EL DISCURSO DEL MIEDO Y LOS INSULTOS REPUDIABLES CON FINES ELECTORALES

“Cuando Pedro Castro fue derrotado decían se cayó un caracolí sus adversarios decían emocionados nosotros deseábamos de verlo así, con los hachazos que le dimos a ese palo no creemos que vuelva a revivir”

Los colombianos hemos conocido los resultados de la elección presidencial del primera vuelta,  por  desenlace unos festejan, otros conscientes de lo que sucedió con tres segundas vueltas anteriores prefieren esperar y tienen razón  porque es un partido de dos tiempos mientras otros  desearían tomarse un veneno, vino a mi mente el aparte transcrito de la Canción Titulada “El Caracolí” de la autoría de Armando Zabaleta Guevara a propósito del triunfo de Pedro Castro Monsalvo después de una dolorosa derrota  en  uno de sus intentos por ser elegido congresista, lo que le  permitió permanecer durante más de  30 años como miembro del Congreso de La República, de esa canción se conocen muchas versiones pero consideramos que la mejor la grabo Poncho Zuleta con el acordeón de Colacho en nel año 1987 en un LP  conmemorativo por los veinte años de su partida homenaje a su memoria por el Banco Ganadero, en aquellos tiempos cuando los homenajes se le hacían a los más útiles a la sociedad y  no a quienes tengan más dinero.

Evidentemente el pueblo democráticamente se ha pronunciado,” ni la intimidación colectiva, ni los insultos ni el miedo pudieron impedir que el pueblo soberano se pronunciara en las urnas como le dio la gana y eso es digno de una celebración entusiasta, si una gran celebración porque el mundo no se acabó ese domingo cívico y testimonial para la sobrevivencia del sistema político colombiano, por el contrario las instituciones están fortalecidas, se evidencio lo que todos sabemos, un país dividido entre razones y pasiones, cada quien dice que el suyo es el mejor, pero gracias a la Divina Providencia todavía por aquí está permitido elegir quien nos debe gobernar o desgobernar según el caso, los pueblos son inteligentes, a veces se acierta otras no, hay buenos y malos perdedores, generalmente se elige al mejor o la mejor aunque hay veces que sucede lo que pasó con las cucarachas, como le tenía rabia a las hormigas, votaron todas por el insecticida, fue elegido y murieron las dos, la avispa llego a dar el pésame y también cayo..

Lo que no ha estado bien es que  esta campaña electoral, inédita para estos ojos y mis oídos que habrán de comerse los gusanos de Mongui, se ha caracterizado por la agresividad de la mayoría de sus actores, olvidaron que están llamados a dar ejemplo a las nuevas generaciones, cuando todos esperábamos discursos con propuestas consensuadas, sesudas, responsables y formadoras de opinión, lo que se ha visto es gritería con calumnias, difamación, ofensas, madrazos y falsas imputaciones de unos para dañar a otros lo cual resulta por lo menos vergonzoso, ¿Cómo explicarle esa vaina a nuestros muchachos? Imposible, y pensar que ellos son una esponja que se nutre de las porquerías que están escuchando.

Ahora a falta de argumentos se acude al expediente del maniqueísmo, las cosas son buenas hacerlas  si las hago yo, pero si las hace el otro eso es inmoral, impresentable, connivencia con el delito y digno de la pena de muerte, no se intenta convencer al electorado sino de manipularlo, acobardarlo y para todo el que piensa diferente se le insulta y se le imputa la comisión de delitos que nunca han cometido, eso ha tirado por el piso la política, eso es otra cosa, se volvió una recocha donde los violadores de la ley  son elevados a la condición de ídolos y la discreción se castiga con la indiferencia o con la lápida.

El verdadero peligro para la democracia colombiana no está el  indiscutible avance que han tenido en los últimos años las fuerzas alternativas  ante el marchitamiento  de los partidos tradicionales que han quedado convertidos en microempresas familiares, simples franquicias expendedoras de avales a cambio de canonjías burocráticas, el verdadero peligro está en el maquiavelismo malabarista de muchos de los que como afiebrado gitano en noche de luna llena se auto proclaman como Mesías y dicen que sin el perrero en su mano se disolverá La Republica de Colombia, paja es una forma de engañar a los pendejos porque saben que el valor civil de las personas llega hasta donde llega el instituto de conservación .

La situación esta tan delicada que ya en las elecciones presidenciales, para las legislativas y de alcaldes y Gobernadores ya el fin buscado para llegar a esas dignidades no es ganar con el voto popular, en las urnas, sino eliminando a quienes les hagan competencia, recordándonos los peores tiempos del fin de los años ochenta pero esta vez con menos candidatos muertos, lo que sobra es quien le eche gasolina al fuego, y el problema es que con eso no solo se quemaran en caso del incendio del país ellos solos sino que aplica lo que decía mi abuelo que “Lo bueno es para su dueño, pero de lo malo toca todo el mundo”.

Hay que hacer un llamado a la reflexión, y consideramos pertinente  que el nuevo Congreso de La República -Porque el que termina quedo en deuda-  de entrada asuma sus competencias a plenitud  para la reforma profunda a la administración de Justicia para garantizar el equilibrio de ramas del Poder Público, el punto de partida es el cambio total en el procedimiento para la elección de los miembros de la Corte Constitucional, La Corte Suprema de Justicia, El Consejo de Estado, del Consejo Superior de Disciplina Judicial y el Consejo Nacional Electoral, que se elijan para periodos de cinco años, ni tanto que queme al santo ni tampoco que no lo alumbre, eso les hace autónomos, independientes, imparciales y más transparentes, esos cargos no se pueden seguir ocupando por personas que allí llegan por cooptación ni por politiquería, eso hizo crisis,  deben llegar allí por méritos a través de concurso público, abierto y organizado por una Universidad Publica respetada y respetable, es la única forma de garantizar su independencia, y el “Perfecto equilibrio” del que hablaba Eduardo Couture entre el Derecho y la justicia, solo así se acaban las roscas, las manipulaciones procesales, los carteles y más nunca se volverán a tomar decisiones disimiles sobre el mismo asunto dependiendo del marrano o quien lo representa.

Estamos a tiempo de hacer prevalecer la fuerza de los argumentos sobre el argumento de la fuerza, la soberanía de La Nación radica en el pueblo, y este, soberano y sin interferencias necias debe ser actor de las futuras transformaciones que requiere el Estado para que funcione, y este como lo ordena el artículo 2° constitucional al servicio de todas las personas y no de unas pocas familias privilegiadas, o de ciertos sectores que violan sus derechos a la gente más vulnerable del país, ya se demostró que esos cambios le quedaron grandes a sucesivos  legislativos, entonces l es la oportunidad para que la Cámara alta y la Baja recuperen su importancia, para eso fueron elegidos.

En estos días de reflexión introspectiva decimos, ¡cuánta falta le hacen a la política los políticos como Evaristo mi padre que servían al pueblo, no se servían de la gente!!

 

Luis Eduardo Acosta Medina

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