YO TAMBIÉN ESTOY PREOCUPADO

Quiénes, cómo hace varios años, le dedicamos gustosamente tiempo a la instalación del Congreso Nacional cada 20 de julio, quizás fuimos está vez con la ilusión y expectativa que íbamos a presenciar el primer acto político coherente con la propuesta que viene liderando el Sr. Presidente Petro, que es de Acuerdo Nacional, de reconciliación, de respeto por las diferencias, de una oposición respetuosa y leal, y además, esperábamos los colombianos madurez política para poder avanzar sinceramente en el cambio que se espera, en el cambio que hemos asimilado, y que se necesita.

Pero, y yo no esperaba ese, pero, no fue así porque después de varias reuniones previas de las bancadas de muchos partidos y movimientos con los agentes políticos del gobierno Petro, no se dieron las cosas el 20 de julio entre congresistas posesionados y en ejercicio ya, sino que actuaron muchos y muchas como activistas y candidatos todavía. Muchos aún no han asumido el rol de congresistas y todo lo que eso implica, sino que se comportaron como portadores de mensajes que confunden y no sé si por fuera de la Ley 5 de 1992.
Fue un espectáculo inusual, y sin ir a calificar desarrollo y contenido, sentimos muchos colombianos que se mandó a la sociedad civil una señal que nos causa preocupación si ese va a ser el talante de las dos cámaras del Congreso Nacional; y si esa actuación la ajustamos a una expresión coloquial que dice “con el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo”, tenemos derecho los colombianos a mantener la desconfianza en el Congreso Nacional.
No es lo que esperamos, no es lo que queremos ahora que se han generado tantas expectativas de que todo va a mejorar.

Ojalá que “ese bochornoso momento” no sea por culpa del resentimiento traducido en “ahora le toca al pueblo”, o por venganza y retaliación con la clase dirigente de los partidos y movimientos tradicionales, o, con el mismo gobierno actual; o por desconocimiento de las normas o novatadas de muchos que se haya dado ese patético show de desorden, saboteo e imposición de “nuevo estilo” de comportamiento en la dinámica legislativa. ¡Por Dios, que no sea así!

Por todo eso yo también estoy preocupado sí para discutir o debatir los proyectos de reforma que va a proponer el nuevo gobierno se tendría que recurrir a la oclocracia, no quiero pensar en la barahúnda que se vivirá permanentemente en el recinto “donde vive la democracia”.

Yo estoy preocupado porque si ese es el mensaje y la muestra de cómo se van a zanjar las desavenencias, significa que nos están echando mentiras al decirnos “que se está dando un proceso de reconciliación en la dirigencia política y gestando una nueva manera para reconocimiento respetuoso de las diferencias”. Por lo visto quiere decir que estamos igual o peor que antes en materia de buenas relaciones y forma para reconstruir el tejido social y político en Colombia. Se necesita verdad verdadera y no fachadas.

El nuestro, un país dónde por muchos años las diferencias o pensar distinto se arreglaba o aún se arregla a tiros, con muertos y masacres; donde un partido de la izquierda política ha sido exterminado como partido quizás por esa razón; un país donde exhibir un liderazgo reivindicativo es colgarse una lápida, no debe tener como punto de partida desde su parlamento manifestaciones que no generen paz y respeto, y eso fue precisamente lo que no se dio el 20 de julio del 2022, en la instalación del primer congreso que acompañará al primer gobierno de izquierda.

Si quiere este congreso propiciar paz política e inclusión, tienen que comenzar a actuar sus miembros cómo honorables parlamentarios y no como muchedumbre sin control; deben comenzar a construir, por ejemplo, entre otras tareas, la manera como se van a atender o a insertar en el accionar legislativo pro gobierno los grupos minoritarios, puesto que si no se le presta atención a eso, actuarán como ruedas sueltas y no demoran esos movimientos en erigirse en partes únicas dentro de un todo que debe estar hilvanado en pensamiento y acción cómo  alternativos, sino, tendremos al final más división, más polarización y más factores de violencia política generados desde el mismo congreso y en el seno de la coalición mayoritaria, por los desacuerdos o luchas de poder.

Colofón: Señores padres de la democracia, el respeto, la decencia, buenas costumbres y consideración son valores que deben llevar cada uno desde sus casas al congreso. A quién no se los hayan sembrado o no los haya cultivado, no podrá exigirlos más adelante, y si vamos a cambiar, comiencen parlamentarios a ser ejemplo, o de no, “apaguen y vámonos”.

Rodrigo Daza Cárdenas

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