LAS FRONTERAS ENERGÉTICAS

“La nueva economía energética será más electrificada, eficiente, interconectada y limpia”, sostiene el Reporte anual de 2021 de la Agencia Internacional de Energía -AIE-, como consecuencia de mejores acciones políticas e innovación tecnológica que generaron un círculo virtuoso de disminución de costos de energías limpias, incluso al extremo de convertir en ciertos países a las eólicas y solares FV como las más baratas para nuevos proyectos de generación.

Al mismo tiempo, no dejan de reconocer la evidente aceleración del crecimiento económico mundial post-pandémico, que llevó a una insuficiencia en la oferta energética y en consecuencia a un incremento de precios de gas natural y carbón y costo de electricidad. No podemos aumentar y/o recuperar el crecimiento económico mundial sin su columna vertebral, la energía que lo impulse, y los combustibles fósiles están siempre disponibles para suplir picos y alteraciones en la demanda mundial, no solo en los que se negocian internacionalmente, sino en los que cada país consume de su propia producción.

Estábamos enfrentando este desequilibrio de mercado, cuando el 24 de febrero pasado anunció Vladímir Putin el inicio de una “operación militar” en Ucrania, eufemismo para llamar su invasión a un territorio de este país independiente y soberano.

Las consecuencias en materia energética no se hicieron esperar. A la ya progresiva alza de precios del petróleo, que había pasado de US$52,8 en abril/21 a US$94,2 en febrero/22, éste incrementó su precio en un 20,8% en solo el mes de marzo. Rusia, productor mundial de crudo, se mueve en el mercado con estos importantes retornos, aun a pesar de las restricciones económicas impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos. La energía va por delante de la guerra, la condiciona.

Por el lado del gas, otro indispensable fósil, no tan enterrado, el asunto es peor: La Federación, primer exportador mundial, suministra el 40% del consumo europeo, con 2,4 de bpd, sobre todo a Alemania, Italia y Turquía. Muy complicado momento para restringir compras sin un fundamento claro alternativo de generación, lo cual también ha repercutido en los precios del carbón térmico que andan volando.

¿Significará esto que las afirmaciones de la AIE, conclusivas del 2021, deberán ser revisadas con el impacto de la guerra en Ucrania? Sin duda. La sabiduría judía nos indica que el hombre planea y Dios se ríe. No hay energía más cara que la que no se tiene, por lo que los viejos amigos que son los confiables y están en la base de la generación, carbón, gas y petróleo, se volvieron a poner de moda. Las renovables incrementarán su desarrollo y participación en mercados no afectados por el suministro ruso, pero el viejo continente se aflige por su confiada actitud en la Rusia eternamente totalitaria. Estas acciones bélicas inesperadas del nuevo zar de la estepa, darán de qué hablar por mucho tiempo, y mucho sobre qué pensar respecto de un elemento clave en lo vital que es la energía: seguridad geoestratégica.

La inestabilidad política de una región repercute en los factores indispensables para el desarrollo de todo el vecindario. Y las fronteras de los países vuelven a demostrar las razones por las cuales existen. No son caprichosas, son reales, consecuencias de tantas y tantas batallas y conflictos, sobre todo en el continente europeo. Pueden estar integrados sobre bases económicas, pueden flexibilizar fronteras políticas y construir oleoductos y gasoductos transnacionales, pero la soberbia del poder aplasta, pisotea las nobles causas que con mucho de esperanza y gotas de ingenuidad han querido construir mundos diferentes, integrados.

Si por allá llueve por acá no escampa. En 2007 se puso en operación un importante gasoducto entre Colombia y Venezuela para que la integración entre los países se consolidara en ese esfuerzo energético compartido. Colombia, siempre acuciosa, cumplió con su parte de suministrar gas nacional en cuantías cercanas a los 150 millones de pies cúbicos día. Hoy por ti, mañana por mí, diría la sabiduría popular. Cuando llegó el turno a Venezuela de bombear de allá para nuestro país, nos puso conejo; las excusas sobran, la realidad es que no se puede confiar en el vecino para menesteres bienintencionados de integración económica.

Nelson R. Amaya

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