PREDESTINADA PARA IMPACTAR

Como dijo Leandro Díaz: “Yo nací una mañana cualquiera allá por mi tierra, un día…” 27 de noviembre, el año de inicio de la década de los 70. Nací a las 4:00 de la madrugada, en el Barrio El Machín (también llamado Las Flores, Los Morrocones, El Millón) de La Peña, el poblado más lindo del mundo.  Me imagino que le hice pasar una noche de perros a mi mamá, sin dormir, con los dolores, hasta que por fin salí. Supongo que, también le dañé las fiestas decembrinas a mi coqueta hermosa que apenas tenía 29 años y traía al mundo a su hija número 8.  A propósito, nací blanca, pero a los días me tirné (del verbo tirnar, que no existe en el diccionario, pero significa cambiar de color de piel, de blanco a negro) nacimiento de gallinazo, que dicen.  Cuando andaba gateando entre los billares y la cantina Hamaca Grande, “Checha” el de Rita me denominó bola Ocho, Así me dicen los señores de esa época hasta hoy. Recuerdo que un día el Señor Ricardo Cuello, que se fue a vivir a la Paz, con su esposa Miguelina e hijos, vino a unas fiestas patronales y se sorprendió al verme ya una señorita: “Ve, ¿tú no eres el Ocho? Pero ya eres blanca, que te echáte, ¿leche de burra?” nos reímos y me abrazó

contento después de tantos años.  La verdad no sé cómo, pero cuando crecí, la piel se me aclaró.

Por poco no crezco, ni cambio de color, según mis hermanos, el mismo día que nací, pegó un aguacerazo en La Peña; la casa era de bahareque y del techo de paja cayó un nido de culebras, la mamá culebra con sus culebritas, siete culebras negras, en total. Dice Vicky, mi hermana, que nunca ha vuelto a ver de esas culebras en su vida, José Juan, mi hermano dice que eran Mapaná Rabo Seco, y Ocha, mi otra hermana confirma: “Si, mami siempre decía que eran de esas, Mapaná Rabo Seco”.  Investigando me di cuenta que es un tipo de víbora letal; si alguna me hubiese mordido, no sería yo quien les contará la historia.

Crecí escuchado la historia que me contaban mi mamá y mis hermanos, sobre todo Macha, mi hermana mayor, que cada vez que puede y quiere, me cobra la salvada de vida. “mamá se paralizó del susto y como no podía salir de la casa, porque había llovi’o, a mí se me ocurrió salir corriendo para la casa de Etilvia (la tienda que queda diagonal) con Chio, Ocha y Vicky (mis hermanas), pidiendo auxilio”, ahí estaba Peche y vino a ayuda’.  Me dijo Macha peleandon su papel protagónico en la escena.

– Mi papá no estaba? Les pregunté.

– “No recuerdo que papá estuviera…” me confirmó Vicky mi hermana.   “Yo vi bajar el bojote de culebras y nos asustamos todos… había llovido y corría un hilito de agua cristalina frente a la casa, parece que lo estuviera viendo.  No sé si fue el mismo día que naciste o cuantos días de nacida tenías, lo que si recuerdo es que fui yo quien vio las culebras, creo que es el único recuerdo que tengo de esa edad, así sería la prendí’a .  Yo estaba en la puerta del cuarto, recostada al tabique (División modular de madera, cubierto con cartón o en el mejor de los casos con triple, forrado con hojas de revistas en las que aparecían reinas y actrices generalmente), ahí estaba, cuando vi que algo cayó en la cama y unas culebras quedaron guindando… son las imágenes que se vienen a mi cabeza. También veo que había otra persona grande en la habitación no recuerdo quien, pero no era papá, el no estaba”. Siguió relatando Vicky dejando venir esos recuerdos guardados de sus apenas 3 años.

– “Yo estaba por Badillo y me vine apenas me avisaron que habías nacido, cuando llegué encontré el tropel de las culebras, me dijo Celedonia que Peche y Anita, le ayudaron. Parecias una indiesita de ojos chiquitos y el pelo en remolino”.  Me indicó Papá Juancho.

Busqué la versión de Anita, la esposa de mi tío Micho (Milton) que vivía en la casa de al lado.  Encontré que no fueron Siete sino Catorce las culebras que cayeron.  “Siete culebras cayeron en la ponchera que puse sobre la cama con la ropa limpia, pero las otras eran más grandes y salieron corriendo. Yo estaba doblando y acomodando, la ropa que había recogi’o, antes de que lloviera, cuando cayó el bojote negro con siete culebras. Cele estaba acostada con la cabeza amarrada, cómo era costumbre, las puertas estaban cerradas para evitar que entrara el frío, tu debías tener uno o dos días de nacida (Yo me quedo con que fue el día que nací, para darle más dramatismo. ¡Tú sabe!!) Cele se paró de la cama de repente, iba a salí pa’l patio, tuve que ataja’la, imagínate que le hubiera pega’o el frío de la lluvia. De todos modos, por la impresión se le prendió un dolor de cabeza que le duró varios días”. Relata Anita que debe ser la persona mayor que Vicky recuerda en la habitación.

Me quedé con varias preguntas, y mientras todos corrían, ¿dónde estaba yo? ¿Y quién vino a ayudarnos? Anita me las despejó. “Cele le tenía miedo a las culebras y yo me les cagaba, Cele me decía que te cargara y yo le decía que te cargara ella.  Quien iba a cojé esa muchacha Negra jajajaja”.  Me dijo Ani riéndose burlándose del color que adquiriría después.  “En eso llegó José del Rosario “Peche”, te agarró y te puso en los brazos de Cele, “Esos son culebras machos, están enamoradas de ti Celedonia, bajaron a búscate” le decía “Peche” riéndose.  “Peche” Sacó las culebras de la ponchera y empezó a matar las que se habían escondi’o; hasta yo maté culebras ese día, pero se nos fue una grande. Nos debei la vida a mi y a “Peche”. Terminó de contarme Anita, reclamando su autoría en la salvada de mi vida, como lo hicieron mis hermanas.

