Abelardo de la Espriella ha sido contundente al denunciar las redes de compra de votos que amenazan la transparencia electoral en Colombia. Ha advertido que las autoridades nacionales y organismos internacionales observan con atención este proceso y que quienes participen en actos de corrupción electoral podrían enfrentar graves consecuencias, incluso más allá de nuestras fronteras. El mensaje es claro: llegó la hora de que los delincuentes electorales entiendan que Colombia no está en venta.
Hoy los colombianos acudimos a las urnas para tomar una decisión que marcará el rumbo de la Nación durante los próximos años. No es una elección cualquiera. Está en juego la defensa de la democracia, el respeto por la Constitución y la preservación de las libertades que han permitido construir nuestra República.
Por eso resulta tan grave la compra de votos. Porque no se trata simplemente de una conducta ilegal. Es un ataque directo a la voluntad popular. Es reemplazar la libertad de elegir por el poder del dinero.
Durante décadas, los corruptos han utilizado esta práctica para mantenerse en el poder. Aprovechan las necesidades de la gente, ofrecen favores, mercados o dinero en efectivo y pretenden convertir el voto en una mercancía. Lo que buscan no es ayudar a los ciudadanos. Lo que buscan es comprar obediencia.
Millones de colombianos han encontrado en Abelardo de la Espriella una voz firme en defensa de la institucionalidad, la seguridad, la libertad económica y el orden constitucional. Su crecimiento representa el anhelo de una ciudadanía que quiere recuperar la confianza en las instituciones y cerrar el paso a quienes han convertido la política en un negocio.
Esta reflexión tiene una importancia especial en regiones donde históricamente las maquinarias electorales han intentado influir sobre la voluntad ciudadana. La Costa Caribe, tierra de gente trabajadora, emprendedora y profundamente orgullosa de su identidad, tiene hoy la oportunidad de enviar un mensaje ejemplar a toda Colombia: la dignidad de un pueblo no tiene precio.
Ningún billete vale más que el futuro de nuestros hijos. Ningún favor político vale más que la libertad. Ninguna necesidad momentánea justifica entregar el destino de una Nación.
Hoy cada colombiano tiene un poder inmenso en sus manos. Un poder que no pertenece a los políticos, ni a los partidos, ni a las maquinarias. Pertenece únicamente al ciudadano.
Por eso, antes de marcar el tarjetón, recordemos una verdad sencilla: el voto es la herramienta más poderosa de la democracia y también la más sagrada.
Si vendes tu voto, vendes tu voz.
Si vendes tu voto, vendes tu futuro.
Y si vendes tu voto, vendes la patria.
Víctor Mendoza Zárate

