En Valledupar, en el emblemático Auditorio Jaime Molina Maestre de la Universidad Popular del Cesar, la academia abrió sus puertas a la tradición y la memoria cultural del país al conferir el título de Doctor Honoris Causa en Música a once grandes maestros del vallenato, artistas que durante décadas han convertido su obra en una expresión viva de la identidad y el alma del Caribe colombiano.
Otorgar un título de Doctor Honoris Causa en Música a un juglar vallenato no es únicamente un acto simbólico ni un homenaje folclórico. Es, ante todo, el reconocimiento académico a una vida dedicada a preservar, enriquecer y transmitir una de las expresiones culturales más importantes de Colombia.
El rector de la UPC, Guillermo Andrés Echavarría Gil, estaba muy contento y emocionado en este sentido homenaje y se expresó de la siguiente manera:
“Hoy graduamos a nuestros juglares, a nuestros compositores, a los guardianes de la memoria de un pueblo; a quienes, a través de su arte, nos enseñaron a reír, sonreír, bailar, enamorar y trascender. El vallenato no se aprende únicamente, el vallenato se hereda. Se siente, se camina bajo el sol, se canta entre alegrías y nostalgias, y ustedes han sido nuestros maestros sin toga”.
Las universidades conceden este tipo de distinciones a personas cuya obra ha generado un impacto extraordinario en la sociedad, aun cuando su conocimiento no haya sido adquirido dentro de las aulas tradicionales. En el caso de los juglares vallenatos, existen razones profundas que justifican plenamente ese reconocimiento.
La ceremonia estuvo presidida por el ministro de Educación, José Daniel Rojas Medellín, quien expresó su satisfacción por acompañar en Valledupar a estas emblemáticas figuras del vallenato y durante su intervención, dijo lo siguiente:
“No es casualidad que hoy estemos en el Auditorio Jaime Molina, que tiene toda una representatividad frente a la expresión vallenata, y que estemos en la Facultad de Artes de la Universidad Popular del Cesar, exaltando la vida artística de unas personas que en cuatro metros cuadrados no podría yo describir la cantidad de talento que emerge de sus corazones, de sus mentes, pero sobre todo de esa lealtad a un folclore que se resiste con resiliencia a los vaivenes de la moda y del mercado”.
Los homenajeados fueron Andrés “El Turco” Gil, Aurelio “Yeyo” Núñez, Camilo Namén Rapalino, Daniel Celedón Orsini, Iván Ovalle Poveda, José Santander Durán Escalona, Marciano Martínez, Rafael Manjarrez Mendoza, Rosendo Romero Ospino, Silvio Brito Medina, e Israel Romero Ospino, “El Pollo Irra”, una de las figuras más representativas del género y homenajeado también en la versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata.
Los juglares vallenatos han sido narradores de la vida del Caribe colombiano. A través de sus canciones han contado historias de amor, tragedias, viajes, conflictos, alegrías y costumbres de los pueblos. Sus composiciones funcionan como verdaderos archivos orales de la región, mucho antes de que existieran redes sociales o medios masivos en las zonas rurales, el juglar era quien llevaba las noticias y las convertía en canto, el vallenato dejó hace tiempo de ser solamente música popular. Hoy es un símbolo de identidad cultural colombiana reconocido incluso por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Estos juglares, compositores, acordeoneros y cantantes que construyeron ese legado ayudaron a proyectar la cultura del Caribe ante el país y el mundo. Su aporte supera el entretenimiento: contribuyeron a consolidar una identidad colectiva.
Muchos juglares nunca pasaron por una formación universitaria formal, pero enseñaron durante décadas mediante la tradición oral. Su conocimiento musical, poético y narrativo ha sido transmitido de generación en generación. Por eso se habla de “maestros sin toga”: hombres que educaron emocional y culturalmente a un pueblo desde las parrandas, las tarimas y las canciones. El Doctor Honoris Causa en Música, también reconoce la excelencia artística. Los juglares vallenatos desarrollaron estilos, estructuras poéticas, formas de interpretación y composiciones que enriquecieron la música colombiana.
Sus letras poseen valor literario; sus melodías, valor artístico; y su permanencia en el tiempo demuestra la trascendencia de su obra. En una época dominada por tendencias pasajeras y mercados cambiantes, muchos de estos artistas defendieron el vallenato tradicional y conservaron sus raíces auténticas. Las universidades valoran ese compromiso con el patrimonio cultural porque entienden que preservar las tradiciones también es una forma de producir conocimiento. Finalmente, el Honoris Causa en Música reconoce trayectorias de vida ejemplares. Muchos juglares surgieron desde la humildad, recorrieron caminos difíciles y lograron convertir su talento en una herencia colectiva para el país. La academia, al honrarlos, envía un mensaje poderoso: el saber popular también tiene dignidad intelectual y merece ocupar un lugar en los espacios universitarios. Porque un juglar vallenato no solo canta. También narra la historia de un pueblo, preserva la memoria cultural y enseña, a través de la música, quiénes somos.
Alcibíades Núñez Manjarres

