LA RAYA DEL TIGRE Y LA ALETA DEL TIBURÓN

A escasas dos semanas para la primera cita electoral presidencial, pareciese que la sensibilidad andina se exacerba y violenta; se acusa con feroz ahínco, bajo una creencia virreinal de “superioridad moral” que la prensa cachaca de cafetín supone aún poseer, al candidato de la Región Caribe que, en una entrevista – encerrona bastante cordial y agradable por un canal de televisión, les responde en los mismos términos sinceros, afables, espontáneos y directos, utilizados para preguntarle asuntos de Estado y vericuetos personales.  

Eso es meter la cabeza entre las fauces del tigre y arriesgarse…

Abelardo De La Espriella, claramente, sería el presidente de todos los colombianos, comprometido con su programa de gobierno desde la península de la Guajira hasta el trapecio amazónico; sin duda alguna. El talante ejecutivo y visionario del candidato, su metodología práctica y capacidad para rodearse de los mejores sin mezquindades políticas, partidistas o regionalistas, asegura una gestión de resultados tangibles y de cumplimiento de metas a corto y mediano plazo: más gestión y menos poesía”, me decía un buen amigo concejal.

Sin embargo, para la Región Caribe, la presidencia de Abelardo De La Espriella representará no solo una oportunidad, sino también una reivindicación histórica 134 años después de Rafael Núñez Moledo, quien durante cuatro períodos presidenciales dirigió los destinos del país desde El Cabrero, con mano firme y Alma grande.

A propósito, los que tuvimos la fortuna de nacer y crecer en el barrio El Cabrero, de Cartagena de Indias a mediados del pasado siglo, jugábamos béisbol y fútbol en todos los escenarios posibles: la cancha de barrio, los patios de nuestras casas, las playas, el parque Apolo, la calle real, los jardines de la Ermita y el patio solariego de la Casa Núñez, hoy convertida en Museo Nacional, otrora residencia de Doña Soledad Román De Nuñez y el Tigre del Cabrero.

Entre muchos e inminentes, hay unos problemas estructurales definidos, que para la Región Caribe constituyen  prioridad, financiación, ejecución y diseño de una política pública de largo plazo; a saber: reestructuración inmersiva de todo el sistema eléctrico regional con disminución de las tarifas de energía; solución al acceso de agua potable y alcantarillado para la Guajira, así como creación funcional de los distritos de riego en zonas rurales del César, Guajira y Magdalena; exploración y explotación gasífera en el mar caribe; inversión suficiente y de largo plazo en infraestructura de transporte, infraestructura portuaria y vías terciarias; programas de despensa agrícola regional (Piloto en Repelón y otros municipios); culminar el macroproyecto del Canal del Dique; la erradicación de la inseguridad desbordada y las rutas del narcotráfico en todo el litoral, con un permanente control militar del territorio, entre otros.

Si existe la voluntad política, la capacidad técnica y gerencial, la asignación eficiente de los recursos y una ejecución presupuestal responsable, auditada y controlada, estas acciones no serán utopías; estos estilos de dirección y liderazgo serán la nueva política del Estado de bienestar al servicio del ciudadano; con honestidad, transparencia y resultados.

No importa que algunos malquerientes del altiplano les incomode el acento caribeño; o piensen que cantar ópera, catar vinos, vestir garboso o ser hincha del Junior es fantochería.

A propósito del Junior, ese fue, y lo sigue siendo, nuestro equipo desde la niñez: era el Junior de Escurinho, Da Cunha, Garrincha, Segovia, Segrera, Quarentinha, Calixto Avena y otras grandes estrellas, pero sin una sola estrellita en el escudo. Hoy, tenemos once y el rancho ardiendo porque estamos en semifinales y, como decían nuestros amigos pescadores de Marbella, “La Sarda (tiburón toro del mar caribe), es más peligroso en agua llanita que en agua honda”, y esa “agua llanita” son las finales; ya veremos.

Además, este resto de mes de mayo y junio, temporada electoral crítica para la continuidad de nuestra democracia y Estado de Derecho, está condicionada por el inicio del mundial de fútbol el 11 de junio y el debut de la selección Colombia el 17, unos cuatro días antes de la hipotética segunda vuelta, lo que genera incertidumbre por la distracción universal, esperando que el 31 de mayo, idealmente, se pinte la otra raya del tigre que le faltó a Rafael Núñez.

De esta forma, el solsticio de verano 2026 será un canto a la alegría y a la ilusión para todos los colombianos: recuperamos el país, por un lado; y por el otro, disfrutaremos con la genialidad y la magia de Luchito Díaz, un guajiro grande; el embajador deportivo más importante, después de Pambelé, que ha tenido nuestro país en su historia reciente, portador insigne de la primera y segunda aleta dorsal del tiburón.

 

Luis Eduardo Brochet Pineda

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