Doy gracias a Dios en primer lugar por ponerlos a todos ahí y darles la destreza para hacer cada quien su labor de salvar mi vida.  A mis hermanas por pedir auxilio, a mi tía Anita por estar ahí siempre para mami, y a Peche (José del Rosario), por su valentía que devolvió la paz a todos. José del Rosario era un señor enorme, creo que es el hombre más alto que ha nacido en La Peña y conste que somos tierra de gigantes, recuerdo que quedó solitario, como muchos hombres en La Peña que nunca se casaron,  era muy buen amigo de mi madre en su juventud, siempre le escuchaba sus historias de Jugar Zambe y Palito en Boca con él.  Peche sufrió una enfermedad que hoy entiendo era diabetes, que lo fue dejando sin piernas y aprendió a caminar con las manos. Mi hermano Armando de Jesús, que tiene un noble corazó, le regaló una silla de ruedas y eso le cambió la vida. Un buen día en su vejez, amaneció muerto, solo, tendido cuan largo era, en su hamaca, de paro cardio respiratorio. Q.P.D

Siempre hacia bromas con el asunto, de las serpientes en mi nacimiento cuando oía las canciones de cumpleaños, mientras que a la niña mexicana le decían que el día que ella nació nacieron todas las flores, y Diomedes le decía a Patricia “¿Cuántos clavelitos nacerían junto contigo? ¿Cuántas rosas blancas ese día también nacieron?” Mi canción, seguramente diría “El día en que tú naciste, cayeron siete culebras” o “¿Cuántas culebritas nacerían junto contigo?”.  Mas yo digo como Leandro el ciego “Pero ya yo venía con La Estrella” de ser salvada para salvar.

¡Vaya!! Que suerte de muerte se planeaba en las tinieblas para mí.  ¡Vaya plan se urdía en mi contra al nacer!!  Muchos años después al conocer el mundo espiritual entendí que uno es predestinado, y que cuando nuestro destino en los cielos, está ligado con el destino de Cristo, incómoda a las tinieblas, porque de antemano los servidores del mal saben que vas a perturbar su mundo.  También aprendí, entendí y comprendí, que cuando estás marcado con el destino de Cristo no hay principado, ni potestad, ni gobernadores de tinieblas que puedan cambiar tu destino. Contaría las muchas veces que mi vida ha estado en riego, por manos de hombres o por accidentes: una mujer celosa fue a matarme  varias veces y de muchas maneras, una de ellas le alcance a ver un cuchillo metido en el cinto del pantalón,   alguien le aflojó las tuercas a las  cuatro llantas de mi camioneta,  he estado en el lugar donde iban a matar a alguien, incluso está semana, van dos veces, un accidente de tránsito el lunes viviendo de La Peña a San Juan y hace dos días, me resbalé y alguien del cielo sostuvo mi cabeza para que no me diera un golpe mortal con un bordillo, Las veces las muerte lo intenta son las mismas veces Dios me libra, a causa de su propósito en mí.

No le tengo miedo a la muerte, sé que un día moriré, pero como dijo Leandro “el día que me despida, me despido cantando” Por eso celebro la vida, por eso vivo hoy, como si no hubiera mañana, por eso perdono enseguida y avanzo, por eso predico como si Cristo viniera hoy, con el anhelo de que todos crean y se salve, porque para mí es una orden de mi dueño, lo que está escrito en Marcos 16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Predico el evangelio de la maravillosa gracia de Cristo, que venció el poder del pecado con Su Sangre, le insisto a los que me escuchan que Cristo nos reconcilió con nuestro Padre Dios y ahora ya NADA nos podrá separar de su AMOR. Les enseño a vivir según Romanos 8:38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.  Les enseño, no sólo porque es una verdad eterna, sino porque lo vivo;  he aprendido a vivir segura de que tengo un padre que me ama hasta entregar su vida por mí; por eso emprendo, y gane o pierda, aprendo; Escribo por el placer de leerme, aconsejo a las personas con la intención que se escuchen y encuentren la salida,  creo en la gente,  amo, río fuerte y lloro con coraje, canto y bailo, hago silencio, me queso quieta;  amo intensamente, me doy, me entrego sin esperar nada, así no vivo desilusiones; disfruto tanto un servicio de adoración a Dios, una fiesta, un tiempo de oración, como un velorio o un desengaño;  porque si he de vivir, no seré un simple consumidor de oxígeno, con miedo a disfrutar, a VIVIR!! seré alguien que VIVE por y con FE cada instante COMO SI FUERA EL ULTIMO Y EL ÚNICO, a riesgo de todo y segura de y en  Dios!!

Noralma Peralta Mendoza

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4 comentarios de “PREDESTINADA PARA IMPACTAR

  1. Luisa fernanda Arias Diaz dice:

    Siempre es un agrado para mi leer tus crónicas, tu eres auténtica Nora, le pones tu toque, cada historia tiene su sabor, su encanto y hoy te luciste con tu propia historia…. Un abrazo

  2. Amandis dice:

    Que linda historia y que buena reflexión que llega en el momento y lugar justo donde se necesita, gracias por hacernos ver qué la vida es una y que debemos vivir cada día como si fuera el último.

  3. Francisco Javier Pérez Flórez dice:

    Muy bien estructurada y muy bien narrada esta crónica que nace de unas vivencias contadas por unos terceros, pero que usted de forma magistral le da la forma y hace que el lector quede atado y se sumerja completamente en su narrativa.

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