“UN DÍA ESTRESANTEPARA EL PIMPINERO DE LA ESQUINA”

La moto que llevaba un tiempo guardada ya había agotado hasta la reserva y ese día tenía que hacer unas diligencias por la tarde, entonces salí hasta el patio de la casa a buscar un envase de plástico de los que se guardan luego de tomarse la gaseosa para llegar donde el Mono a comprar la gasolina de la moto, después de buscar en cada rincón del patio no encontré un solo envase y recordé que era jueves y que el camión de la basura había pasado el día anterior, eso me hizo pensar que muy seguramente mi madre había desistido de seguir guardando esos envases.

Pasadas las doce me fui para donde el Mono con la confianza de que me resolvería el asunto del envase y, en efecto me prestó uno de sus contenedores, era uno de esos que miden exactamente un galón, de los que se usan para vender la gasolina, le compré medio galón y recuerdo bien que le pagué dos mil pesos. Aún era temprano y me senté con la intención de conversar hasta que se hicieran las dos de la tarde, pero el Mono tenía de todo menos ganas de conversar, eso lo percibí al instante en el que le pregunté; ¿Cómo anda el negocio? A lo que me respondió ¡ahí!, Sin dar muchas explicaciones mientras miraba una y otra vez hacia ambos lados de la vía, le mencioné insistiendo en mi intención; “hace rato que no veo pasar la caravana de la muerte”, ¡ni pasaran! contestó.

Con la llegada de un Mazda 323 más o menos quince minutos después también llegó la tranquilidad del Mono quien de inmediato cambió el semblante, ya se le notaba más relajado, más contento, menos grosero e incluso demostró interés en charlar conmigo, me dijo; ¡Migue, espérame ahí que ya vengo! cruzó al otro lado de la vía, acordó algo en una corta conversación con el chofer y se devolvió corriendo. No había llegado muy bien a la enramada en donde vendía la gasolina cuando me dijo: ¡mano, menos mal llegó la gasolina ya mañana no tenía con que trabajar! de inmediato entendí a qué se debió su actitud. Su proveedor de combustible no había llegado y estos no se movilizaban en caravanas de treinta o cuarenta carros como antes sino de uno en uno, un claro indicio de que el negocio ya andaba cojo y moribundo.

Esperé a que el Mono y el chofer del Mazda descargaran la gasolina de la caleta. La caleta consistía en una ampliación del tanque de combustible imperceptibles para los policías según ellos, pero en realidad ya todo el mundo lo sabía, por lo que esa ampliación era útil para traer más gasolina y no para ocultarla.

Cuando el Mono y el chofer descargaron la gasolina le comenté; “oiga, la otra vez que venía de la Universidad De La Guajira un amigo me dio un chance desde Fonseca, el amigo venía hablando por teléfono desde que subí al carro hasta que llegamos acá y ni siquiera pudo contestarme el saludo, él trabajaba de mosca, los que preparaban la vía para darle el paso a la caravana, hasta ahí nada fuera de lo común, me sorprendí cuando vi un rollo de billetes de cincuenta que llevaba a un lado de la palanca de cambios, si llevaba cinco millones de pesos era poquito, ese dinero en efectivo ya usted sabe bien para qué era. ¡pa` la ley! ¿pa` quien más? Me expresó con toda seguridad”

“En los tiempos de la bonanza del combustible sin duda alguna circulaba más plata en el departamento. Si se analiza lo que está ocurriendo en Venezuela eso no creo que se repita en un futuro cercano, al igual que antes aún se puede acceder a combustible subsidiado solo presentando un carnet, pero la diferencia es que ahora no están produciendo suficiente e incluso para ellos se hace escaso y, esto se debe a que la importación de aditivos con los que se refina el petróleo están restringidos y no  ingresa la cantidad requerida para conservar el mismo volumen de producción, esto solo significa que el excedente de combustible que antes pasaba de contrabando hacia Colombia ya no pasará, no sé si más adelante se componga la cosa”. Después guardé silencio para que el Mono participara de la conversación, y luego de colocar unas pimpinas en una troja de madera me dijo con voz entrecortada por el esfuerzo; ¡positivo, la cosa no anda muy bien!, “yo viajaba con un amigo a buscar gasolina en un Renault viejo, pero con un motor responsable, lo hice durante poco tiempo, la verdad es que eso me pareció muy peligroso y, más bien decidí poner mi venta para el diario”. Después llegó un cliente buscando gasolina y se dispuso a atenderlo.

Mientras que atendía al cliente, llegó otro y me vine para la casa sin despedirme porque se había ocupado y no era mi intención entorpecer en su trabajo. En el trayecto hacia la casa tenía en la mente los carros viejos pero con motores responsables como el Renault al que se refirió el Mono, esos carros eran bastante comunes y se veían pasar a diario, eran carros a los cuales les arreglaban muy bien el motor pero sin invertirles un peso en pintura porque el objetivo era transportar la gasolina no pasearla, les levantaban la parte trasera con un reforzamiento en el sistema de amortiguación para soportar el peso de las pimpinas y, transitaban a velocidades de entre cien y ciento veinte kilómetros por hora cuando la mosca informaba que la vía estaba despejada de policías, iban uno detrás del otro a no más de cinco metros de distancia y si por algún motivo alguien frenaba lo más probable es que ocurriera un accidente fatal, de ahí el nombre de “caravanas de la muerte” yo adicionalmente pienso que esa actitud demencial debió estar asociada al efecto que les producía la exposición constante a los vapores aromáticos del benceno provocándoles una somnolencia kamikaze. Aunque la actividad que desarrollaban era ilegal resulta peor esperar solidaridad, además en cada viaje ponían en riesgo su vida ganándose cada centavo.

Al final no me di cuenta si con todo lo que le dije al Mono lo devolví a la preocupación de antes porque después se notó inexpresivo y en su fugaz participación de la conversa no hizo un solo gesto que me pudiera indicar algo, de igual manera creo que él, aunque se negase a creerlo ya lo sabía pues lo estaba evidenciando, ya el no vende gasolina en la esquina y el negocio a retornado a las estaciones de servicio en donde se debe hacer colas para comprarla dado que es insuficiente y, el galón paso de costar cuatro o cinco mil pesos a siete u ocho mil pesos. El departamento de La Guajira viene solicitando desde hace mucho la ampliación del cupo de combustible al gobierno nacional mientras que muchos pimpineros como el Mono que abandonaron esa actividad han dejado por ahí algunas enramadas que reflejan la esperanza de que se repita otra bonanza volátil.

MIGUEL ANGEL CORTEZ ORTEGA.

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