DECRECER ES MAS HAMBRE

Como ya es habitual en ella, la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, esta semana tuvo otras salidas en falso, esta vez en el marco del Congreso Nacional de Minería 2022 realizado en Cartagena, donde intervino durante el acto de instalación y en un panel sobre Competitividad, Minería y Desarrollo Rural.

En su intervención la ministra Vélez manifestó enfáticamente que “Nosotros necesitamos exigirle, en el marco de la actual geopolítica global, a los otros países, que comiencen a decrecer en sus modelos económicos. De ese decrecimiento depende también que nosotros logremos un equilibrio mayor y que los impactos del cambio climático nos afecten menos”. Ante la confusión que les produjo la sorpresiva e inédita declaración, varios asistentes al congreso comenzaron a murmurar, ante lo cual la ministra, evocando su experiencia como docente, les pidió que guardaran silencio.

Otra actuación desafortunada de la ministra ocurrió durante la rueda de prensa, cuando en medio de las múltiples preguntas que le hicieron los periodistas, decidió, no sin antes nuevamente exigir silencio, abandonar el lugar abruptamente dejando en el aire las inquietudes finales que le plantearon, cerrando su desplante con la frase “esto se acaba aquí”.

Con su comportamiento y actitudes la ministra Vélez ha demostrado que no estaba preparada para asumir esa gran responsabilidad y confirma que su nombramiento fue un error del presidente Petro. Además de no tener el perfil técnico que requiere el cargo, tampoco tiene la inteligencia emocional para atender apropiadamente los requerimientos de información relacionados con la cartera ministerial que supuestamente lidera, en la que recibió la expresa directriz presidencial de agilizar la transición energética, la que al parecer intenta cumplir sin la gradualidad y la interconexión que exigen la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, tan necesarios en un cambio de tanta envergadura.

Aunque el presidente Petro emitió algunos trinos apoyándola con algunos argumentos teóricos sobre el concepto del decrecimiento económico, y la misma ministra salió posteriormente a hacer algunas aclaraciones al respecto -que no satisficieron a la opinión pública-, este hecho se volvió viral en las redes sociales y en los medios de comunicación y confirmó que la señora Vélez está en el lugar equivocado. Pero todo indica que ella entendió, y su jefe -el presidente Petro- también, que su rol es hacer todo lo contrario de lo que se requiere en ese importante ministerio. Algunos expertos politólogos opinan que no es un problema de comunicación, sino que dice lo que el gobierno cree que debe decir. La realidad nos indica que pareciera que ella sigue actuando como la líder social ambiental y docente universitaria, que caracterizan los roles que ha desempeñado previamente, y que le dan fortaleza a su experiencia profesional.

El concepto del “decrecimiento” es solo una teoría, con mucho arraigo en el ambiente académico, en el que se ha identificado como una megatendencia de pensamiento económico, político y social, que busca una relación equilibrada entre los seres humanos y la naturaleza, bajo la idea principal de la disminución controlada y progresiva de la producción, en oposición a las prácticas del modelo capitalista actual que busca generar riqueza y oportunidades de bienestar para la humanidad. A pesar de que esta teoría nació en los años 70 no ha trascendido más allá del mundo académico. Por eso mismo es increíble que el actual gobierno se atreva a plantear esa idea aislada -dentro del tiempo necesario- de exigir a los demás países que decrezcan sus economías. No es suficiente que la idea suene bonita y les guste, hay que hacerle la prueba de escritorio y manejarla con pragmatismo, de lo contrario se queda como otra teoría más en el campo de la economía ficción.

Exigir que los países reduzcan su producción de bienes y servicio, especialmente si se incluyen los alimentos, en un mundo que sufre por inseguridad alimentaria y en el que el flagelo del hambre hace estragos cada año es un monumental despropósito. Según informe de la ONU, publicado en Julio de este año, las cifras del número de personas que padecen hambre en el mundo aumentaron hasta alcanzar el deprimente número de 828 millones de personas en 2021, con un aumento de 46 millones desde el 2020 y de 150 millones desde el brote de la pandemia del Covid-19. De acuerdo con el mismo informe, el estado de seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, el hambre afecta actualmente a un total de 56,6 millones de latinoamericanos y caribeños.

Por su parte, el informe de la FAO publicado a finales de enero 2022 menciona que Colombia era parte de los “puntos críticos de hambre” en América Latina y el Caribe, y estimaba que para este año cerca de 7,3 millones de colombianos necesitarían asistencia alimentaria, por lo que la organización sugirió acciones preventivas de emergencia.

Según el informe de las Naciones Unidas, mencionado antes, el mundo se está alejando de su objetivo de acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas de aquí a 2030, tal como lo establece la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Con este terrible contexto de hambre, ¿tiene algún sentido ideológico o político hablar de exigir el decrecimiento de la actividad económica en los países? Por el contrario, ¿no es más conveniente buscar opciones viables que permitan incrementar los niveles de producción para cerrar la brecha en el déficit de alimentos y brindar mayores oportunidades de ingresos a la población que les permita mejorar su nivel de vida? ¡Creo que solo cuando eso ocurra se podría pensar en esa teoría del decrecimiento!

Sin dudas el impacto de decrecer la economía o la producción será incrementar las probabilidades de que ocurran mayores muertes en Colombia y el mundo por hambre. Supongo que eso no es lo que quieren.

Álvaro López Peralta

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