CONSOLADO PARA CONSOLAR

 Muchos creen que el consuelo que brinda Dios, consiste en que nuestras aflicciones van a desaparecer como por arte de magia, pero si así fuera buscaríamos a Dios con el único propósito de ser aliviados y no por amor Él, cabe añadir que una vez el alivio llegue lo olvidaríamos de forma apresurada.

Todos hemos pasado por aflicciones y tendemos a ser más susceptibles ante ellas cuando nos creemos buenas personas, cuando servimos a la comunidad o pertenecemos a un grupo de nuestra iglesia local. Nos hacemos preguntas como ¿Por qué me pasa esto si yo no soy mala persona? ¿Por qué vivo este momento amargo si soy miembro activo de la iglesia? ¿Por qué esta adversidad si soy buen hijo, buen padre, buen empleado, buen vecino, buen amigo? ¿Si Dios está conmigo por qué debo beber este trago amargo?

Aunque parezca extraño, en 1 Pedro 4: 12 – 13, se nos dice que debemos alegrarnos cuando sufrimos, ya que, de cierto modo, experimentamos lo que sufrió Jesús por nosotros y con ello tengamos la alegría de ver su gloria revelada a todo el mundo. Es que el sufrimiento es un dolor necesario para el crecimiento espiritual, produce en nosotros resistencia, carácter y fortalece nuestra esperanza de ser salvos (Romanos 5: 3-4), no niega la realidad del amor, más bien provee una oportunidad para confirmarlo y aplicarlo.

Cuando se nos llama a alegrarnos por el sufrimiento, no significa encontrar gusto en el dolor, es recordar que cuando nuestra fe se pone a prueba, la constancia tiene la oportunidad de desarrollarse, nuestra forma de reaccionar bajo las adversidades es lo que termina por dejar ver nuestro carácter, es muy fácil ser amable, gentil, estar sonriente y tranquilo cuando todo marcha como esperamos, cuando todo marcha bien.

El sentir dolor va mucho más allá del crecimiento personal, que esta sea su única finalidad tendría un color egoísta. Cuando vemos a alguien sufrir y no nos identificamos con su dolor difícilmente podremos consolarle, posiblemente hasta nos resulte indiferente el dolor ajeno, en cambio cuando somos conscientes de ese dolor, porque de una u otra manera lo vivimos y encontramos consuelo en el Señor, podemos acercarnos a esa persona, apoyarle, levantarle, alentarle y mostrarle la forma de salir de la tribulación. Aferrarnos a Dios en el dolor y hallar consuelo en Él nos da la capacidad de contarle a otros, cómo Dios nos dio la victoria y de esa manera acrecentar la fe de los demás.

Natalia cursaba octavo grado para el año 1998 y contaba con aproximadamente 13 años de edad, el día de la mujer todos los compañeros de la institución educativa llevaron una rosa la cual debían entregar a la compañera que ellos escogieran, dentro de un acto cívico realizado unos minutos antes de entrar a clases. Natalia veía cómo todas sus compañeras recibían rosas, algunas de ellas recibieron más de una, a ella no le llegó. Una vez sonó el timbre para entrar a clases, Natalia, antes de dirigirse a su salón pasó por el baño y ahí soltó las lágrimas, a esa edad, apenas alcanzando su adolescencia, se sintió fea, rechaza, poco valorada e insignificante, esa edad en la que pasas de niña a mujer es realmente difícil, si eres mujer lo entenderás, si eres hombre, basta preguntar a alguna de las mujeres que te rodea para confirmar esta afirmación. Hoy Natalia es una mujer madura y parecía haber olvidado aquel episodio de su vida, memoria selectiva, supongo. Este año jugó amigo secreto con sus compañeros de la primara, quienes debido a la pandemia se enviaban dulces por domicilio, previo al día de la entrega de regalos; todos, durante un mes y una vez por semana recibían tortas, postres, chocolates, hasta pizzas y salchipapas, pero a Érika nunca le llegó nada. Natalia no estudió con Érika, cuando Érika llegó al colegio, Natalia se había mudado de ciudad, así que no tenía la menor idea de quien era, pero conmovida por la situación y acordándose de aquel momento triste que pasó un día de la mujer en el año 1998, envió una malteada a Érika, quien resultó ser su amiga secreta, quien unos días después le envió un bouquet de rosas como última “endulzada”. Natalia lloraba y temblaba en el grupo de Whatsapp dándole gracias a su amigo secreto, para muchos pudo ser sensibilidad excesiva, entendible pues nadie conoce la historia de aquella rosa que no recibió. Un dato curioso y adicional a este mensaje que no está de más contar, Natalia descubrió la razón por la cual no le gustaban las rosas, la cuales, desde ese día, le comenzaron a gustar.

Oración: Señor muchas veces me he quejado de las pruebas que he pasado y que han afligido mi corazón (menciona esos acontecimientos, pérdida de un ser querido, divorcio, desempleo, enfermedad, engaños, hijos rebeldes, etc.), no puedo mentir, no quisiera vivirlo o haberlo vivido, pero hoy sé que tú estás conmigo, que si lo has permitido en mi vida es porque sabes que puedo soportarlo, dame tu consuelo y sobretodo tu fortaleza para afrontarlo, y así tener el fortaleza para alentar a otros que padezcan lo mismo, poder identificar el dolor ajeno y no ser indiferente ante su sufrimiento. No señalar, destruir, acusar o condenar al afligido, sino sostener, acompañar, alentar, enseñar y extender la mano a todo aquel que lo necesite. Amén.

 

Jennifer Caicedo 

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