

El Despertar de una Nación Bajo el Yugo

La tarea que hoy nos convoca no es simplemente administrativa; es una misión de salvamento nacional. Colombia se enfrenta a la obligación histórica de limpiar la casa, devolverle el honor a nuestra fuerza pública y restablecer la autoridad que jamás debió ser objeto de transacción en mesas clandestinas. Estamos ante un punto de inflexión donde la dignidad nacional ha sido puesta en jaque por una estrategia de seguridad que, lejos de proteger al ciudadano, parece haber sido diseñada para blindar al criminal.

 

El Escándalo de los «Congelados»: La Indignación Hecha Audio

El país ha quedado en un estado de estupor tras las revelaciones de Noticias Caracol. Los audios y videos que hoy circulan no son solo piezas periodísticas; son la evidencia de una traición sistemática. La frialdad con la que el ex alto comisionado de paz, Danilo Rueda —cuya trayectoria en la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz ya advertía un sesgo ideológico profundo—, negociaba el destino de nuestras instituciones es aterradora.

Sus promesas a alias «Jerónimo», cabecilla del Clan del Golfo, revelan un poder paralelo que se atrevió a decidir sobre la permanencia de generales, el freno de extradiciones y la manipulación de la inteligencia militar para favorecer estructuras delictivas. La expresión «¡Juguemos a los congelados!» pasará a los anales de la infamia como el epitafio de un Gobierno que decidió maniatar a sus propios protectores mientras los verdugos expandían su dominio.

 

Un Estado que se Hizo el de la Vista Gorda

Ante la magnitud del escándalo, el actual ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha calificado lo revelado como un «concierto para delinquir» y una conspiración contra la seguridad nacional. Sin embargo, sus palabras suenan más a una confesión tardía de impotencia que a una verdadera explicación de mando. Mientras tanto, desde la comodidad de su embajada ante la Santa Sede, el exministro Iván Velásquez pretende lavarse las manos negando conocer los pactos de Rueda, a pesar de que bajo su gestión se dio la purga de decenas de oficiales que eran el muro de contención contra estas estructuras.

 

Paz Total o Paz Cocal: El Jardín del Narcotráfico Mundial

Resulta alucinante que este proceso de degradación institucional haya sido bautizado como «Paz Total». Las cifras, sin embargo, sugieren un nombre más acorde con la realidad: «Paz Cocal». Bajo esta política, Colombia ha retomado con fuerza el deshonroso primer lugar como productor y exportador de cocaína en el mundo. Según el último informe de la UNODC, los cultivos de hoja de coca han alcanzado la barrera histórica de las 361.000 hectáreas. El Estado colombiano parece haber decidido hacerse el de la vista gorda, permitiendo que el territorio nacional se convierta en el jardín del narcotráfico global bajo una mirada cómplice.

 

La Expansión del Crimen: El Control Territorial Perdido

El costo de esta inacción es evidente y doloroso. La Defensoría del Pueblo afirma que 890 municipios —casi el 81% de nuestra Colombia— están bajo el yugo de grupos armados que se expandieron sin control. El Clan del Golfo, por ejemplo, ha multiplicado su presencia, pasando de 165 a 738 municipios en un tiempo récord, operando como un verdadero «holding criminal» que ya no solo controla rutas, sino que suplanta la ley en los territorios.

Por su parte, Otty Patiño, el comisionado que relevó a Danilo Rueda, también dejó su firma en documentos que muestran cómo, bajo el ropaje de la paz, se suspendieron acciones militares, de inteligencia y policiales contra estructuras terroristas como la Segunda Marquetalia. Mientras se solicitaban garantías de protección para sus cabecillas, a nuestros soldados y policías se les frenaba la iniciativa y se les desautorizaba en el terreno.

 

El Grito de la Fuerza Pública: Instituciones Heridas

Esta semana, el coronel (r) Javier Valenzuela reveló en La FM lo que muchos oficiales vivieron en silencio: que la paz se convirtió en un freno para operar. Como excomandante de la Fuerza de Tarea Hércules, denunció que recibió órdenes directas para retirar pelotones en zonas de Nariño donde había información precisa sobre criminales y explosivos de la Segunda Marquetalia. Ninguna institución sobrevive cuando desde el poder político se le ordena dudar de su propia misión constitucional. El resultado es devastador: durante este gobierno, más de 30.000 hombres han salido de las filas entre deserciones, retiros y bajas, dejando a la nación vulnerable.

 

La Radiografía del Dolor: Cifras de una Realidad Brutal

La distancia entre el discurso oficial y la realidad se mide en la sangre de las víctimas. Según datos de la Unidad para las Víctimas, entre agosto de 2022 y junio de 2026, fueron incluidas en el Registro Único de Víctimas más de 1.074.190 personas. Solo en estos años se reconocieron más de 1,2 millones de casos de desplazamiento forzado, 700.000 amenazas, 271.000 confinamientos y más de 95.000 homicidios. Prometieron paz, pero dejaron avanzar la guerra; prometieron proteger al pueblo, pero terminaron protegiendo al criminal.

 

El Horizonte del Cambio: Orden, Justicia y Soberanía

Frente a este desolador panorama, el presidente electo, Abelardo De La Espriella, ha fijado una posición de firmeza inquebrantable. Al recibir sus credenciales, lanzó un ultimátum perentorio de 30 días, a partir de su posesión, para que los grupos armados cesen toda actividad criminal y se entreguen a la justicia bajo los términos del Estado, sin beneficios espurios ni estatus políticos. La justicia tiene ahora la palabra y el respaldo de un mandato que exige orden.

 

Estos grupos buscan la toma del poder mediante la violencia y la intimidación. Lo hemos visto en países como Chile, Perú y Bolivia; donde gobiernos de izquierda dejaron una herencia de grupos criminales consolidados como poderes fácticos que hoy amenazan las democracias desde adentro. En Colombia, el crimen organizado se ha convertido en el verdadero dueño del territorio, secuestrando la soberanía para perpetuar su dominio desde las sombras.

 

Conclusión: Un Compromiso con el Futuro

La tarea es histórica y no admite demoras: limpiar la casa, devolverle el honor a nuestra fuerza pública y restablecer la autoridad que nunca debió negociarse. El tiempo de jugar a los «congelados» ha terminado. Colombia exige justicia, exige autoridad y exige, por encima de todo, que se respete su soberanía. La reconstrucción nacional empieza por reconocer la verdad y actuar con la determinación necesaria para que ningún criminal vuelva a desafiar la voluntad del pueblo colombiano. ¡Porque la soberanía no se negocia!

   

Abel Enrique Sinning Castañeda

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