LOS TACANES

Dona SARA MOLINA de CARRASCAL fue una distinguida matrona sanjuanera muy apreciada y conocida en toda la región. Ejercía su militancia en el Partido Conservador con tal vehemencia, que mi padre la llamaba “Dona Bertha” como una forma cariñosa de homenajear la mística ejemplar que ella irradiaba en su cotidiano desempeño como ciudadana muy afecta al ideario político de su partido.

La casa de Dona SARITA MOLINA estaba localizada en el vértice de la Calle Cayon y la Plaza Santander de San Juan del Cesar. En toda la esquina de su casa tenia habilitado un espacio que funcionaba como un almacén donde expendía productos misceláneos. Pero el producto estrella de su negocio eran los dulces provincianos. El artículo se ofrecía en una amplia variedad de sabores y la presentación estándar tenía el tamaño de una panela, el cual se entregaba al consumidor envuelto en un delgado papel celofán. Dona SARITA MOLINA tenía en el patio de su casa toda la parafernalia requerida para producir los dulces que expendía en el local comercial de la esquina de su casa. Cualquier visitante desprevenido podía encontrar en ese patio una extensa colección de calderos gigantescos, una nutrida variedad de cucharones de madera que por su tamaño mas bien parecían remos de embarcaciones y una incontable cantidad de TACANES esparcidos de manera totalmente caótica por toda la superficie del patio. Dona SARITA MOLINA tenía un ayudante llamado Quique, un muchacho Talla XL, quien era el encargado de maniobrar los instrumentos mencionados para la producción de los dulces.

Antes de continuar con el relato, es preciso definir la palabra TACAN: “Cada uno de los tres (3) elementos que, dispuestos en forma triangular, conforman el fogón provinciano. Plural: TACANES”.

Pues bien, un buen día cualquiera dona SARITA MOLINA fue informada de la pronta visita que recibiría de su hijo AMADEO CARRASCAL, un prestigioso Médico Veterinario sanjuanero que estaba radicado en Guayaquil, Ecuador. Amadeo había anunciado que llegaría acompañado de su esposa, con el fin de presentarla a su familia y también para mostrarle su pueblo natal.

Una vez confirmada la fecha del arribo de don AMADEO CARRASCAL y su Señora a San Juan del Cesar, se produjo una verdadera revolución en la casa de doña SARITA MOLINA. Inmediatamente fue contratado un pintor que se encargaría de que la fachada de la casa luciera impecable ante los ojos visitantes. Mandaron a “taponar” los muebles para sacarle brillo a su apariencia envejecida, escondieron los platos de peltre, sacaron la vajilla nueva, los cubiertos de plata y los vasos de cristal. Limpiaron las telarañas de la sala, colocaron los manteles de lino y sacaron todas las porcelanas del encierro. En dos semanas, la casa de doña SARITA MOLINA había experimentado un auténtico “Cambio Extremo”. Y por supuesto, el patio también fue objeto de una reingeniería exhaustiva. Era menester que bajo ninguna circunstancia su nuera se fuera a enterar que en esa casa vendían dulces. Y para asegurarse de ello, Dona SARITA MOLINA ordeno erradicar de la vista del visitante cualquier vestigio de su artesanal negocio. En un cuartico del traspatio fueron arrumados todos los calderos, los cucharones, las pailas y los tacanes. Las mesas donde se elaboraban los dulces desaparecieron de la vista de los presentes y la escoba hizo que el paisaje caótico se transformara en un espacio limpio y agradable. El ambiente de toda la casa mostraba un destello diáfano y acogedor.

El día de la llegada de su hijo AMADEO y de su nuera, dona SARITA MOLINA lucia su estampa de matrona distinguida, la cual estaba enaltecida con un hermoso vestido de lino blanco. Un peine de carey sobre su cabello plateado y un fino collar de perlas remarcaban su elegancia. Dona SARA tenía en su imaginario de madre generosa que su hijo vendría acompañado de una esposa alta y elegante. Ya había dibujado en su mente el momento en que su apuesto hijo traspasara el umbral de su casa acompañado de su esposa. Ya se retrataba cenando a manteles y tomando champaña en la cena de bienvenida.

Al fin llegó el momento del arribo. Dona SARITA estaba en la puerta y allí recibió a los visitantes. Los recibió con mucho amor de madre. Pero al ver la desvalida estampa de su nuera, su carencia de porte distinguido y su corta estatura, dona SARITA no pudo disimular el desgano en su rostro.

En la primera ocasión que tuvo, se fue al patio, respiro profundo…y mascullo entre dientes:

  • Y eeeeeesta es la mujercita…..?
  • Embuuuuaaaa….!!!

Y después de esto… lleno sus pulmones de aire…y llamo a grito templado a su ayudante:

  • Quiiiiqueeeee…!!!!

Saca los TACANES…. ¡Que vamos a poner la paila de los dulces…!!!

Orlando Cuello Gámez

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