EL LEGADO DE LOS MAYORES LE HA QUEDADO GRANDE A LAS NUEVAS GENERACIONES

“Hoy llegue a mi pueblo, recorrí sus calles buscando recuerdos observe sus casas vi pasar la gente note todo nuevo, busque los amigos que en aquella escuela compañeros fueron, ya no eran lo mismo, no estaban completos reinaba el silencio, veo pasar el tiempo …se van los abuelos se quedan los nietos”

En día reciente pasado fui al lugar a donde enterraron mi ombligo, y mientras compartíamos con amigos y familiares un delicioso friche con bollos limpios de maíz -del original con las vísceras y la sangre-  un caudal de recuerdos de tiempos pretéritos abrumó mi corazón, igual vino a mi   mente el aparte transcrito de la canción “La niña del pueblo” de la autoría de Roberto Daza Urbina que grabaron los Hermanos Zuleta y fue incluida en el LP “mi acordeón” en 1985.

Evidentemente, el 16 de julio tal como lo había prometido a Elida una dulcera de caldero y paleta, coronada campeona por haber preparado el mejor dulce de los que compitieron alguna vez en el festival fui a Mongui a llevar al Padre Cristian para oficiar la misa a la Virgen del Carmen, allí estuvimos debajo de una enramada previamente adecuada para ese acto especial, culminada la Eucaristía, fuimos sorprendidos por las delicadas atenciones de nuestros sobrinos y generosas damas que llegaron a ayudar y acompañar con  algunos platos de aquellos que no se disfrutan a plenitud en los restaurantes a donde toca comer con el dedo meñique levantado y sin agarrar el toilete de yuca harinosa con la mano, fue aquel un día diferente para mí.

Aquel día me embriague pero de recuerdos, recordé que para esa fecha a mi vieja se le pinchaba una vena de las varices de la pierna, coincidencialmente le sucedió como tres años seguidos, y era Asdrubal Pinto un sobrino de mi abuelo elemental como el agua pero muy inteligente quien con sus oraciones le “Paraba la sangre”,  se cómo lo hacía pero lo lograba, colocaba su mano en el sitio por donde la sangre salía, rezaba en silencio y cuando quitaba la mano de allí la hemorragia había cesado, yo le dije una vez que me enseñara y me dijo que lo haría cuando yo estuviera grande.

La última vez que se le presento ese sangrado a mamá, llegó mi Madrina querida, Olga Ibarra Amaya a darse cuenta de ella y le dijo, “Comadre, alguien hizo una promesa a la Virgen del Carmen por la salud suya y no la cumplió”, desde luego mi madre recordó que fue operada de las varices en la Clínica Bautista de Barranquilla quince años antes, entonces mi madrina le ofreció acompañarla a Treinta a donde se encontraba la Virgen para que le diera las gracias por el favor recibido y le llevaran un Velón para alumbrarla.

Coincidencialmente mientras las comadres hablaban del tema llegó Álvaro mi hermano en un  carro, y le contaron la situación entonces de inmediato organizaron el viaje, fueron a donde estaba la Virgen del Carmen, le llevaron el velón, mi madrina se llevó un librito de oraciones, y regresaron al pueblo con la seguridad de que la deuda estaba saldada, y creo que hasta el Paz y Salvo le dio a la madre mía porque más nunca la vena se volvía romper, desde entonces quedo incorporada en su mente entre sus santos devotos también la “Purísima concepción de treinta”,  junto a San Martin de Loba el de Machobayo, San Rafael Arcangel el de Calabacito y Santa Rita de Casia de Mongui,

También recordé lo que me sucedió  el 16 de julio de 1988 cuando cursaba mis estudios de Derecho en la Universidad del Atlántico, resulta que fue asesinado en Barranquilla un hermano de Jamides una compañera estudiante, él era policía, para cumplir con el sagrado deber de acompañarla en aquel momento difícil para ella y su familia,  compañero en la U,  mi amigo y compadre espiritual Rafael Libardo Rafael Ramírez Toncel y yo fuimos a dar el pésame  a la casa de la compañera, tal como a uno se lo enseñaron en la casa, allí conversamos con otros compañeros y compañeras que llegaron, comimos prójimo, tomamos café, y después todos se fueron despidiendo, el compadre y yo convinimos “acompañar” otro rato el velorio, cuando ya vimos que almuerzo no iban a repartir, cosa que en La Guajira es ineludible, decidimos irnos, y paramos un bus de unos que tenían una tablilla especial  con esta indicación, “TSS” es decir Transporte sin Subsidio, el creía que yo tenía plata suficiente y yo pensaba que el tenia flujo de caja, cual sería nuestra mutua sorpresa al subir antes de pasar el torniquete él me dijo “Compadre pague usted” yo le dije “No me alcanza para los do” entonces él quiso palabrear al conductor contándole en voz baja que éramos estudiantes que nos faltaban trescientos pesos, el tipo le clavo los frenos a fondo al bus, tan fuerte que él y yo chocamos de frente con el parabrisas, y no contento con eso nos gritó “Flojos de mierda bájense el que no carga plata no tiene porque estarse subiendo a los buses”, el tipo no termino de decirlo cuando él y yo ya estábamos en el suelo, yo quería que la tierra nos tragaran porque se le habló bajito para que los pasajeros que allí venían no se dieran cuenta de nuestra situación, ese milagrito la virgen no nos lo quiso hacer.

Después de la pena que pasamos, no nos animamos a parar ningún bus, ni con subsidio ni sin subsidio porque el gato que sube una estufa caliente no sube otra ni si esta helada, en todo el camino de regreso me animaba lo que le escuche decir a Babo  mi abuelo una vez, dijo que “Lo que se gasta en suela se economizara en medicinas”;  creo que aquello no fue un incidente, fue un trauma para mí, decidimos regresar a la Universidad de a pie, nunca ni antes ni después recuerdo haber caminado tanto fueron como dos horas caminando y riéndonos de nuestra situación, y por donde quiera pasábamos estaban los parlantes con la canción “La virgen del Carmen” de los Zuleta o “Mi muchacho de Diomedes”, antes me mortificaba recordar esa vaina, ahora me rio al recordar aquel episodio de los tiempos cuando todos andábamos limpios, pero  éramos felices con el bolsillo limpio pero con el optimismo de quien soñaba con un futuro mejor.

Aquel día en Mongui recordé también que nacimos y crecimos juntos, todos éramos familia y también igualitos, todo se compartía, lastima grande que todo ha cambiado, los enemigos gratuitos se encuentran como arroz, la envidia marchita los afectos y después que los viejos mueren se vuelven enemigos entre hermanos por disputas por cosas materiales, el legado que nos dejaron quienes dieron los buenos ejemplos le ha quedado grande a las nuevas generaciones, hay muchas familias rotas, hay muchos que piensan con la convicción errada que la gente de la calle los quiere más que sus propios hermanos, que los aduladores son más importantes que su familia, pobrecitos, porque cuando se presenta el primer problema, todos sus amigos de conveniencia tomaran distancia, ahí les toca entonces venir a dar explicaciones que nadie estará ya  interesado en escuchar, ¡Cuanta falta hacen los viejos que sabían que ser padres o madres es como hacer un curso intensivo de como querer a alguien más que a nosotros mismos!!

 

Luis Eduardo Acosta Medina

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