MAICAO MERECE VOLVER A PROSPERAR

Hay frases que nacen para una campaña. Y hay otras que nacen para convertirse en el propósito de un pueblo. Cuando digo “Maicao merece volver a prosperar”, no estoy pronunciando un simple eslogan: estoy recordándole a Colombia que aquí, en esta tierra de frontera, existió una ciudad que fue sinónimo de comercio, trabajo, riqueza y oportunidades.

Muchos crecimos viendo cómo miles de familias encontraban en Maicao la posibilidad de salir adelante. Aquí llegaron comerciantes árabes, indígenas Wayuu, colombianos de todos los rincones y ciudadanos venezolanos que hicieron de la frontera un espacio de encuentro y de progreso. Maicao nunca fue una ciudad construida por el miedo; fue una ciudad levantada por el espíritu emprendedor.

 

Entonces, ¿Qué pasó?

Durante años la frontera fue abandonada entre la ilegalidad, el contrabando, la ausencia del Estado y una equivocada idea según la cual la seguridad consistía únicamente en poner más uniformes. El resultado fue devastador: comerciantes honestos quebrados, jóvenes sin empleo, inversionistas que dejaron de creer y una ciudad cuya reputación comenzó a asociarse más con los problemas que con su inmenso potencial.

Yo me niego a aceptar que ese sea nuestro destino.

 

Prosperar significa volver a creer

Prosperar no significa únicamente vender más. Prosperar significa que una madre pueda abrir su negocio sin pagar extorsiones; que un joven encuentre empleo sin tener que abandonar Maicao; que el comerciante formal pueda competir en igualdad de condiciones; que el pueblo Wayuu participe de una economía digna respetando su cultura; que la frontera deje de ser vista como un problema y sea reconocida como la puerta económica del Caribe colombiano.

 

La prosperidad comienza donde termina el miedo.

Por eso sostengo que la gran discusión de Maicao no es izquierda o derecha. La verdadera discusión es abandono o desarrollo. Y el desarrollo solamente será posible si el Gobierno Nacional convierte la política de seguridad en una política de crecimiento económico.

 

La seguridad que produce riqueza

Durante décadas nos enseñaron que seguridad y economía eran asuntos separados. Yo pienso exactamente lo contrario: la seguridad es la primera política económica de una ciudad fronteriza.

Cuando el Estado controla las trochas, protege los pasos legales, combate las redes criminales y fortalece la inteligencia aduanera, no solamente persigue delincuentes: también protege al comerciante que paga impuestos y genera empleo. Las recientes operaciones anticontrabando desarrolladas en Maicao demuestran precisamente que defender la economía legal también es defender a quienes viven del trabajo honesto.

Pero la seguridad del siglo XXI debe ser inteligente. Debe utilizar tecnología, analítica de datos, cooperación binacional y presencia permanente de las instituciones. No puede reducirse a operativos ocasionales. Debe convertirse en confianza cotidiana para quien abre una tienda a las ocho de la mañana y la cierra a las ocho de la noche.

Porque donde hay confianza, llega la inversión.

 

Un pacto con el Gobierno Nacional

Hoy Colombia construye una nueva Política Nacional para el Desarrollo y la Integración Fronteriza con visión de diez años, cuyo propósito es transformar las fronteras en territorios de conectividad, comercio e integración regional. Esa es una oportunidad histórica que Maicao no puede dejar pasar.

Yo propongo que Maicao lidere ese proceso desde La Guajira mediante cinco grandes compromisos con la Nación.

Primero, convertir a Maicao en el principal centro logístico terrestre entre Colombia y el Caribe, fortaleciendo su condición de puerto terrestre y modernizando su infraestructura comercial y aduanera. La legislación colombiana reconoce precisamente el carácter estratégico de municipios fronterizos como el nuestro.

Segundo, crear una gran Zona de Comercio Seguro donde los empresarios formales reciban incentivos para invertir, generar empleo y competir frente a la ilegalidad. La mejor manera de derrotar el contrabando no es solamente decomisar mercancías; es hacer que la legalidad sea más rentable que el delito.

Tercero, impulsar un régimen especial para el emprendimiento Wayuu y para los pequeños comerciantes fronterizos, aprovechando los mecanismos legales de comercio transfronterizo que ya contempla la normativa colombiana. La frontera debe reconocer nuestra realidad cultural y económica, no combatirla.

Cuarto, instalar un centro permanente de inteligencia comercial donde confluyan la DIAN, la Policía Fiscal y Aduanera, Migración Colombia, las Fuerzas Militares y el sector empresarial. La información debe convertirse en el principal activo para proteger la economía regional.

Quinto, posicionar internacionalmente a Maicao como la capital comercial de la frontera, capaz de atraer ferias, ruedas de negocios, inversión logística y cooperación internacional.

Eso es hacer política con visión.

 

La frontera no necesita compasión

Hay algo que me preocupa profundamente: durante demasiado tiempo Colombia ha mirado a La Guajira con lástima. Nos hablan de pobreza, de crisis, de necesidades… y claro que existen. Pero un pueblo no construye su futuro únicamente hablando de sus heridas.

Yo quiero que hablen de nuestra capacidad.

Quiero que cuando alguien mencione a Maicao piense en comercio, emprendimiento, cultura árabe, fortaleza Wayuu, integración latinoamericana y oportunidades de inversión. Quiero cambiar el relato de una ciudad que ha sido injustamente reducida a sus dificultades.

Los pueblos también viven de la narrativa que construyen sobre sí mismos.

Y nosotros debemos volver a decir con orgullo que Maicao fue, es y puede seguir siendo la gran capital comercial de la frontera.

 

El momento es ahora

Ningún gobierno municipal podrá hacerlo solo. Ningún presidente podrá hacerlo desde Bogotá sin escuchar a la frontera. La prosperidad exige una alianza entre ciudadanía, comerciantes, comunidades indígenas, empresarios y Gobierno Nacional.

Yo creo en esa alianza porque creo en la gente de Maicao.

Creo en quienes abren sus locales antes del amanecer. Creo en los transportadores que cruzan kilómetros buscando oportunidades. Creo en las mujeres que sostienen sus hogares desde pequeños negocios. Creo en nuestros jóvenes, que no necesitan caridad sino oportunidades para demostrar su talento.

Maicao merece volver a prosperar porque ya lo hizo una vez. No estamos persiguiendo una utopía; estamos recuperando una vocación histórica.

Y cuando una ciudad recuerda quién fue, encuentra la fuerza para convertirse nuevamente en quien está llamada a ser.

Ese es el futuro que merece nuestra frontera. Ese es el futuro por el que vale la pena trabajar.

 

Carolina Issa Morales

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