EL VOTO DEL MIEDO, DEL ODIO Y DEL HAMBRE

Hace pocos días un amigo me cuestionaba sobre cómo era posible que en este país, más de nueve millones de personas hayan votado por una dictadura en ciernes; hayan querido elegir a la mafia de la corruptela, el fracaso económico de la nación, los pésimos servicios públicos y asistenciales, como la salud; por la desesperanza para los jóvenes que aspiran a una educación de calidad y a una  actividad productiva o empleo digno y suficiente; cómo era posible votar por la ignorancia, por el odio de clases, el terrorismo, la delincuencia y la inseguridad…

No es coincidencia; ya se comentaba y preveía hace dos años atrás esta estrategia a “sotto voce”, que el actual gobierno haría ciertas alianzas oscuras, apócrifas, con grupos armados ilegales, terroristas y narcotraficantes, para el control electoral en ciertas regiones cocaleras de Colombia: en algunas poblaciones de los departamentos del Chocó, Cauca, Nariño, Putumayo y Valle del Cauca, un promedio del 93% de los votos depositados en las urnas, fueron a favor del candidato Cepeda. Es el voto del miedo, de la amenaza de muerte; es el voto del sometimiento a ciudadanos desprotegidos, es el “voto fusil”.

Matemática y estadísticamente, estos promedios son imposibles. ¿Dónde están las autoridades electorales, las Fuerzas Armadas, La Policía Nacional, La Fiscalía y los Organismos de Control? Si este gobierno ha ratificado algo de manera tajante y nítida, es que se puede violar la ley desde cualquier ámbito, como el aporte de recursos ilegales para la campaña electoral en 2021, así como también la participación en política y la compra de votos con dineros públicos, en el día de hoy. Sin embargo, judicial o disciplinariamente, nada ha ocurrido ni ocurrirá hasta el final del período. Toda la institucionalidad se percibe frágil, inútil, ineficaz, cooptada ideológicamente y prevaricadora.

Mientras tanto, FARC, ELN y COMUNES, apoyan “oficialmente” la candidatura de Cepeda. ¿Cómo puede suceder esto en un Estado de Derecho? ¿Cómo se puede normalizar esto dentro de la civilidad en una nación constitucionalista y liberal?

Tomemos la región caribe, que no es excepcional, para referirnos al “voto del odio y del resentimiento”: independiente a la inveterada costumbre de ciertos sufragantes caribeños de “negociar” el voto, como un ingreso marginal en dinero o en especie, independiente de partidos, ideologías o curules a proveer, no puede entenderse que una región abandonada por el gobierno central, sin inversiones ni obras importantes; una región a la que roban sistemáticamente sus recursos para proyectos de desarrollo social y que ha podido sobrevivir en este período “progresista” gracias a las administraciones locales, vote masivamente por el candidato de gobierno que parece no conocer el mar.

Tomemos como ejemplos a Cartagena y Barranquilla: los alcaldes Dumek Turbay y Alejandro Char han ejecutado más de 600 obras de infraestructura social, el primero en Cartagena; una inversión en infraestructura social de 800 mil millones, por el alcalde Char en Barranquilla. Además de ello, las alcaldías distritales han mejorado ostensiblemente la red vial, combatido la inseguridad y la extorsión; mejorado le vivienda social, los espacios lúdicos y deportivos de primer nivel; una infraestructura escolar mejorada con buenos avances en calidad, etc, etc.

De todo ello, el gobierno nacional ha estado desentendido y groseramente ausente; más bien, ha manipulado con insistencia y saña a los más vulnerables y necesitados en ciertos sectores poblacionales de ambas ciudades, tan urgidos de apoyo efectivo, oportunidades, formación y trabajo, con proyectos de largo plazo. Hasta allí extienden su nicho perverso estos mafiosos “progresistas” que se aprovechan del hambre y la marginalidad, para prometer espejismos irrealizables.

Para muestra comparada, una estadística neutral: en Bogotá, Cepeda aventajó a Abelardo De La Espriella en cuatro puntos porcentuales en todas las localidades, junto con las más pobres del Distrito Capital, incluyendo las cárceles. Las grandes obras del actual alcalde Carlos Fernando Galán y las del ex alcalde Peñalosa, en un 80% dirigidas a beneficiar a los más necesitados, no contaron ni se recordaron. ¿Será que les convence más a esos votantes o abstencionistas, la carreta populista y excluyente, que los resultados benéficos a la vista?

Así ha operado siempre la división de clases y la cultura del odio en el “Marxismo Progresismo”: pobres contra ricos; blancos contra negros, trabajadores contra empresarios; indígenas contra colonos, homosexuales contra heterosexuales; feministas y abortistas contra la familia, Marx contra Dios.

Mientras el país asiste divertido al teatro de las estupideces, orquestado por algunos pocos funcionarios del poder judicial, mediocres y politizados a la izquierda para deshonra del sector, decretando suspensiones cantinflescas y utópicas, tutelas por camisetas, frases de campaña, o por ondear la bandera nacional (Pero pudiéndose ondear la del M-19 y la de Guerra a Muerte, por el primer mandatario de la nación), le digo finalmente a mi ofuscado amigo, que esta nueva sociedad civil de la resistencia colombiana, saldrá el 21 de junio a colocarle 13 millones de rayas al Tigre en las urnas, para que el milagro de una patria libre, segura y próspera comience a hacerse realidad, sin esperar el 7 de agosto.

 

Luis Eduardo Brochet Pineda

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