“Una mano cobarde, mancho unos versos con sangre quito la vida a un poeta”
Para empezar vino a mi mente el aparte transcrito de la canción elegía titulada “Voz de acordeones” de la autoría de Tomas Darío Gutiérrez a la memoria de Octavio Daza con la cual ganó el concurso de la canción inédita en el Festival Vallenato en el año 1980, su letra pone de presente nuestra estupefacción ante lo brutal de las sentidas ausencias de buenos seres humanos que durante su vida, entregaron lo mejor de sí para alegrar los corazones ajenos, esa canción fue incluida por Israel y Rafael “El Binomio de Oro” en el LP “Clase Aparte” que salió en la misma anualidad.
Por considerar que se trataba de un acto de justicia acepte participar, y así lo hice en el Conversatorio realizado el 12 de junio reciente pasado sobre La Vida y la obra del gran acordeonero Ender Alvarado Varela quien inmerecidamente partió de este mundo a la presencia de Dios el 17 del mes de mayo de 1982 cuando apenas había cumplido sus primeros 27 años de circulación por este mundo, ese acontecimiento fatal sucedió como consecuencia de un acto de arbitrariedad por parte unos miembros de la fuerza pública.
Tuvo Carlos Díaz Director de la Fundación “Sendero de acordeones” en buena hora la iniciativa de realizar ese conversatorio, con las uñas, pero con el oportuno auxilio de La Casa del Libro Total que puso a su disposición su auditorio en la ciudad de Riohacha, allí nos encontramos, fue un encuentro de amigos de la música, de Ender y de su familia, allí se hizo un repaso de su huella indeleble en su paso por este mundo, se recordaron detalles anecdóticos y vivencias musicales que marcaron una época maravillosa musicalmente pero violenta y de inversión de valores en lo socioeconómico.
Antes de partir Ender nos dejó su ejemplo de disciplina en su comportamiento personal y en la forma de tocar, y le sobrevive y sonaran para siempre de su proyecto musical con Toby Muragas “Los sorprendentes” dos trabajos discográficos antológicos, “Los sorprendentes” de 1980 y “Seguimos firmes” 1981, no alcanzó a grabar el tercer LP, quedaron canciones que son recurrentes todavía en la Radio y también muy reproducidas en plataformas digitales, en esos discos de Larga duración hay letras, buenas voces y un derroche de Acordeón a la medida de las circunstancias en aquel momento cuando él y Héctor Zuleta tenían una sana competencia como digitadores y exponentes de renovados arpegios en sus interludios, estaban en el momento fatal, en la cresta de la ola de su popularidad.
Endert Alvarado “El alegre Puntero” lo dijimos alguna vez en una de nuestras crónicas publicadas fue una de víctimas de las tragedias que en tres décadas y años terminados en dos han estremecieron a la música más importante de Colombia, recordamos los casos de Freddy Molina, Héctor Zuleta, Ender Alvarado y Rafael Orozco, han sido muertes que han tenido y tienen unas consecuencias mayúsculas para la música vallenata, sus consecuencias han sido fatales porque con Freddy Molina se puso fin a un estilo que combinaba lo citadino con lo natural, lo pueblerino con la civilización de las delicadas letras y se truncó una carrera fulgurante como compositor apreciado y respetado.
Igual sucedió con la partida de Héctor el menor de los hijos de Carmen y Emiliano, con él se perdió esa dulce competencia que se estaba desplegando entre quienes deleitaban al público para ver quién era el mejor con el acordeón al pecho, entre jóvenes que surgieron como la esperanza para el relevo de quienes se fueran cansando en el camino, era un músico completo, tocaba, cantaba, improvisaba y componía, ahora tenemos muchos acordeoneros jóvenes, que tocan bien pero no protagonizan.
La tapa de esta negra cajeta llegó iniciando la década de los novena, en 1992 con el asesinato nunca bien lamentado de Rafael Orozco y con Rafael Orozco el vallenato termino perdiendo el caché, la disciplina y mucho decoro, con los balazos disparados por los criminales aquella noche aciaga, no solo se puso fin a su vida terrenal, sino que se causó una herida directa al corazón del vallenato cuyas consecuencias se sientes aun, sabemos que si el estuviera muchas cosas no estuvieran pasando, esto después que él le imprimió caché, organización, presencia en escena, otra forma de vernos en el exterior ha caído en la informalidad, la invisibilización de un compañero de fórmula al otro y muchas locuras impresentables.
Desgraciadamente no hubo continuidad para el proyecto musical, se frustró aquélla carrera exitosa que ya ascendía por el espiral sin fin de los extensos catálogos, los sueños de Ender de ser grande entre los grandes ya comenzaban a ser primacía de su realidad, merecida además porque nada le salió gratuito, había dado sus primeros pasos con su agrupación de muchachos “Los alegres punteros” tuvo muy cerca de grabar su primer trabajo con Vladimiro Freyle, Dios y Lenin Bueno Suarez Q.E.P.D. decidieron que lo hiciera con Toby y todos sabemos lo que sucedió.
El evento que se realizó para recordarlo no fue un conversatorio cualquiera, considero que es un acto de justicia con quien no merecía morir, con quien tenía mucho más que darle a la música vallenata y a su familia; y hay sigo pensando que si quienes lo asesinaron hubieran pensado un segundo en las consecuencias de su accionar ofensivo ante los ojos del altísimo nunca le hubieran arrebatado la vida.
Ojalá que en el inmediato futuro algunos de los organizadores de Festivales se acuerden del Sorprendente acordeonero, el más exitoso de los nacidos en la jurisdicción de Riohacha y el norte de La Guajira.
Luis Eduardo Acosta Medina

