EL MILLÓN QUE NO SE RINDE

El domingo pasado, más de un millón de colombianos votaron por algo que no prometía milagros.

 No prometía venganza. No prometía enemigos. No prometía soluciones mágicas para problemas que llevan décadas acumulándose.

Prometía algo más difícil de comunicar y más difícil de vender en una campaña polarizada: rigor, decencia y método.

Un millón de votos para Sergio Fajardo y Edna Bonilla. Un millón de colombianos que decidieron que el cambio serio y seguro era posible y que valía la pena votarlo, aunque las encuestas dijeran que era difícil.

En La Guajira fuimos 3.000.

Quiero hablarles a esas personas hoy.

 Sé lo que sienten. Lo siento también.

La sensación de que hicieron lo correcto y el resultado no acompañó. La pregunta silenciosa de si valió la pena. La tentación de concluir que en este país la decencia siempre pierde.

 No cedan a esa tentación.

Porque ese millón de votos no es una derrota es una declaración. Es Colombia diciéndole al mundo que existe una tercera Colombia que no vive en los extremos, que no se mueve por el miedo, que no necesita un enemigo para saber por qué vota.

Esa Colombia existe. Y está aquí. En Riohacha. En La Guajira.

Fajardo y Edna construyeron algo que se llama el Decálogo del Millón de Votos. Quiero que lo lean si no lo han leído porque es el documento político más honesto que ha producido una campaña colombiana en muchos años.

No tiene promesas vacías. No tiene populismo. No tiene miedo.

Tiene diez ideas que cualquier colombiano sensato puede defender sin importar de dónde venga.

Fin a la polarización y el odio porque los adversarios no son enemigos y ningún colombiano debe ser tratado así.

Cero impunidad, cero corrupción porque los recursos públicos son sagrados y hay que rendirle cuentas a la ciudadanía.

Colombia la más educada no como titular de campaña sino como camino real para que los jóvenes no tengan que irse.

Jóvenes como protagonistas para que el lugar donde se nace no determine el futuro.

 Un Estado presente en los territorios porque Colombia no se vive igual en todas partes y gobernar es llegar a las regiones, escuchar a las comunidades y abrir oportunidades para quienes han sido históricamente olvidados.

Cada uno de esos diez puntos me habla directamente de La Guajira.

Cuando el decálogo dice que Colombia no se vive igual en todas partes está hablando de nosotros. Del agua que no llega durante días y a veces semanas. De los jóvenes que se gradúan y empacan maletas. Del desierto que produce la energía del país y no tiene garantizado el derecho a esa energía.

Cuando dice que los recursos públicos son sagrados está hablando del contrato del agua que nació con irregularidades, del alcalde que fue destituido por firmarlo, de los pesos que desaparecen en cada presupuesto distrital sin que nadie rinda cuentas.

Cuando dice que el lugar donde se nace no debe determinar el futuro está hablando de los niños wayuu que mueren de desnutrición y deshidratación.

 Este decálogo no fue escrito para La Guajira. Pero La Guajira está en cada una de sus líneas.

Ahora Colombia entra a una segunda vuelta entre dos proyectos que representan visiones opuestas del país. Cada colombiano tomará su decisión con libertad y con conciencia.

Lo que yo sé y lo que les pido que sepan ustedes también es que los 3.000 votos que Fajardo y Edna recibieron en La Guajira no se evaporan el día después de la elección.

 Esos votos son personas. Son familias. Son líderes comunitarios, maestras, empresarios informales, jóvenes investigadores, mujeres jefas de hogar que decidieron que querían algo diferente para su tierra.

Esas personas siguen aquí. Y yo también.

Hace unos días pensé en rendirme. En que la política es demasiado cara, demasiado sucia, demasiado difícil para quienes la hacen desde la honestidad.

Pero entonces volví a leer el decálogo. Y recordé por qué empecé.

No empecé para ganar una elección. Empecé porque Riohacha no tiene agua las 24 horas al día y eso no es normal. Porque el 65,7% del agua tratada nunca llega a un grifo y eso no es normal. Porque los jóvenes se gradúan y se van y eso no es normal. Porque el mar Caribe recibe las aguas negras de 200.000 personas desde siempre y eso no es normal.

Eso no lo resuelve quien gane la presidencia el 21 de junio.

Lo resuelve quien gobierne a Riohacha y La Guajira desde enero de 2028 con rigor, con decencia, con método y resultados.

 A los 3.000 guajiros y guajiras que votaron por el cambio serio y seguro:

 Su voto fue el más difícil de dar. Y fue el más digno.

 No están solos. Aquí estoy yo. Aquí estamos.

 El decálogo del millón no termina el 31 de mayo.

 Apenas comienza.

 

Juana Cordero Moscote 

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